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 Expertos

Thomas E. Cronin

Maestría y Doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford
Especialista en ciencias políticas
Director de la Blue Mountain Land Trust, la Downtown Walla Walla Foundation y la National Association of Independent Colleges and Universities
Autor o editor de 10 libros sobre el gobierno norteamericano y la política pública
Ha sido presidente de CRC, Inc., desde 1981, especializándose en política pública y asuntos de liderazgo
Desde 1993, el Dr. Cronin se ha desempeñado en puesto en la Cátedra McHugh de Instituciones y Liderazgo Norteamericano en el Colorado College en Colorado Springs

Aprender y pensar sobre liderazgo


Introducción

El Liderazgo es uno de los temas más ampliamente comentados y al mismo tiempo es uno de los más elusivos y enigmáticos. Los estadounidenses a menudo desean un liderazgo extraordinario para sus comunidades, compañías, fuerzas militares, sindicatos, universidades, equipos deportivos y para la nación. No obstante, tenemos casi una ambivalencia amor-odio sobre las personas que ejercen el poder. Nos disgustan en especial todas las personas que tratan de darnos órdenes. Sí, admiramos a Washington y Churchill, pero Hitler y Al Capone también eran líderes —y eso apunta a un problema fundamental. El liderazgo se puede ejercer al servicio de fines nobles, liberadores y enriquecedores, pero también puede servir para manipular, engañar y reprimir.

“Uno de los deseos más universales de nuestro tiempo” escribe James MacGregor Burns, “es un hambre de liderazgo apremiante y creador” No obstante, ¿qué es exactamente un liderazgo creador? En un chiste del Wall Street Journal había dos hombres hablando sobre liderazgo. Al final, uno se dirigió al otro de forma irritada y dijo: “Sí, necesitamos liderazgo, pero también necesitamos que alguien nos diga qué hacer”. Es decir, la mayor parte del tiempo el liderazgo para la mayoría de las personas es algo bastante nebuloso, distante e incluso una abstracción confusa. De ahí que, pensar o definir el liderazgo es una clase de reto de liderazgo intelectual en sí mismo.

A continuación mencionamos algunas ideas sobre liderazgo y educación para el liderazgo. Estos pensamientos e ideas son muy personales y apenas científicos. Como sugeriré abajo, casi todo sobre lo que se puede decir sobre liderazgo puede contradecirse con contraejemplos. Además, todo el tema está lleno de paradojas. Mis ideas de aquí son producto de mis estudios de liderazgo político y de mi propia participación en política desde un nivel municipal hasta el nivel de personal de la Casa Blanca. Algunas de mis ideas vienen de aconsejar a universidades y fundaciones y del Foro de Liderazgo de EUA con sede en Houston sobre cómo estimular el desarrollo del liderazgo. Por último, mis ideas también se han visto influidas de diversas maneras por numerosas conversaciones con cinco escritores especialmente perspicaces sobre el liderazgo— Warren Bennis, James MacGregor Burns, David Campbell, Harlan Cleveland y John W. Gardner.

Cómo enseñar liderazgo

¿Podemos enseñar a las personas a que sean líderes? ¿Podemos enseñar liderazgo? Las personas están divididas ante estas preguntas. Mucha gente creía que los “líderes nacen y no se hacen”. Pero esa opinión es menos común hoy en día. También estábamos acostumbrados a oír hablar de “líderes naturales” pero ahora la mayoría de los líderes han aprendido su capacidad de liderazgo en vez de heredarla. Aún así, todavía hay mucho misterio sobre todo este asunto. En cualquier caso, muchas personas creen que las universidades no deben tratar el tema. Lo que sigue es un conjunto de razones por las que nuestras instituciones educativas superiores generalmente son “tímidas acerca de la enseñanza del liderazgo”. Estas razones pueden exagerar el caso, pero son las objeciones que a menudo tienen las personas serias.

En primer lugar, muchas personas siguen creyendo que los líderes nacen y no se hacen. También creen que el liderazgo es algo casi accidental o al menos que la mayoría de los líderes emergen de circunstancias y que normalmente no las crean. En cualquier caso, se suele añadir que la mayoría de las personas, la mayoría de las veces, no son líderes ahora ni nunca lo serán.

