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José Antonio Monago Terraza


Coordinador de Protección Civil del Ayuntamiento de Badajoz

Hasta el próximo desastre


La tragedia provocada por el tsunami del Océano índico, no es más que el recordatorio de la existencia de los desastres naturales, que sin fecha fija, y de un portazo, nos golpea a mazazos nuestras conciencias para plantarse, sin permiso, ante nosotros. Hoy creemos los humanos que podemos ser dueños del futuro, cuando el presente se nos rebela con frecuencia. Podemos tener la tentación de lanzar naves al espacio para un público pudiente, sumergirnos en las mayores profundidades alquilando un batiscafo, escudriñar las partículas que habitan el interior de los núcleos de los átomos, poner nombres a galaxias lejanas y hasta jugar con el tiempo mediante teorías complicadas, pero la tierra, convulsiona mientras soñamos que la controlamos, olvidando que nos queda mucho por aprender todavía, obligándonos a un ejercicio de humildad que se nos resiste, porque algunas veces la Tierra tiene ganas de estirar las piernas. Mueve un poco la cabeza, bosteza y suspira más profundo que otras veces. Entonces se mueve y nos toma por sorpresa... La placa tectónica india se hundió bajo la birmana y su energía fue el testamento con el que despedimos el año 2004, testamento que acuñó un vocablo que para muchos era nuevo, tsunami (del japonés TSU: puerto o bahía, NAMI: ola), pero también en forma de muerte y devastación. El terremoto producido en Sumatra, 9 en la escala de Richter, liberó una energía equivalente a una bomba nuclear de 32.000 megatones, o 32.000 bombas atómicas como la de Hiroshima. Y tal energía en el mar, produjo un tsunami, que son muchísimas olas concentradas en una sola, que no fueron muy altas en el mar pero sí enormemente largas, de forma que cuando llegaron a la costa, crecieron en altura e invadieron una considerable distancia sobre tierra firme. Según el último informe de Naciones Unidas (3 de Enero) sobre el tsunami producido en Asia, hay más de 140.000 muertos, 18.000 desaparecidos, cerca de un millón de desplazados y no hay cifras, ni tan siquiera estimativas de afectados en las zonas del impacto. Las olas han barrido a placer todo lo que a su paso han encontrado en buena parte de la India, Indonesia, Malasia, Maldivas, Sri Lanka, Thailandia, Somalia y Seychelles. No está nada mal para un simple bostezo. Esta vez ha sido duro, muy duro el impacto del desastre natural. Lo importante, ahora, es que ese impacto dure en la retina de quienes tienen capacidad presupuestaria para abordar el problema, es decir, agencias internacionales y gobiernos. ¿Quién ha leído que un tsunami devastó la costa de Huelva y Portugal en 1775, causando decenas de miles de muertos?, ¿quién recuerda desastres como los de Tangstan, en China, que se cobraron la vida de más de un cuarto de millón de personas a causa de un terremoto en el año 1976?. Tal vez haya pasado mucho tiempo, pero ¿y los cientos de muertos por las inundaciones de República Dominicana en mayo del pasado año?. Los desastres naturales son invitados inesperados de nuestras casas a través de los televisores, como también son inesperadamente despedidos en breves días o semanas. Ahora se habla de que se tardará unos diez años en recuperar las zonas afectadas. ¿Diez años únicamente? Pero si casi diez años han pasado desde las inundaciones del Cerro de Reyes en Badajoz y todavía queda mucho por hacer. Más aún, ¿se sabe qué es lo que hay que hacer a día de hoy? Porque cuando uno lee a la Dra. Dana Van Alphen, asesora de la Oficina de Preparativos para Casos de Desastres decir que "es preferible esperar por la pronta evaluación de lo que se necesitará” o que "hay necesidad de refugios, alimentos y agua en todos los países afectados, pero lo mejor es esperar una evaluación y tomará varios días poder tener todo bajo control.", lo primero que nos asalta es el viejo aserto “sólo se que no se nada”. ( La OPS es la Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud). Pues eso, que no sabemos todavía nada. Y a pesar de ello hay quienes dicen porqué no funcionaron los sistemas de alerta frente a tsunamis, cuando estos sistemas son un viejo sueño de los científicos que hace poco más de un año, desde la Universidad de Washington y la Universidad de Victoria, en Canadá, han comenzado a acariciar bajo el nombre de Proyecto Neptuno. Y es que en materia de desastres naturales todavía funcionamos a impulsos de corazón, a golpe de retina, a mazazos de conciencia, que perduran poco en el tiempo a pesar de que periódicamente nos asaltan. Hay conciencias globales en nuevas tecnologías, en mercados, pero no las hay en prevención y mitigación de catástrofes. Se pueden organizar coaliciones internacionales para hacer la guerra, o hacer la paz, pero no para atender con prontitud situaciones como las que ocurren en Asia. Hay cascos camuflados y azules pero no hay cascos blancos. Hay multitud de ONG´s que demasiado hacen dándose codazos para suplir un espacio que tendría que estar reservado a la conciencia de los gobiernos, lo cual es loable en los tiempos que corren. Y mientras, a un niño que nació prematuramente el 26 de diciembre, el fatídico día del tsunami, sus padres, que se salvaron milagrosamente de las aguas le han puesto de nombre “Tsunami”. Paradójico. Y en sus primeros días de vida, a pocos metros, europeos y norteamericanos toman el sol en hoteles de lujo mientras operarios portan bolsas con restos de cadáveres. Quienes hemos visto de cerca la cara de la tragedia, no alcanzamos a comprender esta actitud. Las retinas ésta vez no se han fijado como otras en helicópteros escupiendo bolsas de alimentos, ni personas amontonadas en torno a un camión de víveres, ni desplazados sin hogar. Ahora toca la imagen de europeos y norteamericanos disfrutando de las plazas de Thailandia en medio de tanto horror, sin diccionario que albergue calificativos, auténticos espejos de nuestras conciencias... Hoy, la primera cadena de televisión española abría con Ibarretxe, no era noticia de alcance los efectos del tsunami, ni los 140.000 fallecidos. Comenzamos a desconectar... hasta el próximo desastre.


Suplemento Temático: Protección Civil


Fuente: Autor
Fecha: 04/01/2005

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