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Expertos Profesionales


Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

El poder de las olas


El terremoto que se ha producido recientemente en las profundidades del océano Índico -también llamado maremoto por el lugar-, ha originado una serie olas gigantes o tsunamis que han provocado al chocar contra las costas, miles ymiles de muertos. Tal vez nunca llegaremos a evaluar totalmente sus efectos en vidas humanas, por la propia idiosincracia de los países afectados, pero es más que probable que superen los centenares de miles.

Los medios de comunicación social, de la mano de algunos expertos en el tema, han manifestado que sus efectos han sido más devastadores por la escasa atención a la protección civil de las autoridades de los países del Índico, todos ellos dentro del llamado “tercer mundo”, y por la endeblez de sus infraestructuras. Evidentemente un terremoto de seis o siete grados en la escala Richter (en este caso ha sido de 9), provoca en muchos países miles de muertos y grandes destrucciones, cuando en los desarrollados, escasamente decenas de víctimas y pocos daños, aunque está por ver cuando se enfrenten a uno de la magnitud del acaecido en el Índico.

En nuestra agitada España -y expreso lo de agitada por los acontecimientos políticos que estamos viviendo y que parece que tienden a desgajarla-, miramos con pesar y tristeza el drama que ocurre a miles de kilómetros de nuestras fronteras, y pensamos que ese tipo de desastres nada más se pueden producir en países lejanos y pobres, siendo bueno recordar algunos de los terremotos que se produjeron en el pasado en nuestro entorno. Al ver las cifras se podría argüir que estaban menos preparados, pero se les podría refutar que también la población era mucho menos numerosa, no llegando posiblemente al diez por ciento de la actual.

No nos engañemos, la cuenca mediterránea es sísmica y existe la posibilidad de que se produzca un terremoto de cierta envergadura en España. De hecho el Consejo de Ministros aprobó con fecha 7 de abril de 1995, modificada con fecha de 16 de julio de 2004, la Directriz Básica de Planificación ante movimientos sísmicos, siendo consecuencia la modificación de los terremotos acaecidos en Argelia y Marruecos.

El mayor terremoto se produjo en 1138 en Siria y ocasionó entre 230.000 y 1 millón de muertos, lo que hace presumir que dejarían prácticamente deshabitados aquellos territorios, territorios que se encontraban en manos de los “cruzados”. Posteriormente han seguido un rosario de desastres: Turquía, Alemania, Italia, etc., sin que en ningún momento se rebase en esta relación los confines del siglo XVIII.

Uno que tuvo mucha repercusión en España fue el terremoto de Lisboa, cuyo epicentro se encontraba al sudeste del cabo San Vicente. Tras los efectos del terremotos se produjeron una serie de olas gigantes, evaluándose la altura de las que alcanzaron la capital portuguesa en más de treinta metros. Las olas alcanzaron las costas de Huelva, pereciendo en esta ciudad más de 2.000 habitantes, que es como decir la mitad o más de su población, dado que estamos hablando de 1755.

En una reciente conversación con un alcalde de la provincia de Granada, me comentó su enorme inquietud por este fenómeno, así como la escasa atención que se le da en los planes de protección civil, en los cuales se estudian todo tipo de fenómenos, pero considerando siempre que las infraestructuras sanitarias se mantendrían intactas y atenderían a los afectados, cuando en realidad ante el fenómeno sísmico, como ocurrió en México, la mayoría de los hospitales quedaron destruidos.

No se pretende con este artículo introducir miedo en las mentes de los lectores, pero si preocupación. Cualquier fenómeno natural de carácter catastrófico no tiene que convertirse en desastre, siempre que se esté preparado: Se tenga muy presente los indicadores de las estaciones sismográficas; se evacuen las personas de las áreas en donde se puede producir; y se dispongan de las medidas para disminuir sus efectos sobre las personas y los bienes materiales. En 1975 se produjo un terremoto en la ciudad china de Haichen, pero las autoridades habían ordenado la evacuación de la ciudad horas antes, produciendo muchas menos muertes que las previsibles si no se hubiera adoptado esta decisión. En Estados Unidos y Japón se lleva años estableciendo “medidas de mitigación”, es decir adoptando criterios mucho mas sismorresistentes en las infraestructuras, lo que quiere decir que los edificios que disponen de ellos tienen más probabilidad de supervivir ante una catástrofe de esta naturaleza.

Los planes de protección civil no se elaboran para que las autoridades se jacten ante la población de que disponen de él. No deben tras sus elaboración de “dormir el sueño de los justos”, sino que deben implantarse entre los actuantes y la población y lo que es más importante deben actualizarse constantemente y analizar los fallos que se han producido en los desastres que acaecen desgraciadamente en el mundo, para que no vuelvan a producirse si nos enfrentamos nostros a ellos.
¿Aprenderemos?.


Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 02/01/05

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