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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Verónica Domínguez Donaire

Licenciada en Ciencias Políticas por la UCM


Las misiones internacionales de las Fuerzas Armadas y su impacto en las familias


 

Artículo cedido por la  Revista:

 


INTRODUCCIÓN

Desde el año 1989 en el que España comenzó a participar en misiones internacionales, aproximadamente 140.000 militares, incluyendo aquellos que han realizado más de una misión, han dejado a sus familias por un tiempo para prestar servicio en esas operaciones. El número de despliegues ha ido en aumento desde entonces en función de las necesidades y compromisos internacionales de España. Esto ha supuesto cambios importantes en la estructura de las Fuerzas Armadas que en su inicio no tuvieron en cuenta el apoyo a las familias de los militares desplegados. Los militares constituyen un grupo de hombres y mujeres, con una gran formación y preparación técnica, vocación de servicio, resistencia física y psicológica y capaces de soportar situaciones de tensión o desestabilización emocional, derivadas de las características propias de la profesión militar. Por mencionar algunas, mudanzas frecuentes, cambios de destino por ascenso o por tiempo máximo, servicios, maniobras, ejercicios, cursos de especialización y de ascenso y, en especial, operaciones internacionales. Todas estas situaciones las viven los militares y también sus familias que tienen como denominador común la lejanía de la familia.

Algunos estudios muestran que niños de familias de militares experimentan algún problema psicológico en su crecimiento. Las operaciones exteriores y, en general los factores citados de la vida militar, pueden ser una fuente de estrés psicológico para los niños, teniendo en cuenta además la posibilidad de que su padre, o su madre, caiga herido o lo que es peor fallecido en operaciones o servicio, y esa posibilidad vive con las familias de los militares desplegados.

El hijo de militar padece gran número de cambios de domicilio, de ciudad, de colegio o incluso de país, lo que implica falta de un grupo estable de amigos de referencia y de lazos familiares, tan importantes en la infancia y adolescencia. La necesidad de adaptarse a nuevos colegios, nuevos amigos, nueva lengua, esta última adaptación también se encuentra dentro de España con destinos en comunidades autónomas con enseñanza oficial en lenguas co-oficiales.

A esto hay que añadir que algunos cambios de destino se dan a mitad del curso escolar, lo que afecta aún más la estabilidad familiar, a los hijos, a la pareja y por supuesto, al militar, que busca en primer lugar la felicidad de su familia y que por ello podría repercutir en su estado de ánimo y en su trabajo.

Si la mayoría de los factores indicados afectan a la familia, sin duda, el mayor de los retos para la familia de un militar es la participación de uno o los dos progenitores en misiones internacionales en zonas potencialmente hostiles. Los más pequeños padecen la ausencia de sus padres, a los hijos mayores se les une además la tensión de saber que existe la posibilidad de que su padre o su madre pueda morir al estar desplegado en zona de combate, riesgo que no tiene casi ninguna otra profesión.

Para el progenitor que se queda atrás (generalmente la madre) el aumento de las responsabilidades familiares, el aislamiento y el temor por la seguridad de su cónyuge suele causar ansiedad, soledad, tristeza y sensación de agobio.

LAS FAMILIAS Y LAS MISIONES

Un estudio elaborado en EEUU en 20111, da como resultado que el 17% de los niños tratados en ese estudio fueron diagnosticados con algún trastorno de salud mental, entre los que se encuentran la depresión, problemas de conducta, ansiedad, estrés y trastornos del sueño; síntomas todos ellos que aumentaron a medida que el padre desplegado estaba más tiempo fuera.

Contrariamente a lo que pueda parecer, los más afectados son los menores de 6 años, fruto de la importancia que para ellos tiene el cariño, el apego y la estabilidad familiar, pero también las normas y los límites. Según la Asociación Americana de Pediatría, los estudios citados han indicado que la duración del despliegue ha sido asociada con trastornos mentales que incluyen la depresión, los comportamientos violentos o estallidos emotivos. No obstante, considerar como máximo 2 niños afectados de cada 10 no es muy significativo, salvo para la familia que lo sufre naturalmente. Además, es necesario tener en cuenta la edad del niño y el tiempo de despliegue y que muchos de los padres no identifican los cambios producidos en el carácter de su hijo como consecuencia de su despliegue, por tanto, no le dan el tratamiento preventivo adecuado.

