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Etapas de islamización


¿Es inseparable el avance islamista del avance islámico? Intelectualmente es posible, y cultural y teológicamente el tema es de una enorme complejidad: demasiadas veces se despachan groseramente asuntos religiosos complicados, y el del uso del hiyab es uno de ellos. No entraremos aquí en ello, y dejaremos que rigurosos islamólogos y frívolos tertulianos traten el tema a su manera. Pero entraremos en lo que para nosotros es el tema fundamental, por encima del tema de los derechos, de la educación y del valor religioso de la prenda: el significado histórico y estratégico del asunto, que es lo relevante.

Lo trascendental, se quiera ver o no, es el avance en términos demográficos e ideológicos del mundo musulmán en Europa. No sabemos si el fenómeno de la musulmanización europea podría darse al margen del islamismo radical, pero lo cierto es que cuanto más crece el primero más lo hace el segundo; de hecho, las minorías más radicales –defensoras del terrorismo, obsesionadas con Al-Andalus, impulsoras de la judeofobia– son las que más trabajan para islamizar las sociedades occidentales. Son las que hoy copan asociaciones y organizaciones islámicas de referencia. Mientras los musulmanes europeos tengan como representantes comunes a islamistas radicales, difícilmente podrá separarse el auge del islam de los métodos de éstos para expandirlo. Métodos de islamización social que se despliegan en tres pasos distintos de imposición social.

En primer lugar, los primeros casos de islamismo social aparecen como algo aislado, de manera que no son tomados en serio ni por las autoridades ni por los ciudadanos en cada país. No se trata de conflictos casuales, sino que generalmente responden al impulso que llega desde mezquitas o centros islámicos –caso del presidente del de Pozuelo– muy comprometidos con la islamización. Nuestros países afrontan el problema en terminos de "derechos" y de "cultura", enzarzandose en discusiones interminables, como las que hoy ocurren en España. Mientras, los casos aumentan poco a poco hasta hacerse tan habituales que al final dejan de generar polémica. Por cansancio, por tolerancia o por falta de convicciones, la sociedad huésped acaba permitiendo que usos y costumbres sociales ajenas se instalen en su seno, como algo multicultural y exótico.

En una segunda etapa, el uso de velo ha dejado de ser algo aislado, y se ha vuelto algo socialmente corriente y que parece inofensivo. Así que comienzan a aparecer otras manifestaciones y reivindicaciones más radicales: desde ropajes hasta exigencias de una doble legislación o reivindicaciones contra iglesias y catedrales. Con el umbral de tolerancia occidental más alto, se produce con estos fenómenos la misma reacción que en la primera etapa, pero de manera más radical: los imanes han ganado poder ante los suyos y los representan ante los demás. El islamismo, en el interior de la comunidad musulmana, se hace asfixiante; y hacia el exterior, más reivindicativo y agresivo. En su fase más avanzada, comienza a observarse agudamente como un problema para la libertad y la paz. Francia, Bélgica u Holanda se encuentran en esta fase, que ha provocado la necesidad de tomar medidas. España va camino de ella.

En una tercera etapa, lo que antes era aislado y después corriente se va volviendo obligatorio gracias a la presión social sobre las mujeres. En las comunidades musulmanas ninguna mujer va ya con la cabeza al descubierto; son obligadas a cubrírsela. Poco a poco, la presion se extiende a las no-musulmanas en lugares con mayoria musulmana. Así, mientras el corazon de la comunidad islamica se fanatiza con manifestaciones cada vez más radicales, que incluyen el sometimiento femenino moral y fisico, el anillo exterior se amplía, parasitando nuevas sociedades o capas sociales. Ocurre con el avance islamista hacia el sur de África, con los países ya musulmanes de por sí caídos en la desgracia islamista, y también en barriadas europeas –británicas, por ejemplo. Hablamos ya aquí de una islamización completa, de países, de barrios o ciudades. El triple proceso se produce de sociedades no islámicas al islamismo y de sociedades islámicas al islamismo radical.

España se encuentra entre el primer estadio y el segundo, razón por la cual sería deseable una reacción institucional firme y sólida. Claro que la causa del problema está en la ausencia de esta reacción, lo que hace que podamos pensar ya en qué va a hacer nuestro país cuando la segunda etapa, que es la que usualmente hace reaccionar a los países, vaya madurando. Ahí estará la clave en nuestro país.

 

 

Especial: Foro para la Paz en el Mediterráneo

 


Fuente: www.libertaddigital.com
Fecha: 23/04/10

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