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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
 

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Jon Michelena


Director General
CEPREVEN

La seguridad industrial y el incendio


Dentro de la industria la situación es muy dispar y deberíamos huir de aproximaciones groseras, como la muy habitual de considerar que las empresas están más preocupadas por la seguridad cuanto mayores son éstas.

La seguridad, según la Real Academia de la Lengua, es la “cualidad de seguro”, siendo seguro aquello que está libre y exento de riesgo, que no falla, o un lugar o sitio libre de todo peligro. Según estas acepciones, no existe nada que sea seguro, o por lo menos yo no lo conozco. Es cierto que dentro de las acepciones de la RAE para seguridad también hay una que reza: “que ofrece confianza”. Si la confianza es la esperanza firme que se tiene de alguien o algo, podemos determinar, retorciendo un poco la semántica, que la seguridad es el grado de esperanza de que algo no falle.

Definiciones aparte, cierto es que la seguridad es una apreciación subjetiva que varía de un individuo a otro en función de sus conocimientos, su carácter y su estado de ánimo. Dos personas en un mismo lugar y al mismo tiempo pueden sentir sensaciones completamente diferentes en lo relativo a su integridad o la de sus bienes. Una pareja puede pasear por un oscuro parque a la luz de la luna, sintiendo uno de ellos una sensación de libertad, belleza y alegría por estar en un paraje idílico con la persona amada, mientras el otro integrante del dúo puede ser presa del pánico y arruinar un proyecto de noche romántica. Si la seguridad real del entorno es la misma, ¿por qué reaccionamos de distinta manera?

Si nos centramos en el riesgo de incendio ocurre lo mismo. Cuando en el transcurso de un concierto de una banda de moda en una discoteca, mientras interpreta la canción fetiche del grupo, acompañan la música con bengalas y otros fuegos de artificio, por lo general el público entra en un estado de euforia, ayudado por la ingesta de alguna que otra copa que minimiza su percepción del riesgo y le impide reaccionar de forma coherente, como se ha demostrado en demasiadas ocasiones en que esos fuegos de artificio han provocado un incendio y una tragedia. Y es que el riesgo de incendio es uno de los que se percibe con menor intensidad; es algo que sabemos que existe, pero pensamos que siempre le ocurre a otras personas y lejos de nuestro entorno.

Si alguno de los lectores ha llegado hasta este párrafo, se estará preguntando ¿y qué tiene que ver todo esto con la industria? La respuesta es fácil: todo y nada, depende.

Situación dispar

Dentro de la industria la situación es muy dispar y deberíamos huir de aproximaciones groseras, como la muy habitual de considerar que las empresas están más preocupadas por la seguridad cuanto mayores son éstas. En relación con el riesgo de incendio, hay otros factores que influyen más en la gestión que hacen las empresas del mismo, como pueden ser la peligrosidad de los procesos, la conciencia de los responsables, la tradición o las experiencias negativas que la compañía haya sufrido en este ámbito. No hay interlocutor más fácil de tratar a la hora de hablar de prevención de incendios que aquel que ha visto como un incendio devoraba parte o la totalidad de sus instalaciones.

También podríamos hablar de los diferentes modelos de gestión de la seguridad implantados (quizás sería mejor hablar de gestión de las seguridades). Sigue siendo demasiado habitual que, en función del apellido de la seguridad, sea uno u otro el departamento encargado de ella. Hasta la fecha, si había “malos” de por medio recaía directamente en el jefe de Seguridad y en su departamento, pero hoy en día ni siquiera es así. La ciberseguridad todavía recae, en muchas ocasiones, en los departamentos de tecnologías de la información; al fin y al cabo, los que saben de esto son los informáticos. Con los incendios ocurre lo mismo: en infinidad de casos es el departamento de mantenimiento el que lleva este tema en lo referente a instalaciones, pero son los de riesgos laborales los que se encargan de los planes de emergencia. La situación real acaba siendo que los de seguridad bloquean puertas y controlan accesos, mientras que recursos humanos busca puertas abierta para evacuar al personal y medios para intervenir, cuya descripción y ubicación no siempre está actualizada. Es la realidad de demasiadas empresas.

No seré yo quien diga cómo deben organizarse las empresas. Además de la dependencia funcional establecida en cada organigrama, siempre se puede adoptar un organigrama matricial para abordar todos los aspectos de la seguridad desde una gestión única, integradora, que coordine todas las labores y evite duplicidades o carencias en las misiones que afecten a la seguridad de nuestra empresa. Lógico es que los encargados de la ciberseguridad sean expertos informáticos, pero no es menos razonable que lo sean en seguridad. También es lógico que los responsables del mantenimiento lleven el día a día de las instalaciones de seguridad, pero sabiendo qué tienen entre manos, todo ello bajo la visión unificadora del departamento de Seguridad.

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Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: seguritecnia.es
Fecha: 2017

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