Los pequeños son los que más cuidados necesitan y en las Fuerzas Armadas estadounidenses, conscientes de ello, disponen de un sistema de protección y ayuda a la familia del militar desplegado que contribuye enormemente a sobrellevar la ausencia del padre / madre. Antes, durante y después de la misión, los padres que se quedan atrás están acompañados no solo por familiares, sino por asociaciones, comunidades de vecinos, profesorado, personal militar de su unidad, psicólogos, etc. Además, aquellos que viven en bases militares están aún más acompañados y arropados, mientras que el resto se enfrenta a retos adicionales al vivir fuera de la base. De hecho, otro estudio estadounidense2 llegó a la conclusión de que, aquellos que tenían apoyo de la comunidad militar, mitigaron notablemente el estrés tanto de los niños como del cónyuge durante los períodos del despliegue.

EL APOYO A LAS FAMILIAS

En España la ayuda para las familias es aún escasa comparada con la de otros países y a menudo desconocida incluso dentro del mundo militar. No obstante, en el Ejército de Tierra se dispone, desde hace algún tiempo, de una estructura bastante desarrollada desde la Dirección de Apoyo al Personal (DIAPER) hasta las mismas unidades, contando con apoyo psicológico.

En las conferencias divulgativas a los familiares, antes del despliegue, se les proporciona un tríptico con información práctica sobre qué va a hacer su familiar una vez desplegado en la zona de operaciones, qué reacciones pueden tener los hijos ante la marcha de su padre / madre en función de su edad, teléfonos a los que poder acudir, etc. El problema es que el tríptico se queda demasiado corto para enfrentarse a la situación, es muy breve y no es suficiente para ayudar en todas las situaciones que se puedan dar.

A pesar de los teléfonos, personas de contacto e información proporcionada, fuentes del Ejército de Tierra indican que hay un escaso porcentaje de personas que acuden a esos servicios, apenas un 5% del total3 y curiosamente no son familias, sino otros militares. La pregunta es, ¿por qué no se utiliza el apoyo psicológico puesto a disposición de los militares desplegados y también de sus familiares? Quizá por desconocimiento de su existencia por las familias o por la escasa información que se les ofrece cuando sus familiares van a ser desplegados, o quizá por la «falta de costumbre» de las familias de solicitar información y ayuda al Ejército. La DIAPER ha puesto muy recientemente a disposición de los usuarios aplicaciones en internet para ofrecer estos y otros servicios. Algo parece que se está mejorando.

No obstante, esta «falta de costumbre» puede venir también del papel que el entorno familiar de los militares asume al comprender que, una misión internacional es una parte esencial del trabajo del militar y es derivada de esta profesión de vocación de servicio y sacrificio por los demás. En consecuencia, la familia tiene que aceptar y sobrellevar las consecuencias de esa profesión que ha elegido uno de los progenitores, pero sin estar preparada para poder asumir las consecuencias psicológicas que las continuas separaciones entrañan para alguno de los miembros de la familia.

Así, en uno de los acuartelamientos consultados donde más misiones internacionales se han realizado en diez años de operaciones, solo un civil ha acudido al servicio de psicología y ninguno de los militares desplegados en Irak, por ejemplo, pidió su consejo o su ayuda tras regresar de la misión. La mayoría de los pocos que asisten a ese servicio, lo hacen por indicación de sus jefes al apreciar anomalías en su comportamiento.