En segundo lugar, los valores culturales estadounidenses mantienen que el liderazgo es un fenómeno elitista y por ello antiestadounidense. Platón y Maquiavelo, y otros grandes teóricos podrían instar a sus contemporáneos a que seleccionaran y adiestraran a unos pocos para funciones de liderazgo superiores. Pero esto va en contra de la mentalidad estadounidense. Nos gusta pensar que aquí cualquiera puede ser un líder superior. Por lo tanto, no se debe adiestrar de forma especial a unas pocas personas seleccionadas.

En tercer lugar, está la queja de que sería más que probable que el adiestramiento de liderazgo se preocupara de destrezas, técnicas y de los medios para conseguir que se hagan las cosas. Pero. ¿liderazgo para qué? ¿Liderazgo al servicio de qué fines? Concentrarse en medios separados de los fines hace que las personas —especialmente los intelectuales— se incomoden con facilidad. No desean adiestrar a futuros líderes como Joe McCarthy o Hitler o Idi Amin.

En cuarto lugar, el estudio del liderazgo les parece a muchos que es un tema explícitamente vocacional. Es un asunto práctico y aplicado —que se aprende mejor en trabajos de verano, trabajos de becarios o campos de juego. Se aprende en el trabajo. Se aprende a base de experiencia, de cometer errores y de aprender de ellos. Debe aprenderlo de los mentores.

En quinto lugar, el liderazgo contiene a menudo un elemento de manipulación o desviación, incluso de crueldad. Algunos consideran que es prácticamente igual que aprender acerca de la supervivencia en la jungla o adquirir “el instinto asesino”. No es un asunto suficientemente “limpio” para que muchas personas lo adopten. Además, “líderes” como Stalin y Hitler dieron al “liderazgo” una mala fama. Si fueron líderes, que nos libren de sus dobles o imitadores.

En sexto lugar, el liderazgo en el sentido más robusto del término es un tema tan ecuménico e intelectualmente tan abarcador que no solo asusta a los tímidos sino también a las personas más educadas. Enseñar liderazgo es un acto de arrogancia. Es decir, es sugerir que se entiende mucho más que incluso lo que pueda entender una persona bien instruida —historia, ética, filosofía, los clásicos, política, biografía, sicología, administración, sociología, ley, etc. . . . y que esté bien sumergida en el “mundo real”.

En séptimo lugar, las universidades cada vez están más organizadas en divisiones y departamentos muy especializados dedicados todos ellos a adiestrar a especialistas. Mientras que la misión de la universidad es educar a la “persona educada” y los futuros líderes de la sociedad, de hecho el sistema de incentivos está dedicado a adiestrar a especialistas. La sociedad recompensa hoy al experto o al superespecialista —los procesadores de datos, los pilotos, el experto financiero, el cardiólogo, los jugadores especializados, y así sucesivamente. No obstante, los líderes tienen que aprender a ser generalistas y normalmente les tiene que ir bien después de graduarse de nuestras universidades, escuelas de posgraduados y escuelas profesionales.

En octavo lugar, el liderazgo les parece a muchas personas (y con cierta justificación) que es algo elusivo, nebuloso y casi misterioso. Ahora sí se ve, ahora no se ve. Gran parte del liderazgo es intangible, no es posible definir todas las partes. Una persona puede ser un líder extraordinario aquí, pero fallar allí. Se ha demostrado que la teoría de los rasgos es completamente falsa. De hecho, el liderazgo depende en gran medida de la situación y del contexto. Se desarrolla una relación especial entre líderes y subordinados, y normalmente es específica del contexto. Los subordinados a menudo hacen más para determinar el liderazgo que tendrán que lo que pueda hacer cualquier líder. Así pues, por qué no enseñar a la gente a ser esencialmente brillante y bien leída y dejar que las cosas sigan su curso natural.

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Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Air & Space Power Journal
Fecha: 2015

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