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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

 Expertos

Salma Semmami


Analista de seguridad internacional

Tras los atentados de Barcelona, el yihadismo en España plantea nuevos interrogantes


 Artículo cedido por:



Resumen:

El yihadismo es un tipo de terrorismo político ligado a la corriente salafista radical. Empezó como ideología con el declive del mundo musulmán y se fue reforzando en la época colonial, aunque sus manifestaciones políticas, incluso pacíficas, fueron reprimidas en esa época. Como movimiento político violento, se manifiesta, al principio sobre todo, en los países árabes, antes de convertirse en un fenómeno global tras los atentados del 11 - S. El yihadismo conoce su auge con la creación del Estado Islámico en el contexto de las Primaveras Árabes y de la guerra civil siria, que incrementaron
el riesgo de radicalización en Occidente y cambiaron la naturaleza del fenómeno multiplicando el número de yihadistas amateur y radicalizando a mayor velocidad a los jóvenes. Los cambios que conoce el yihadismo hoy en día se tienen que incluir en cualquier estrategia antiterrorista teniendo en cuenta la última manifestación del fenómeno en España: los atentados de Barcelona del 17 de agosto de 2017.
 
Introducción

Dentro de España, Cataluña constituye el foco yihadista más grande (unas 50 mezquitas salafistas) y más activo (Cataluña es la comunidad autónoma con el mayor riesgo terrorista presente y palpable dado que mantiene la tasa más alta de detenciones: sumando cerca de un tercio del total de las detenciones a nivel nacional). En 2017, antes del atentado perpetrado en Las Ramblas, se había arrestado en Cataluña a 14 personas en las operaciones policiales antiterroristas. El jueves 17 de agosto de 2017 por la tarde, una furgoneta embistió a la muchedumbre en Las Ramblas, centro turístico muy frecuentado de la ciudad catalana, reproduciendo así el mismo modo operatorio de los
atentados de Niza y de Berlín y causando una quincena de muertos y más de un centenar de heridos. Es un espectáculo trágico, y de nuevo los medios de comunicación y las redes sociales transmiten de manera continua imágenes que resumen el horror y la violencia fría de la ejecución. A partir de las primeras horas, se suceden las revelaciones sobre la identidad de los responsables y sobre su vínculo con el terrorismo islámico y con el Dáesh.
 
La historia se repite: un grupo de personas muy jóvenes (incluso menores de 18 años) de origen magrebí entran en un proceso de «radicalización exprés» 1 y deciden pasar a la acción en un plazo corto y difícil de prever. Las reacciones del entorno, como muy a menudo en estos casos, oscilan entre la indignación y la confusión. Los padres afirman que lo sucedido no era previsible y que « no entienden» los actos de sus hijos. Igualmente pasa con los vecinos, primos y conocidos de los asaltantes. La pregunta que surge es la siguiente: ¿Cómo es posible que jóvenes sin antecedentes o con un historial de pequeña delincuencia puedan cometer tales atrocidades?
 
Durante mucho tiempo, se afirmó que parte de la explicación de estos bruscos e inesperados procesos de radicalización reside en el sentimiento de exclusión creciente, alimentado por la discriminación hacia la comunidad musulmana: La segregación espacial, el aislamiento de sus comunidades de origen, la ruptura con las instituciones del Estado (que sean públicas, educativas o culturales), el fracaso de las políticas de integración y la ausencia de perspectivas profesionales solían explicar el hecho de que muchos de esos jóvenes se sientan atraídos por el islam radical, lo cual, de algún modo, les ofrece un consuelo frente a la frustración y una causa por la que luchar. Por así decirlo, encontraban en esta nueva versión del islamradical el catalizador ideal a su rebeldía. El caso catalán esjustamente en las antípodas de esta teoría y el argumento de la marginalización y de la falta de integración no vale. Los jóvenes de Ripoll tenían una relación pacifica e incluso amistosa con sus comunidades, han crecido en un pueblo tranquilo situado en los Pirineos y no hay realmente ninguna evidencia de que se hayan enfrentado al racismo de un modo que les haya podido llevar a tal extremo. Los testimonios recogidos en Ripoll afirman que vivían en armonía con la población local y es difícil hablar de los típicos problemas de integración. Los que formaban parte de la célula terrorista (abatidos en mayoría en los enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra) no presentaban, según los vecinos, señales claras de radicalización, anteriores al día del atentado. En este sentido, y a pesar de optar por un modo de acción similar, se desmarca totalmente el atentado en Barcelona de los que tuvieron lugar en otras ciudades como Paris o Niza.
 

 

 

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

 


Fuente: IEEE (Instituto Español de Estudios Estratégicos)
Fecha: 2017-12-14

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