LA OPINIÓN DE LOS MILITARES Y SUS FAMILIAS

He llevado a cabo una pequeña muestra o sondeo, sin base científica, mediante la elaboración de setenta encuestas hechas a militares de ambos sexos y a sus familias. En ella, se les preguntaba por el comportamiento de sus hijos antes, durante y después de la misión. Los resultados obtenidos muestran que existe un problema grave en las familias, que hay que resolver, pero antes hay que detectarlo, evaluarlo, comprenderlo y el Ejército tiene medios en la Subdirección de Asistencia Técnica para hacerlo.

Afortunadamente, en España las rotaciones de contingentes en las misiones no suelen ser superiores a 6 meses, aunque bien es cierto que en ocasiones, la misma persona vuelve a ser desplegado en 12 meses o en algunos casos en menos. No obstante se ha comprobado que «seis meses continuados» fuera de casa hacen más difíciles las relaciones en la familia durante y después de la misión. En esa pequeña muestra consultada se dan casos de niños cuyo comportamiento empeora e incluso rechaza a cualquiera que se queda para cuidar de él. Niños de hasta 2 años pierden la posibilidad de asentar el necesario apego que se da en esta etapa inicial del crecimiento; niños entre 4 y 8 años empeoran su comportamiento, se rebelan ante las normas o empeoran en los estudios. Algunos de ellos, rechazan incluso hablar telefónicamente o a través de las videoconferencias, que ofrecen las nuevas tecnologías, con su padre desplegado. La frustración por ello se reflejará inevitablemente en su trabajo, de una u otra manera. Por último, adolescentes y preadolescentes, ofrecen comportamientos variables, que se unen a los propios de su edad, como rechazo, intromisión, frialdad, rebeldía.

En cualquier caso, este sondeo demuestra que existe un problema en las familias de los militares desplegados con el que tiene que lidiar la persona que se queda en casa mientras el despliegue. Seis largos meses que pondrán a prueba la paciencia, la constancia, la perseverancia y la resiliencia de la familia que se queda, así como la serenidad del que se va, ante la imposibilidad de poder ayudar.

MISIONES LARGAS, DESCANSO IMPRESCINDIBLE

Cuando España comenzó su andadura en la participación de misiones internacionales hace 25 años, se establecieron una serie de permisos a mitad de misión, con regreso a territorio nacional, que ayudaron enormemente a la estabilidad psicológica tanto de los militares como de sus familias. Sin embargo, a partir del 2009 se amplió de 4 a 6 meses la duración de la rotación y se suprimió el permiso de mitad de misión, trasladándolo a después del regreso. Ese cambio empezó a producir efectos negativos en las familias.

Los permisos a mitad de misión fueron eliminados, al parecer, porque se consideraba que esas rotaciones de permiso, iban en contra de la eficacia operativa, del cumplimiento de la misión y de la contención en los costes. Sin embargo, para el servicio de psicología fue sin duda un gran retroceso porque parece necesario, para un militar desplegado en misión internacional, una pausa que le ayude a desconectar de la tensión a la que está sometido en el desarrollo de sus cometidos en zonas potencialmente hostiles.

Estos permisos suponen una alegría tanto para los militares como para las familias y, a pesar de que después deben volver a la zona de operaciones, con la consiguiente repercusión psicológica y anímica para ambas partes, son mayores los beneficios que los perjuicios. Desde el Servicio de Psicología del Ejército de Tierra llevan años trabajando sobre este tema ante los datos que muestra el aumento del número de divorcios, aumento de casos de militares con estrés posttraumático, hijos con problemas psicológicos, bajas por cuestiones psiquiátricas.

Los contingentes del Ejército americano, tras estar entre nueve meses, un año o más de misión, se encuentran con un elevado porcentaje de casos de estrés post-traumático, divorcios, suicidios, etc… Si esta situación podría replicarse en España, deberíamos evitarlo o mitigarlo.

Según dicen en el Ejército, la opción de despliegue corto tiene el inconveniente de que no es eficaz al reducirse los cuatro meses desplegados en zona, si descontamos la semana de despliegue y adaptación y la de preparación del repliegue que además es por fases, lo que hace que los primeros en replegarse no estén ni los cuatro meses. Mucho esfuerzo y sacrificio para conseguir pocos resultados operativos y esa situación se repite rotación tras rotación. Es la eficacia operativa la que prima en esta situación.

