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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Gustavo Díaz Matey


Gestor de Inteligencia de
Nnegocios ICEX España Exportación e Inversiones

La esencia de la Inteligencia: hacia una correcta relación entre producción y consumo de Inteligencia


Artículo cedido por:



Resumen:

En este trabajo ahondaremos sobre una de las premisas que dan forma a la naturaleza de la inteligencia. La necesaria concomitancia que tiene la inteligencia con aquellos que la
consumen. Es en esta relación en la que se basa la propia definición de inteligencia, ya que independientemente de su carácter y de los elementos que la conformen, está (la inteligencia)siempre estará orientada a la acción. Sus productos, derivados de sus procesos y nutridos por diversas fuentes de información, siempre vendrán motivados por una necesidad de información ante una situación de incertidumbre.

Sin estas necesidades que plantean aquellos que luego van a consumir los productos de inteligencia, esta (la inteligencia) pierde su sentido último, ayudar a reducir la incertidumbre y mejorar el proceso de toma de decisiones. Por tanto, entender la relación existente entre quienes producen inteligencia y quienes la consumen será un esfuerzo muy útil no sólo para profundizar en el estudio de la inteligencia sino también para mejorar su desempeño profesional.
 
« Las guerras no son ganadas por la inteligencia; son ganadas por la sangre, y coraje de jóvenes, hombres y mujeres en el campo de batalla. Nosotros debemos honrar eso. Lo que la inteligencia hace es trabajar para evitar las guerras. Proporciona alertas y tiempo a aquellos que tienen que tomar las decisiones para encontrar caminos que eviten el uso de la fuerza militar...»
 
Introducción: De la importancia del establecimiento de unos límites claros en la producción de inteligencia

Desde hace ya algún tiempo, estoy convencido de que, el correcto desarrollo de los estudios de inteligencia pasa por el rigor conceptual. En otros foros he publicado y estoy cada vez más seguro de ello, que el término inteligencia, como todos los conceptos desarrollados por el ser humano, tiene dos partes diferenciadas que completan su esencia y lo distinguen de otros términos adyacentes.

Una primera parte sería la naturaleza del concepto, la cual no cambia desde la antigüedad. Por otro lado, el término se completa con otra parte, su carácter; el cual puede ser revolucionario y depende de la estructura y del espacio temporal en el que se encuadra y se lleva a cabo.
 
Sin que ello sea algo peyorativo, el grueso de los análisis y estudios en lo referente a este campo de estudio, el de la inteligencia, tienen que ver con esta segunda parte del concepto, con su carácter. Esto quiere decir que este tipo de estudios se han centrado en la descripción de distintas estructuras de inteligencia a lo largo de los tiempos y en las actividades que éstas han llevado a cabo y sus implicaciones. Quizá, por esta razón existe tanta confusión en torno al manido término y su utilidad.
 
En este trabajo intentaremos ahondar principalmente sobre una de las premisas que dan forma a la naturaleza de la inteligencia. La necesaria concomitancia que tiene la inteligencia con aquellos que la consumen. Como decimos, en esta relación se basa la propia definición de inteligencia, ya que independientemente de su carácter y de los elementos que la conformen, está siempre estará orientada a la acción. Sus productos, derivados de sus procesos y nutridos por diversas fuentes de información, siempre vendrán motivados por una necesidad de información ante una situación de incertidumbre. Sin estas necesidades que plantean aquellos que luego van a consumir los productos de inteligencia, esta (la inteligencia) pierde su sentido último, ayudar a reducir la incertidumbre y mejorar el proceso de toma de decisiones. Lo que propicia que esta profesión se confunda con otras adyacentes basadas en la investigación. Por tanto, entender la relación existente entre quienes producen inteligencia y quienes la consumen será un esfuerzo muy útil no sólo para profundizar en el estudio de la inteligencia sino también para mejorar su desempeño profesional.
 
Curiosamente, a pesar de que el análisis de lo que se entiende por fallo de inteligencia debería constituir la premisa de partida en cualquier organización de inteligencia, con el fin de establecer unos límites claros que permitan adecuar expectativas generadas a capacidades propias, y en último término definir con claridad la relación entre consumidores y productores de inteligencia, tradicionalmente este tipo de análisis se ha centrado en estudios a posteriori sobre la depuración de responsabilidades ante sorpresas estratégicas, usos indebidos, abusos y escándalos y en general de todas aquellas situaciones que se alejan de lo esperado y que generan material suficiente que permiten un análisis pormenorizado de casos aislados con el fin de determinar quién debe asumir la responsabilidad de tales acontecimientos y cómo mejorar las estructuras en las que estos sucesos han tenido lugar.
 

Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Instituto Español de Estudios Estratégicos
Fecha: 2017-05-11

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