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Gregorio Gómez Pina

doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y Master en Ingeniería Oceanográfica y de Costas por las Universidades de Hawaii y Cantabria
Jefe de la Demarcación de Costas en Andalucía Atlántico y profesor asociado en la Escuela Universitaria de Obras Públicas de la Politécnica de Algeciras (UCA)


¿Cómo podemos defendernos de un 'tsunami'?


Cuando se cumplen tres meses del 'tsunami' que estremeció a los países del Índico, el ingeniero Gregorio Gómez Pina reflexiona sobre las medidas que pueden adoptarse en la costa atlántica de Cádiz para mitigar los efectos de un maremoto de estas características, considerando que Cádiz y Huelva han padecido varios de estos desastres a lo largo de su historia. La educación en las escuelas, como ocurrió en el Índico, puede resultar vital. En la provincia de Cádiz ya se comienza a explicar cómo avisa un maremoto.

Han pasado ya tres meses del terrible tsunami del sudeste asiático y ya empiezan a cuantificarse sus efectos, en cuanto a número de víctimas, destrucciones de ciudades e infraestructuras así como las consecuencias económicas y sociales derivadas de la catástrofe. En cuanto al número de víctimas, posiblemente sea una de las mayores catástrofes de la humanidad, cerca de trescientas mil conocidas, aunque con seguridad acaben contabilizándose muchas más. Estas cifras resultan más impactantes si pensamos que sucedieron en países de incipiente desarrollo turístico, de culturas bien distintas a las nuestras en cuanto al uso de las playas, salvo en los acotados paraísos turísticos para extranjeros, sin que existieran playas abarrotadas al estilo de nuestra costa en la época veraniega. Un dato para pensar es el del millar de ciudadanos suecos que perecieron por el tsunami. Posiblemente no haya habido esa cantidad de muertos en toda la historia de un país como Suecia. Las fotos de satélite sacadas de internet del antes y el después son aterradoras, por la devastación causada, al comparar, fríamente, el territorio que existía y el que queda. Los testimonios de los españoles que están realizando labores humanitarias en los países afectados, a su vuelta, posiblemente nos ayuden a calibrar la magnitud, física y social, de la catástrofe causada, simplemente, por un grupo de dos o tres olas que, repentinamente, una plácida mañana del 26 de diciembre, remontaron por encima de la playa, destruyendo todo lo que encontraron a su paso.

En la Revista del Domingo 23 de enero y bajo el título ¿Qué es un tsunami? resumía, de forma divulgativa, los conceptos principales para entender este fenómeno y sus consecuencias, esbozándose en sus dos últimos apartados las medidas de protección existentes en los países en los que ya hay un protocolo y una experiencia desarrollada al respecto ( Estados Unidos, algunas islas del Pacífico y Japón ), así como el conocimiento de los maremotos históricos ocurridos en el litoral gaditano, con especial énfasis en el originado por el gran terremoto de Lisboa, el día 1 de noviembre de 1755, del que el próximo año se cumplirán 250 años, un periodo de tiempo para estos tipos de fenómenos que, desde un punto de vista estadístico, no resulta del todo tranquilizador, si bien no disponemos de datos cuantitativos para poder estimar lo que se conoce estadísticamente como "periodo de retorno" o tiempo que tarda en retornar un evento de una magnitud determinada. En este artículo vamos a centrarnos en los aspectos relacionados con la prevención ante este fenómeno

¿Qué puede avisarnos de la posible llegada de un 'tsunami'?