Pero además de los seis meses de despliegue hay que recordar que los militares antes de irse a zona de operaciones, hacen otros seis meses de intenso adiestramiento específico, más un mes de concentración de todo el contingente en un ejercicio de certificación y cohesión y en algunos casos cursos informativos. Esta preparación les faculta para actuar con eficacia desde el mismo momento en que llegan a zona y, por tanto, sacar todo el rendimiento a la misión aumentando la confianza en sí mismos y en la unidad, pero ese tiempo de adiestramiento previo lejos de casa hay que añadirlo a los meses de misión. De nuevo la familia sufre las consecuencias de la fase de preparación.

Supongo que mover de manera rotatoria todo un contingente cada cuatro meses supone un mayor esfuerzo logístico. Pero, ¿acaso no es básico también para el funcionamiento y desarrollo óptimo de la misión, la estabilidad psicológica y emocional del militar? Los militares son hombres y mujeres que desarrollan una extraordinaria labor, con un altísimo esfuerzo psicológico durante un período prolongado de tiempo, en un ambiente normalmente hostil y con alta tensión emocional. Por ello, el resultado de la misión no será óptimo si las personas que tienen que llevarla a cabo, no están en perfectas condiciones, no solo físicas e intelectuales, sino psíquicas y emocionales.

Para ser imparcial citaré que otros argumentos contrarios al permiso a mitad de misión ofrecidos por militares con experiencia en operaciones, se derivan de que realmente no eran tales permisos en muchos casos, dado que algunos disfrutaban de él apenas habían llegado a zona, y otros, por el contrario, en el último mes de su misión antes de regresar por lo que no tenía mucho sentido, todo ello para mantener la capacidad operativa y el mínimo de fuerza requerida a pesar de las rotaciones de permiso. Eso es desde luego cierto, pero tenemos que reconocer que sea como fuera, el que los militares en operaciones no tengan el necesario descanso, porque no todos puedan disfrutarlo a «mitad de misión» no parece razonable como motivo.

En el siglo XXI debemos adecuar los medios, las misiones y las circunstancias en nuestras Fuerzas Armadas. Los contingentes de países como Portugal, Italia o el Reino Unido disfrutan de un permiso a mitad de misión, cuando esta es de 6 meses. Los de Noruega tienen incluso más de uno. Sin embargo no todo es positivo, en Portugal para disfrutar de ese permiso el militar debe costearse los vuelos; en el caso de Italia, deja de cobrar la indemnización durante el tiempo que está fuera de zona de operaciones. Lo ideal sería hacerlo como en los países nórdicos, pero nuestro presupuesto no es comparable. España gasta unos 200 euros por habitante en defensa mientras que Noruega, por ejemplo, roza los 1.000 euros por persona, por lo que podría considerarse una posición intermedia entre Portugal e Italia dando la opción a los militares para que pudiesen elegir entre tomar o no el permiso de mitad de misión, pues el «café para todos» aplicado hasta ahora, solo parece tener consecuencias negativas para las familias.

Algunos consideran la opción portuguesa como discriminatoria para los militares con sueldos más bajos, que estarían en desigualdad con respecto a los salarios más altos. Sin embargo, el cobro de las indemnizaciones que se reciben en zona, podría servir para costear ese billete de avión, caso de decidirlo. Este sistema de «servicios a la carta» en operaciones cada día más complejas y con mayor riesgo, pudiera ser conveniente para las familias y para los interesados pero quizá no para el cumplimiento de la misión. De nuevo el «por encima de todo está la misión», también por encima de las familias.

NO PERDER EL CONTACTO

Sea cual sea la duración del despliegue, y al margen de si hay permiso de mitad de misión o no, para un militar es muy importante el contacto con su familia durante los meses que estará desplegado. Si bien es cierto que la tecnología ha avanzado muchísimo ayudando enormemente al contacto visual y telefónico, no es menos cierto la alegría que muestran los militares cuando reciben un paquete con detalles, cartas, regalos y recuerdos por parte de sus familiares o amigos.

