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Gabriela Huelin Rueda


Redactora
Belt Ibérica S.A.

IRREGULARIDADES EN LA GESTIÓN DE LA AYUDA HUMANITARIA


Una de las cuestiones fundamentales cuando se trata el tema de las catástrofes naturales es la de la ayuda humanitaria. Un reciente informe de la Cruz Roja, Informe Mundial sobre Desastres, analiza los puntos débiles de las actuaciones humanitarias. La organización internacional denuncia que en muchas ocasiones los fondos recogidos para paliar las consecuencias de desastres naturales acaban en las arcas los países ricos. Con su informe, lo que pretende Cruz Roja es autoevaluarse con el fin de mejorar en sus actuaciones.

¿CUÁL ES EL VERDADERO DESTINO DE LOS RECURSOS PARA LA REESTRUCTURACIÓN TRAS UNA CATÁSTROFE?

Una vez que la opinión pública ha conocido sobre un desastre humanitario, los fondos llegan en masa a las organizaciones internacionales; pero el dinero no siempre se administra de forma justa ni eficaz. Parece que tanto la sociedad como los autoridades competentes son conscientes de que lo más aconsejable sería pagar mano de obra y recursos locales, en el mismo lugar del desastre. Sin embargo, lo más habitual es que se contrate a personal extranjero, tanto en temas de infraestructuras como de servicios. Esta espiral que hace que el dinero movilizado ante una catástrofe natural vuelva a los países ricos es un claro síntoma de una mala gestión de recursos, que refleja además el mal funcionamiento de la ayuda humanitaria. Otros de los puntos negros son la ayuda incontrolada o mal distribuida, la falta de planificación a largo plazo o las promesas políticas incumplidas.

LA ACTUACIÓN MÁS ACONSEJABLE

Además, Cruz Roja advierte que muchas veces lo que se necesita es una labor preventiva que evite desastres naturales causados por la mano del hombre. Así como tener cuidado con ayudas destinadas a lugares determinados por cuestiones estratégicas más que por razones humanitarias; de modo que en ocasiones se puede incluso llegar a descuidar las medidas de previsión de nuevos desastres. La ayuda debe planificarse a medio y largo plazo, más que ajustarse exclusivamente a la actuación de emergencia. Para conseguir una mayor eficacia, hay que tener muy en cuenta las necesidades de la comunidad a la que se asiste, para evitar, como sucede con frecuencia, que la reconstrucción ponga en peligro la recuperación del lugar (a veces, después de una catástrofe, se busca una nueva ubicación para los afectados y se les coloca en un lugar donde no hay medios de subsistencia). Por tanto, se deberá conseguir el equilibrio entre las medidas de emergencia inmediatamente posteriores al desastre y el desarrollo a largo plazo de la zona, atendiendo especialmente que las víctimas no se queden sin recursos y desamparadas.

Cruz Roja señala que tan importante como la ayuda es su correcta canalización y la formación de las personas que acuden al lugar para asistir a los damnificados.

LA TRAGEDIA EN NÚMEROS

En el año 2.000, la población mundial ha sufrido más desastres que en el anterior decenio. Se han contabilizado un total de alrededor de 80.000 víctimas mortales en el último año, de las cuales casi 50.000 corresponden a África y cerca de 20.000 al continente asiático. En total, el número de damnificados -muertos, heridos y afectados- por catástrofes entre 1.991 y 2.000 ha sido de 256 millones de personas. Según Cruz Roja, las principales calamidades fueron las sequías, las inundaciones y los huracanes.-


Fuente: Belt Ibérica S.A
Fecha: Junio de 2001

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