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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

 Expertos

José Mª Blanco Navarro


Jefe del Centro de Análisis y Prospectiva de la Guardia Civil

Análisis del terrorismo yihadista en Europa


Resumen

En julio de 2015 se celebró el Curso de Verano de la Guardia Civil, junto al Instituto Universitario de Investigación en Seguridad Interior (IUISI), y con la colaboración de la Universidad de La Rioja. Bajo el título de «Inteligencia y Seguridad: Análisis del fenómeno yihadista», un grupo de expertos analizó la situación actual en Europa. El presente artículo, del Director Académico de dicho curso, sintetiza, analiza y profundiza en dicho análisis, especialmente tras los atentados posteriores en Francia y Bélgica.

El autor presenta el marco histórico del terrorismo yihadista en Europa, para ofrecer una aproximación didáctica a la evaluación del riesgo existente en función a una serie de variables y facilitadores, y un análisis de las políticas europeas emprendidas.

1. Introducción y antecedentes históricos

El terrorismo yihadista es un fenómeno relativamente nuevo en Europa, especialmente en su dimensión global, aquella que lo ha convertido en una amenaza transnacional, capaz de actuar en cualquier lugar y en cualquier momento. Bajo este punto de vista global el primer atentado tiene lugar el 25 de julio de 1995 en París. El Grupo Islámico Armado (GIA), argelino, asesinó a ocho personas en el centro de París (Reinares, 2016). Pero en su dimensión internacional comienza a afectar a Francia desde 1982, con un atentado contra el tren ParísToulouse, que inició una campaña intensa durante ese año y el posterior, que puso el foco en objetivos israelíes, restaurantes de París, o el tren de alta velocidad de París a Marsella. Una nueva oleada de ataques se desencadenó en 1985, con acciones que fueron reivindicadas por el Comité de Solidaridad con los Prisioneros Políticos Árabes y de Oriente Próximo. Trenes, grandes almacenes y cafeterías centraron los ataques.

En 1992, un golpe militar en Argelia, antes de la segunda vuelta de las elecciones legislativas, privó de la victoria y del acceso al poder al Frente Islámico de Salvación (FIS). De sus filas surge el Ejército Armado de Salvación, precedente del GIA. La situación desembocó en un cruento enfrentamiento civil que aún a día de hoy permanece en el imaginario y la narrativa de sucesivas generaciones.

Peter Nesser (2014) ha realizado diversos análisis de incidentes en Europa desde el año 1994, concluyendo la existencia de tres etapas: entre 1994 y 1998, Europa como espacio para la yihad local; entre 1998 y 2004, Europa como espacio para la yihad global (estancia, aprovisionamiento y logística); desde 2004, Europa como objetivo de la yihad global. El autor ha analizado 74 incidentes hasta 2007 y 49 incidentes entre 2008 y 2013, señalando que en esta última fase se han producido complots en Europa, no siempre vinculados con el fenómeno de combatientes retornados, en los que el grupo o la célula han tenido preponderancia absoluta sobre las acciones individuales y donde ha existido un papel clave de Al Qaeda Central más allá del de sus franquicias regionales y locales, muchas de ellas con una actividad global muy marginal.

El año 2004 supuso la plena manifestación directa de una Europa como objetivo del denominado yihadismo global, una traslación de los atentados del 11S a nuestro continente. En esos momentos la mayor amenaza para la seguridad venía representada por al-Qaeda, aunque su acción se fue debilitando a lo largo de la primera década del siglo XXI, a pesar de las actividades de coordinación de al-Qaeda Central, dirigida por un Bin Laden desaparecido en una enorme vivienda en Abbotabad, a 120 kilómetros de Islamabad, en el valle Orash de Pakistán, y de los intentos de recuperar su dimensión global a través de los complots ideados desde Al Qaeda en la Península Arábiga, su franquicia en Yemen.

Mientras su líder, Osama Bin Laden, era abatido en mayo de 2011, la rama iraquí del grupo, que había disfrutado de momentos de enorme empuje y eco mediático años antes debido a la brutalidad de Abu Musab Al Zarqaui, hasta su muerte en junio de 2006, coincidía con el inicio de la eclosión de un nuevo grupo que ha llevado el terror a una nueva dimensión, el Dáesh. Al Qaeda en Irak pasó, en 2006, a denominarse Estado Islámico de Irak y, posteriormente, Estado Islámico en Irak y el Levante, para finalmente derivar en su autoproclamación como Estado Islámico.

La ruptura entre Al Qaeda y el actual autodenominado Estado Islámico se producía en el contexto de la guerra civil en Siria, que enfrentaba desde 2011 al Ejército de Bachar Al Assad contra diversos actores opositores, algunos de los cuales, como Jabhat Al Nusra y Dáesh, están afiliados al yihadismo más militante.

El posicionamiento de la dirección de Al Qaeda, en manos del egipcio Al Zawahiri, a favor de Al Nusra1 como franquiciado en Siria llevó a la escisión de la rama iraquí de Al Qaeda, que derivó en la declaración de un Califato en Mosul en junio de 2014, por parte de su líder, Abu Bakr Al Baghdadi.
El conflicto sirio y las estrategias de los actores, convirtieron la región en un conflicto general que desde 2011 ha atraído a miles de combatientes extranjeros, especialmente procedentes del Magreb y de Europa. Se estima que entre 3 000 y 5 000 combatientes han salido de países europeos, según señalaba el director de EUROPOL.

Los atentados en enero y noviembre de 2015 en París se han convertido en la materialización real de la distopía de atentados como los de Bombay, y han supuesto la introducción del terrorismo suicida en Europa. Los posteriores atentados de 2016 en Bruselas (35 fallecidos tras la activación de explosivos en metro y aeropuerto el 22 de marzo), París (dos policías asesinados el 13 de junio en su domicilio), Niza (84 fallecidos tras ser arrollados por un camión el 14 de julio), Wurzburgo (un refugiado afgano hiere a cuatro personas en un tren con un hacha y un cuchillo), Turquía (múltiples atentados), Saint-Étienne-du-Rouvray (un sacerdote degollado mientras oficiaba misa el 26 de julio), muestran la diversidad de objetivos y modus operandi empleados.

Los efectos de los atentados de París, especialmente, y los posteriores, se han hecho sentir en el conjunto de Europa. Además de los daños personales y materiales, directos de los atentados, han incrementado el temor social, han contribuido a una polarización social (incremento de acciones de xenofobia e islamofobia, y también de antisemitismo con ataques a mezquitas, o impulso a acciones de grupos como PEGIDA y su expansión en Europa), han abierto el tramposo debate entre libertad y seguridad, han fraccionado a Occidente en su visión sobre los límites o no de la libertad de expresión (especialmente cuando esas expresiones ofenden a amplias comunidades), han generado las habituales críticas a fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia (debido al sesgo de las explicaciones retrospectivas basado en la sencillez de hacer análisis a posteriori), y han propiciado el inicio de los procesos de adaptación de nuevas medidas legislativas y policiales, incidiendo en la necesidad de no caer en una sobrerreacción a la amenaza.

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Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

 


Fuente: Instituto Universitario de Investigación sobre Seguridad Interior
Fecha: 2016

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