En EEUU, por ejemplo, los escolares mandan semanalmente cartas, dibujos, golosinas, muñecos y otros regalos a los soldados desplegados, pero no solo a los americanos, sino también a otras nacionalidades agradeciéndoles enormemente su labor y sacrificio. Esto es cultura de defensa desde el colegio. ¿Y qué ocurre en España? Sin entrar en la poca cultura de defensa, el Ejército tiene un sistema de estafeta para que nuestros militares reciban los envíos de sus familiares, pero hay obstáculos que impiden la entrega a tiempo, debidos principalmente a las prioridades de carga en el avión, la última prioridad la tienen los paquetes de las familias. Algunas veces otros factores imposibilitan la recepción de los envíos con la frecuencia deseada. Por ejemplo en algunos lugares como Afganistán, por problemas de seguridad y de despliegue, no se ha enviado ningún paquete en los 6 meses de misión, aunque en otras operaciones, como Líbano por ejemplo, sí se envía un paquete mensual.

CONCLUSIONES

Se suele decir que las familias de militares están hechas de otra pasta; la pasta del sacrificio, de la resiliencia, del no dejarse llevar por la tristeza, del orgullo por el que se marcha a cumplir con su deber y dar la vida, si fuera necesario, por los demás… valores muy loables, sin duda, pero también se están generando familias rotas y el síndrome del militar quemado. A las Fuerzas Armadas, en particular al Ejército, que proporciona el mayor número de contingentes, les queda camino por recorrer en esa misión de asistencia y apoyo a las familias de militares desplegados, tan importante antes, como durante y después de la misión. Además la familia ha evolucionado en muchos aspectos, no solo por el hecho de que en muchas los dos progenitores trabajan, sino que en otras los dos son militares y aparecen además otras que son mono-parentales, separadas con hijos, en fin un cambio social de las familias dentro del Ejército al que aún no se ha adaptado suficientemente.

Las familias siguen sufriendo a menudo cambios de destino a mitad de curso escolar, servicios en las bases tras volver de maniobras, ya no hay casas militares que faciliten la movilidad geográfica y, muy especialmente, imposibilidad de permiso a mitad de misión. Por otro lado aún están sin valorar adecuadamente en el Ejército las posibles consecuencias negativas en las familias por las misiones internacionales, que están apareciendo ahora como rupturas familiares, divorcios, inestabilidad psicológica, traumas, síndrome del militar quemado, problemas con los hijos, entre otras.

Con este artículo he pretendido mostrar que la familia del militar desplegado es una parte fundamental de la misión internacional, y por tanto, al igual que a los militares que despliegan se les da una preparación específica, es imprescindible el cuidado y apoyo a la familia especialmente cuando el militar no está junto a los suyos. Los descansos, los permisos durante las misiones prolongadas, proporcionarán una mayor efectividad en el cumplimiento de su misión a los militares desplegados al conseguir una mayor estabilidad psicológica. Además de esto, la gestión de los cambios de destino durante el periodo escolar, los servicios después de maniobras y otros aspectos que afectan a la conciliación familiar son asuntos a resolver.

La solución está en buscar el equilibrio entre el cumplimiento de la misión y la asistencia inmediata y permanente a las familias. Creo que se puede y se debe conseguir si se empieza por conocer la realidad de las familias antes, durante y después de la misión, y en esto, las unidades de estadística y sociología del Ejército podrían hacer un gran trabajo.


NOTAS

1 Edición 4 de julio de 2011, revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine. http://www.researchgate.net/journal/1072-4710_Archives_of_ Pediatrics_and_Adolescent_Medicine

2 J Dev Behav Pediatr. 2009 Aug; 30. The psychosocial effects of deployment on military children. Madigan Army Medical Center, Tacoma, WA 98431, USA. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19606059

3 Dato ofrecido telefónicamente por la unidad de psicología del Ejército de Tierra

Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Revista Ejército
Fecha: 2016

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