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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Tomás Gil Márquez

Doctor en Derecho por la Universidad de Barcelona
Inspector Jefe de la Policía Local de Sant Adriá de Besós.

Profesor asociado de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Profesor de Deontología profesional y de Derechos Humanos en la Escuela de Policía de Catalunya.

La Cultura de la Seguridad y Defensa y los Valores Cívicos-Patrióticos


Siguiendo a Terán Elices  creo que es correcto incluir a la sociedad civil como actor en el campo de la seguridad, esta se ha convertido en un actor internacional cuyas actuaciones pueden ser complementarias o alternativas a la acción gubernamental.

En estos momentos el Estado no puede reducirse a la visión de Marx Weber como el sujeto que monopoliza en un territorio el ejercicio de la violencia legítima ni este se circunscribe a la defensa exterior frente al enemigo. El Estado se ha transformado bajo la concepción de Heller dotándose de un carácter transformador, y en esa línea se manifiesta nuestra Constitución en su art. 9

El escenario de principios del siglo XX en Europa se transformó en la 2ª mitad del siglo XX como consecuencia de la recuperación de las libertades en Europa Occidental, culminándose  ese proceso con la incorporación de Portugal y España, en el primer caso como consecuencia de una intervención militar y en el segundo debido a la muerte del General Franco y el inicio del proceso de transformación democrática, la transición política española.

Aquel mundo condicionado por la división en los dos bloques, la Europa libre y el Telón de Acero, mantuvieron un statu quo, la Guerra Fría, que originaba temor pero a la vez, cierto orden internacional. Todo este escenario quiebra con la caída de la Unión Soviética. Recordemos las reflexiones de Alain Minc en su obra La nueva Edad Media cuando se pregunta ¿Qué efectos acarreo la caída del comunismo? y responde “Al hundir a varios Estados, favoreció la resurrección de las zonas grises; al proporcionar al mercado un campo de expansión sin  la menos limitación, atenuó el alcance de los contrapesos que décadas de capitalismo civilizado habían terminado por imponer. El orden retrocede y, con él, el derecho, la moral y los principios sobre los que se edificaron nuestras sociedades desde la Revolución. El hundimiento del marxismo más arcaico, es decir de una concepción frustrada y exclusivamente materialista no se produce sin daños colaterales, que dirían los peritos de una seguradora”.

La nueva situación, quizás, no ha propiciado la anhelada felicidad: los conflictos territoriales en la ex Yugoslavia y en las antiguas Repúblicas Soviéticas ( leamos El fin del Homo sovieticus de Svetlana Aleksiévich), centro África y las denominadas primaveras árabes, han venido a dibujar un escenario de desorden y violencia extrema que nunca habían sido pronosticadas por aquellos, que guiados por el buenísimo de vuelo gallináceo, tropezaron con la etapa de violencia y descomposición del último tercio del siglo XX. 

En la misma línea argumental se sitúa Enric Hobsawn en su obra Guerra y paz en el siglo XXI cuando manifiesta

 “La desintegración de la URSSS y de los regímenes comunistas en Europa no hizo sino acrecentar esta inestabilidad. Las tendencias separatistas de toda índole que ya se han manifestado en estados-nación consolidados, como Gran Bretaña, España, Bélgica o Italia, podrían incluso acentuarse. También se ha multiplicado la cifra de actores que operan en la escena internacional. En esta situación, no debe sorprendernos que las guerras transfronterizas y las intervenciones armadas hayan aumentado desde que acabara la guerra fría”.

En nuestros días los actores de la seguridad ya no son los bloques, el mundo actual, desorientado, asiste atónito a los conflictos asimétricos, locales, interreligiosos y a una globalización del miedo.

Ya no sólo la Policía está alerta, los ejércitos patrullan por las calles de la vieja Europa y sin embargo, no existe un ejército enemigo. La nueva situación devenida no es el viejo conflicto entre la defensa de la Nación y el enemigo exterior, por causas del  expansionismo territorial o el control sobre la economía o las fuentes de riqueza. Lo que ahora está en juego es el orden civilizatorio, amenazado por aquellos que lo quieren sustituir por la barbarie.

Las previsiones de Eric HOBSBAWM no fueron alentadores al afirmar ”Podemos aventurarnos a esbozar aquí una previsión: en el siglo XXI, la guerra no será tan sangrienta como lo fue en el siglo XX, pero la violencia armada, que dará  lugar a un grado de sufrimiento y a unas pérdidas desproporcionadas, continuará omnipresente y será un mal endémico, y epidémico por momentos, en gran parte del mundo. Queda lejos la idea de un siglo de paz.”

Es, el actual, un tiempo de sacrificios individuales y colectivos, poder sobrellevarlos dependerá de que la ciudadanía sea responsable y haga gala de valores como el sacrifico, la solidaridad y el patriotismo constitucional. La opinión pública, que no la opinión publicada, no puede devenir por parte de algunos en un elemento obstaculizador de aquellos que, con sacrifico, entrega y valor, cumplen con su mandato constitucional de proveernos de seguridad y hacer frente al cumplimiento de los compromisos internacionales contraídos por España: nuestras Fuerzas Armadas.

Exigir la salida de la OTAN, de la Unión Europea o propiciar en su programa político la obediencia de las Fuerzas Armadas a los principios ideológicos del Gobierno, principios, estos, que preconiza la izquierda radical en España, son contrarios a los cumplimientos de nuestros compromisos éticos y políticos con el mundo civilizado del que formamos parte, la Unión Europea y la OTAN, y radicalmente distinto a lo establecido en el artículo 97 de nuestro texto constitucional. En consecuencia, debemos trabajar, más y mejor, en favor de la cultura de la seguridad y la defensa y los valores cívicos-patrióticos, porque sin Patria no puede haber valores, los valores patrióticos, los de la Nación.

Esto nos preocupa y nos ocupa a muchos de nosotros, que hoy nos reafirmamos en no tener ningún complejo en proclamar nuestro patriotismo constitucional y nuestro amor a España, Patria común e indivisible de todos los españoles.

Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Tomás Gil Márquez
Fecha: 2016-11-03

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