Si por alguna causa (un terremoto de grado superior a 8 en la escala de Richter, un gran deslizamiento en el fondo o en la costa, una erupción volcánica o el impacto de un meteorito) se produce un movimiento muy brusco de una gran masa de agua ("efecto pistón"), casi con toda seguridad, se generará una "onda solitaria" de gran periodo (entre 10-20 min.), que comenzará a propagarse en forma de onda circular, a una gran velocidad en función de la profundidad del mar. Así para una profundidad de 4.000 metros, como ha sido el caso del tsunami reciente del sudeste asiático, la velocidad alcanza la increíble cifra de 700 km/h, la velocidad de un avión. Su longitud de onda (distancia entre dos crestas consecutivas) es enorme, superior a 550 kms. Sin embargo, su altura es muy pequeña, solo del orden de 0.5 a 1 metro, no apreciable por ningún barco que se la encontrara. Una vez que esa mortífera "onda solitaria", preludio de un potencial maremoto, comienza a viajar, ya es imposible detenerla. Su efecto terriblemente destructor se produce al acercarse a la costa, al originarse una drástica disminución de la velocidad y de su longitud de onda, al entrar en aguas poco profundas, lo que motiva, al tener que conservarse su enorme masa de agua, el que la altura de la ola aumente monstruosamente, habiéndose detectados tsunamis con alturas de 20 a 30 metros. Se tiene constancia histórica de olas de 18 metros de altura en el maremoto que asoló Cádiz en 1755. El efecto destructor lo origina, no solamente la altura de la ola, sino la enorme masa de agua asociada, apilada toda ella por encima de su nivel medio, sin romper, entrando sobre la playa a una gran velocidad. Para el caso del maremoto de Cádiz de 1755, a 5 metros de profundidad, ya cerca de la costa, aparecería una ola de 18 metros de altura, con una masa de agua apilada en más de 4 kms. de longitud, sin romper, a una velocidad de unos 25 kms/h. Unos minutos antes de la llegada de cualquier tsunami suele producirse una gran "retirada anormal" del nivel del mar, muy rápida, del orden de 500 a 1.000 metros, o más, que sorprendentemente, deja "en seco" la playa, mostrando sus bajos rocosos en toda su magnitud, donde los hubiera, con toda su vida marina existente, pescados vivos incluidos, lo que de no conocerse, puede convertirse en una "atracción fatal" para cualquier usuario de la playa o paseante, que no conozca el significado de tan extraño fenómeno, quizás la única señal natural conocida por los humanos, para intentar salvarse, durante ese par de minutos. Los animales, sin embargo, parecen tener un sentido extraordinario que les alerta de las catástrofes naturales, como lo prueban, por ejemplo, la huida de los elefantes, utilizados para muchos trabajos de obra pública, en Sri Lanka, minutos antes de que llegara la gran ola. Ese fue el aviso, según cuentan los periódicos, que hizo que Tilly Smith, la niña inglesa de 10 años, salvase a unos cien bañistas en la playa de Maikhao, en la famosa isla de Pukhet, en Tailandia. No hemos leido en los periódicos españoles, sin embargo, el que otro aviso de llegada inmediata de un tsunami, es también el efecto contrario, el de un rápido y continuo "llenado anormal" de agua sobre la playa seca, durante unos escasos minutos. Ello se produce cuando la onda avanza en cresta. Hay que decir también que este efecto resulta "menos extraño" para los usuarios de las playas, que pueden confundirlo con el pico de las pleamares y con las anormalmente grandes excursiones de agua que se producen cuando se aproximan las olas en forma de grupos, fenómeno conocido en ingeniería de costas, como surf beat, que es una especie de ola gran periodo, comparada con el oleaje normal, y que hace que de vez en cuando, tengamos que mover hacia atrás nuestras sombrillas y pertenencias. Algún "extraño fenómeno", como titulaba Diario de Cádiz, sucedió en la playa de La Victoria a las dos de la tarde en septiembre de 1957: "A las dos de la tarde del día 24, los usuarios de la playa Victoria se vieron sorprendidos por un extraño fenómeno que causó la alarma de todos. El agua empezó a subir de manera vertiginosa, acompañada de un fortísimo oleaje, de tal manera que rompió el muro de contención en que se hayan colocadas las casetas de mampostería. Fue tal la fuerza del mar que las casetas de madera fueron arrancadas de cuajo y la mayoría de ellas llevadas hasta mar adentro, desapareciendo en el horizonte...". Si fue un pequeño tsunami, asociado a algún movimiento sísmico, o no, sería un aspecto interesante de estudio.

¿Podemos defendernos de una fenómeno natural tan mortífero?

Excepto para sitios muy localizados, como en alguna isla del Japón, en donde estadísticamente se sabe que puede presentarse un tsunami cada, por ejemplo, 15 años, puede pensarse en la construcción de una gran muralla o dique que defienda a la población. En el resto de los casos, que son la mayoría, solo cabe hablar de métodos de prevención para avisar de la posible llegada de un tsunami, incluyendo los métodos de educación ciudadana ante estas catástrofes. En general, la única posibilidad es la de intentar salvar el mayor número posible de vidas, mediante la evacuación organizada, en el menor tiempo posible. No debe olvidarse que la planificación territorial del litoral también es un instrumento que puede ayudar a aminorar los efectos de cualquier gran oleaje, sin que llegue a ser un tsunami, sobre todo en el retroceso de las olas, cuyo efecto siempre es el más perjudicial. Las pantallas de edificios reflejan parte del oleaje y las grandes superficies pavimentadas hacen que las olas vuelvan hacia la playa con más fuerza, que en el caso de una playa natural.

En la ciudad de Hilo, en el archipiélago Hawaiano, que fue atacado por dos grandes tsunamis, en 1946 y 1960, se rediseñó la ciudad después de la segunda catástrofe, creándose amplias zonas de parques, sin edificios, en las áreas donde los tsunamis destruyeron las edificaciones, transformándola en una ciudad más segura y mejor desarrollada, desde los puntos de vista urbanístico y medioambiental. Se hace cada vez más necesaria la implantación de nuevos Centros de Alarma de Tsunamis, similares al existente en el Pacífico, con personal altamente especializado, que cubran con sensores las zonas oceánicas susceptibles de ser atacadas por tsunamis. El reciente tsunami del sudeste asiático sin duda va a potenciar el desarrollo de estos centros y las técnicas de detección y modelística asociadas, al menos para las zonas afectadas, a tenor de la información a la que tenemos acceso.

¿Merece la pena tomar medidas para el litoral gaditano? ¿De qué tipo y qué consecuencias tendrían?

