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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.
Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Jesús Ignacio Martínez Paricio


Miembro del equipo de investigación Liderazgo Estratégico en España: De la Historia a los retos futuros que dirige Agustín Guimerá, del CSIC, y en el que colaboran analistas del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) y profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología

Gestión de crisis en los ejércitos de las sociedades avanzadas


Resumen:

Los ejércitos e las sociedades modernas están haciendo frente a una crisis que afecta a su estructura organizativa, la doctrina y, sobre todo, a la identidad de sus profesionales. En el horizonte de lo que es posible deben mantener el escenario no deseable de un conflicto simétrico. Sin embargo, tienen que hacer frente a las exigencias que plantea la incertidumbre de los conflictos asimétricos. Los ejércitos siguen siendo nacionales, pero actúan cada vez más en organizaciones conjuntas e integradas donde deben alcanzar el éxito en unos objetivos definidos de manera difusa. Se reconoce la eficacia de esas agrupaciones y contingentes internacionales pero la identidad y el sentido de pertenencia sigue siendo nacional. Los ejércitos son organizaciones institucionales complejas que no pueden explicarse en términos dicotómicos. Las dudas que surgen al gestionar esta crisis están presentes de manera directa en las opiniones de los militares. Se asumen las contradicciones, las ambivalencias, incluso las excentricidades, con un coste importe en los ámbitos personales, familiares y profesionales.

Gestión de crisis en las organizaciones

Y en estas circunstancias, ¿por qué cambian las organizaciones?, o lo que es lo mismo, ¿por qué cambian los ejércitos? Vaya por delante una evidencia. En su esencia los ejércitos, las fuerzas armadas en la terminología moderna no dejan de ser organizaciones complejas encargadas de seguir administrando la violencia legítima del Estado. Además de organizaciones complejas siguen siendo instituciones. Deben seguir cumpliendo este mandato excepcional, tradicional en la estructura del Estado al tiempo que asumen los compromisos más allá de sus fronteras que le son marcadas por las organizaciones supranacionales, regionales o bilaterales.

Una administración, una gestión, una función que se ha ido complicando con el paso del tiempo. En las últimas décadas la complejidad ha crecido de manera exponencial. Si en un tiempo pasado relativamente lejano el escenario del combate se centraba exclusivamente en la tierra y en el mar, en la I Guerra Mundial se añadió un nuevo dominio cuando el combate se produjo en el aire. Poco después se añadió otro dominio: el electromagnético. En la actualidad ya se puede decir que el espacio se ha incorporado de manera definitiva como un escenario donde también se combate. No termina aquí la complejidad pues los ejércitos asumen un nuevo escenario de riesgos y amenazas desconocidas: el ciberespacio. Este proceso acumulativo resulta ser exponencial pues la suma se realiza en un corto espacio temporal.

A las misiones tradicionales de los ejércitos que se desarrollan en estos dominios hay que sumar las exigencias que suponen las nuevas misiones. Se aceptará que esas misiones calificadas de este modo tampoco son tan nuevas si se revisa la historia militar y la Historia en general. Si a lo anterior añadimos estas nuevas formas de actuar, responder a la pregunta de por qué cambian los ejércitos resulta evidente: los ejércitos tienen que responder a las exigencias que se crean en cada uno de esos dominios. La respuesta es cada vez más por las variables que hay que manejar para poder contestar la pregunta inicial.

Se produce un tercer elemento de excentricidad al comprobar que la última razón del ejército, el combate deja de ser una confrontación simétrica y se transforma en asimétrica. En esta situación el soldado deja de combatir contra otro soldado como reconoció Raymond Aron al estudiar la esencia de la guerra. En el escenario asimétrico el soldado tiene que enfrentarse a un enemigo sutil, sinuoso, escondido que no se rige por las normas del Derecho y las Convenciones. En estas circunstancias puede ocurrir y ocurre que en el mismo escenario se desarrollan dos tipos de combates de manera paralela. Uno sigue las pautas propias de la organización militar, su tradición e historia y en el otro se rige por unas reglas propias que, aunque mantienen su dependencia de un mando militar, son ajenas a la cadena de mando que actúa en la zona de operaciones. Es una nueva forma de combatir con “baja huella, pocas restricciones y difícil de controlar” (González Martín, 2017). Un combate que ya no depende del mando militar natural y sí de un mando militar peculiar que responde a intereses políticos particulares. Intereses que se rigen por tiempos y objetivos que pueden estar alejados del objetivo estratégico puramente militar.

Los ejércitos: organizaciones institucionales complejas

Los ejércitos son organizaciones complejas a las que hay que añadir un elemento más. Este tercer elemento tiene que ver con el carácter institucional del ejército que sigue actuando con un sistema de valores que, si alguno le es propio y exclusivo de la vida militar, no son menos los valores que comparten con las organizaciones institucionales de carácter civil. Los ejércitos no han dejado de ser una institución propia del pasado para convertirse en los tiempos recientes en organizaciones. Los ejércitos son organizaciones institucionales complejas.

El modelo dicotómico y contrapuesto de institución versus ocupación ha dejado de tener sentido si es que lo tuvo en alguna ocasión. Charles C. Moskos tuvo que responder de manera afirmativa a su propia pregunta: “Lo militar: ¿más que una profesión?” (Moskos, 1991). Contestó reconociendo que la realidad era otra a la que había descrito en su trabajo que se citó y se utilizó por muchos de manera repetitiva. El matiz diferenciador lo dejó bien sentado en una de sus últimas publicaciones. Su influyente modelo había dejado de explicar la realidad cada vez más compleja de los ejércitos al tiempo que mantenían vínculos inexcusables con su pasado y su historia. Las instituciones no pueden, ni deben romper con su tradición. La hora cero en la historia militar es una exigencia que se impone a los ejércitos por razones de carácter histórico políticas. Razones y argumentos contundentes en las ocasiones en las que se han impuesto que han tenido que ser matizadas, readaptadas a la realidad poco tiempo después (Miralles Andrés, 1997).

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Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Revista de Estudios en Seguridad Internacional
Fecha: 2017

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