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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

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Peyton C. Hurley


Mayor del Ejército de EUA

Un marco para identificar las causas del mal comportamiento de líderes y las medidas preventivas


The Sword of Damocles (1812), pintura, por Richard Westall. (Cortesía del Ackland Museum, Chapel Hill, Carolina del Norte)
The Sword of Damocles (1812), pintura, por Richard Westall. (Cortesía del Ackland
Museum, Chapel Hill, Carolina del Norte)

Si bien es una institución en que se deposita la confianza con el uso moral de la fuerza, el Ejército, junto con el resto de las fuerzas armadas, es considerado una de las instituciones más respetadas en Estados Unido con 72 por ciento de norteamericanos declarando que confían «mucho» o «bastante» en ellas1. Esta confianza en las fuerzas armadas sostenidamente ha aumentado desde que Gallup comenzó sus encuestas sobre esta variable en 1975 e incrementó durante los tiempos de conflicto con aumentos repentinos en la guerra del Golfo Pérsico y al principio del conflicto persistente después del 11-S2. Sin embargo, hay varias presiones que podrían socavar la confianza del pueblo norteamericano en las fuerzas armadas y el Ejército, incluyendo la reducción del compromiso del Ejército en Irak y Afganistán y el mal comportamiento muy publicitado por parte de altos mandos. Si bien el primero es inevitable y obviamente deseable, el segundo representa un desafío que el Ejército debe enfrentar exitosamente para seguir siendo una institución respetada y servir los intereses del público.

Aunque la mayoría de las personas reciben información de la prensa sobre el mal comportamiento de los altos mandos, miembros del Congreso también han tomado nota, preguntando lo que hacen las fuerzas armadas en respuesta. En febrero de 2018, el subcomité de personal militar, una parte del Comité de los Servicios Armados de la Cámara de Representantes de EUA, celebró una audiencia en la que se abordó explícitamente la mala conducta de altos mandos en las fuerzas armadas. En su declaración de apertura, la miembro de mayor antigüedad, la representante Jackie Speier, destacó cinco casos de mala conducta de altos mandos militares en los últimos dos años, cuatro de las cuales son atribuidos a generales del Ejército. Ella observó que parecía que los infractores no recibieron un castigo proporcional a su infracción, que las distintas instituciones no fueron suficientemente transparentes y que el público se enteró de estos acontecimientos a través de la prensa. En su declaración final, Speier preguntó a todos los inspectores generales (IG) del Departamento de Defensa (DOD) y de las fuerzas armadas cómo sus oficinas respectivas agregaban la responsabilidad y transparencia a las investigaciones de mal comportamiento de líderes de mayor antigüedad. Ella pidió que los representantes de todas las fuerzas armadas informaran al subcomité sobre sus esfuerzos para prevenir la mala conducta de los líderes militares en el futuro3. Sus preocupaciones acerca de los esfuerzos del Ejército para impedir la mala conducta por líderes reflejan una crisis potencial de confianza en los fundamentos ético y moral del Ejército.

Si bien las preocupaciones de Speier deben ser inquietantes para todos los líderes del Ejército, algunas son más pertinentes en el nivel superior de líderes civiles y militares. Sin embargo, este no es el caso con el asunto de prevención y las implicaciones más amplias para el adiestramiento, educación y experiencias de líderes subalternos. Aún después de vivir bajo la influencia de los valores del Ejército por 30 años, ¿Cómo es posible que los altos mandos violen sus obligaciones profesionales a través de comportamiento antiético? ¿Cómo deben los programas de formación y educación de líderes abordar mejor la conducta ética en toda la carrera de un oficial? ¿Hay métodos para identificar y rectificar las acciones de oficiales descarriados más temprano en sus carreras? ¿Hay otros factores (es decir, factores estresantes profesionales o personales) que desproporcionadamente merman la capacidad de un líder de actuar éticamente? Lamentablemente, el Ejército no cuenta con el marco para estudiar estas preguntas y hacer cambios a las políticas de personal o formación de líderes.

En el presente artículo, se abordan las preguntas previas de dos maneras: con una descripción de los mecanismos actuales para enfrentar la mala conducta de líderes y una recomendación para agregar un nuevo marco. En la primera sección se discute cómo los inspectores generales del Ejército actualmente investigan los casos de mal comportamiento de líderes y las herramientas evaluativas y educacionales del Ejército para medir e imbuir el comportamiento ético. En la segunda sección, se centra en los tipos de mal comportamiento de líderes y sus posibles causas. En la última sección, se propone un marco para examinar el mal comportamiento de oficiales que ha sido modelado en la metodología de investigación de accidentes del Ejército.

Las herramientas de investigación, educación y evaluación

La gran mayoría de líderes del Ejército sirven con distinción. Para los que no lo hacen, el Ejército usa la cadena de mando o inspectores generales (del DOD, Ejército, instalación, etcétera) para determinar si las acusaciones de mala conducta son justificadas. En el caso de altos mandos (generales seleccionados hacia arriba), los IG del Ejército y del DOD llevan a cabo estas investigaciones4. Ya sea si un IG del DOD, institución armada o de otro tipo investiga el mal comportamiento de un líder, sus procesos son en gran parte alineados y el IG del DOD sigue todos los casos en su nivel. Felizmente, después de un número récord en 2012, los casos confirmados de mala conducta por altos mandos han estado disminuyendo en todas las fuerzas armadas (véase la figura 1)5. Lamentablemente, la mala conducta de líderes aún ocurre y un caso de mal comportamiento de un alto mando ya es demasiado, especialmente figuras públicas. Y el número de casos confirmados aún es alto dado el número limitado de líderes por los cuales los inspectores generales del DOD y las instituciones militares son responsables.

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Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Army University Press
Fecha: 2019

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