En tanto no se implante un sistema de detección de tsunamis para los océanos Atlántico y mar Mediterráneo, parecido al existente en el Pacífico, con su protocolo de actuación correspondiente, solamente queda el recurso de la educación y prevención ciudadana ante estos fenómenos, conjuntamente con un sistema sencillo y eficiente de evacuación organizada. Primeramente debe divulgarse, de forma no alarmista, pero clara, las consecuencias de una catástrofe natural de este tipo, explicando su origen y sobre todo alertando de sus dos "avisos naturales" explicados anteriormente. De igual forma debe indicarse la forma inmediata de proceder: evacuación inmediata de la playa y búsqueda de alturas del orden de un tercer o cuarto piso, evitando la utilización de rutas a nivel del mar. A título de ejemplo, la salida de Cádiz- San Fernando, a lo largo de la playa de Cortadura, sería una "trampa mortal", al encontrase con dos olas que entrarían desfasadas unos minutos, la del exterior y la del interior de la Bahía, como ya lo fue en el maremoto del 1 de noviembre de 1755, para los pocos usuarios- arrieros la mayoría- que por allí transitaban. La acertada actuación del gobernador de la ciudad, cerrando las puertas de la ciudad, impidió que el número de víctimas fuera mayor. Toda esta divulgación inicial, sencilla, pero fundamental para la concienciación ciudadana, debe realizarse primeramente desde los colegios, mediante charlas específicas por personal formado en este tema, sin crear miedo entre los más pequeños, pero si concienciación, similar al de cómo actuar ante un incendio. Los mismos profesores, una vez formados, pueden transmitirlo en sus clases y asignaturas respectivas, Así, las asignaturas de conocimiento del medio, ciencias y física, serían las más adecuadas para su difusión pedagógica, con especial incidencia en los aspectos geográficos e históricos del litoral andaluz y en particular del gaditano- onubense, en donde existe evidencia histórica de estas catástrofes marinas. En este sentido, el autor de este artículo ya ha tenido la experiencia de haber sido invitado a dar una conferencia sobre este tema en un instituto de Chiclana para unos 150 alumnos de 16 a 17 años, con un resultado muy gratificante, a tenor de la enorme atención de tan joven audiencia y de la encuesta realizada tras la charla.

El siguiente paso, bajo la coordinación de los organismos estatales, autonómicos y municipales correspondientes, sería el de la adecuada difusión de cómo proceder ante un aviso o llegada de un tsunami, en lo que respecta a la evacuación organizada, en donde Protección Civil debe de jugar un papel relevante. El planteamiento de esta difusión de información, con su señalización correspondiente, debe llevarse a cabo adecuadamente, de forma consensuada con el sector turístico, sin que se origine ningún tipo de señal de alarma de que se aproxima la llegada eminente de un gran tsunami. Todo lo contrario. Debe realizarse dando la impresión de que se está en un país concienciado por este tipo de catástrofes, que aunque muy poco frecuentes y lejanas en nuestro litoral, ocurrieron históricamente, la última hace 250 años, con el fin de prevenir e indicar a los ciudadanos cómo actuar, tanto en el litoral gaditano, como si estuvieran de turismo en otro país. En los tiempos actuales y tras el maremoto del sudeste asiático, este tipo de conducta sería positivo, al menos dentro del sector turístico internacional, profundamente conmocionado por la falta de información de los países afectados ante estas catástrofes naturales.

Una vez desarrollada una red de alarma de tsunamis a escala internacional, de la que formara parte España, cabría ya desarrollar simulacros de evacuación ante tsunamis, como se hace por ejemplo en Estados Unidos y Japón. Entre tanto, y desconocemos el tiempo que ello tardará, debería existir algún protocolo de actuación intermedio, que al menos avisara de la ocurrencia de un terremoto potencialmente capaz de generar un tsunami (superior al grado 8 en la escala de Richter), con el fin de prevenir a la población, de acuerdo con los planes territoriales desarrollados. La coordinación con el Instituto Andaluz de Geofísica y Desastres Sísmicos sería de vital importancia. De producirse el terremoto en la misma falla que el de Lisboa, sabemos por la historia, por cálculos sencillos y por modelos matemáticos sofisticados, que el tiempo de reacción sería únicamente de media hora para la costa de Huelva y menos de una hora para el litoral gaditano. Es muy poco tiempo, salvo que exista un plan territorial de actuación en nuestro litoral y un mínimo de concienciación y educación ciudadana ante estos fenómenos. ¿Vale la pena entonces trabajar en esa línea ante esas presumiblemente lejanas catástrofes, mientras no se desarrolle un sistema internacional de alarma de tsunamis? Muchos pensamos que sí y seguiremos transmitiendo, a los colegios que nos inviten, los mínimos conocimientos necesarios para dar la oportunidad de que alguien y en cualquier lugar pueda salvar a mucha gente. Como le sucedió a la pequeña Tilli Smith al recordar lo que le habían explicado en su colegio.


Fuente: Diario de Cádiz
Fecha: 28/03/05

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