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Gustavo de Arístegui


Diplomático, diputado y portavoz del PP en la Comisión de Exteriores del Congreso.

Liderazgo político en catástrofes


Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que Estados Unidos no será el mismo país después de esta tragedia. Uno de los cambios fundamentales es que probablemente haya muerto la corrección política, quien le dio la puntilla fue el valiente alcalde de Nueva Orleáns, C. Ray Nagin, que ha puesto el dedo en una enorme y supurante llaga.

En este principio del siglo XXI hay una importante crisis de liderazgo. En los momentos más duros y angustiosos los ciudadanos de las más importantes democracias del planeta quieren que sus políticos estén a la altura de las circunstancias, que sean verdaderos líderes, que estén al pie del cañón, trabajando y dando ejemplo.

C. Ray Nagin no sólo ha hecho eso, ha denunciado las deficiencias, ha criticado la falta de intensidad, la lentitud, la falta de diligencia y eficacia de la ayuda estatal y federal. Lo ha hecho dando ejemplo de dedicación a su ciudad y los más necesitados, poniéndose al frente de los funcionarios municipales, servicios de emergencia y policía, que no han descansado desde hace casi una semana. Nagin ha reventado los convencionalismos, ha destrozado la corrección política y, sin perder la calma, fue contundente hasta extremos insospechados en una quizás histórica y emocionante entrevista en CNN radio, en la que usó lenguaje duro, en ocasiones malsonante, para dejar clara su indignación e impotencia, pero no la falta de esfuerzo de los servidores públicos, médicos, enfermeras y voluntarios, alabando los miles de actos de heroísmo anónimo que se han producido y que nunca podrán ser suficientemente agradecidos ni reconocidos. El alcalde se ha convertido en un símbolo de la grandeza humana frente a los miserables que cometen actos de pillaje o los francotiradores que atacan a los servicios de rescate. A las cosas hay que llamarlas por su nombre.

La nación ha vuelto la mirada desesperada hacia sus líderes y ha encontrado una respuesta lenta e insuficiente por parte de las autoridades con más medios. La ausencia de liderazgo claro del presidente Bush está empezando a pasarle una abultada factura en términos de credibilidad. En momentos como este son necesarios más reflejos y más acción, además de los excelentes discursos pronunciados. Es la hora de los hechos.

El teniente general encargado de las operaciones por el Pentágono ha demostrado dotes de mando unánimemente elogiadas por los medios estadounidenses. En momentos desesperados, la ciudadanía necesita a sus héroes, muchos son anónimos, otros deben tener nombre y apellidos, ser conocidos, modelos sociales. Ya lo explicó Carlyle en su imprescindible libro «Los héroes». Cuando uno ha perdido toda esperanza, va el género humano y lo da todo de sí mismo, siempre en las horas más oscuras.

Suplemento Temático: Sistemas de Emergencia


Fuente: www.abc.es
Fecha: 04/09/05

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