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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Francisco Ángel Cañete Páez


Profesor mercantil, economista y Comandante de Infantería
Caballero de la Orden de San Raimundo de Peñafort


En el Sexto Centenario del asedio y conquista de la Plaza de Antequera por el Infante Don Fernando de Castilla (1410-2010)


BREVE  PREFACIO LAUDATORIO.-   Se cumple, en este año 2010 por el que transitamos, el VI Centenario del asedio y conquista de la importante Plaza de Antequera, por el Infante Don Fernando de Castilla, hijo menor del Rey Don Juan I y de su esposa Doña Leonor de Aragón y hermano de Don Enrique III “El Doliente”, Regente ( junto con su cuñada Doña Catalina de Lancaster) de su sobrino el Rey Don Juan II, niño  a la sazón, el año de la conquista, de tan sólo seis años de edad . Con la toma  de Antequera, quedaba abierta la puerta para dar el gran salto a la conquista de Granada, en el Reino Nazarí, y acabar de ese modo con la dominación árabe en nuestra Patria. Sin embargo, ni Don Juan II de Castilla, y mucho menos su hijo y sucesor Don Enrique IV “El Impotente”, fueron capaces de llevar a efecto una empresa tan fabulosa, que se vería demorada nada menos que en ocho décadas, pues no sería hasta 1492, cuando la hermana (tan sólo de padre) de Don Enrique, Doña Isabel y su esposo Don Fernando, culminaran  esa ya larguísima guerra de “Reconquista”, con la toma de Granada, y la expulsión total de los árabes de la Península.  

 

En cuanto al Infante Don Fernando, educado desde niño en el aprendizaje del noble oficio de las armas, desde su juventud, dejó sentir con fuerza en su corazón, ese sublime “Espíritu de Cruzada”, que había latido en el pecho de sus ilustres antepasados los Reyes de León y de Castilla. Las Crónicas medievales nos lo definen como “Modelo de prudencia, orientando su actividad por el siempre glorioso derrotero de la Reconquista”. Y en lo relativo a su espíritu nos dicen que “era Don Fernando, hombre de ánimo entero y digno, que se aprestó a gobernar teniendo como único norte el bien del reino, y para lograrlo disponía de excelentes cualidades políticas y muy pronto se acreditó como notable caudillo militar.” Tras la conquista de Antequera (1410), el Infante Don Fernando sería llamado, por el Compromiso de Caspe, a ceñir la Corona de Aragón (1412), reinado, que si bien breve, pues la muerte le sobrevino tan sólo cuatro años más tarde de su nombramiento, puede afirmarse que lo llevó a efecto haciendo patente unas altas dotes de prudencia, sabiduría, justicia y amor hacia sus súbditos. Don Fernando de Antequera (El Rey Don Fernando I de Aragón), falleció en Igualada el 2 de Abril de 1416. 

Al plausible objetivo de conmemorar el VI Centenario de la Toma de Antequera (Año de 1410), y como modesto homenaje al Infante Don  Fernando y a todos los Caballeros y soldados que colaboraron en tan magna empresa, van dedicadas las presentes y emocionadas líneas.

I- La frontera entre Castilla y Al Andalus, a la muerte del Rey Enrique III, El Doliente.- 

El 25 de Diciembre de 1.406, fallecía en Toledo el Rey Don Enrique III, dejando la Corona de Castilla a su hijo y sucesor el Príncipe Don Juan, que reinaría como “Segundo” de este nombre, tierno infante a la sazón, de tan sólo un año  y medio de edad; encargándose de la Regencia su madre la Reina Doña Catalina de Lancaster (la primera Princesa de Asturias de nuestra Historia), compartida con el hermano del difunto monarca, el Infante Don Fernando, que ejercería también como tutor de su regio sobrino.

Como es de suponer, no faltaron cantos de sirena ni proposiciones más o menos veladas, no ya tan sólo por parte de la nobleza, sino también del pueblo llano, para que Don Fernando se alzase con el poder y se elevase hasta el Trono. Pero éste, acatando con el mayor respeto las decisiones testamentarias de su hermano, a la par que demostrando un gran cariño y lealtad hacia su sobrino, hizo caso omiso a estas insinuaciones y aún más, convocó con urgencia Cortes en Toledo, para que jurasen como Rey al pequeño Don Juan. (Cuán lejos estaba el Infante Don Fernando de saber entonces, que pocos años mas tarde, la decisión de unos compromisarios reunidos en Caspe, lo habían de elegir para Rey de Aragón).

En este tiempo, la frontera de Castilla con Al Andalus, corría desde la costa atlántica, cerca de Algeciras, a pasar por el oeste de Jimena y de Ronda, curvándose después hacia el este, para, pasando por el norte de Antequera, Archidona y Loja, acercarse algo hacia Lucena, para pasar muy cerca de Alcalá la Real, dejando atrás Alcaudete y buscando por el norte la cercanía de Baza, acercarse a la costa mediterránea por las inmediaciones de Águilas. En cuanto a la situación político-militar, se daba la circunstancia de que, en Mayo de 1.408, había fallecido el Rey moro de Granada Muhammad VII, quien tenía establecida una tregua con el Rey de Castilla Enrique III; tregua que, sin embargo aquél había quebrantado –en vida aún del Rey Enrique- al asaltar por sorpresa en 1.405, la fortaleza de Ayamonte ( o Aymonte) cercana a Olvera y posteriormente, su hermano y sucesor Yusuf III (por cierto, elevado al trono granadino desde los calabozos del castillo de Salobreña, donde su hermano lo tenía confinado) atacase, sin previa ruptura de tregua, el castillo de Priego, tomándolo y asesinando a la guarnición que ya había capitulado. Este inicuo proceder enardeció el ánimo del Infante Don Fernando, por lo qué, considerando rota la tregua con el Rey de Granada, se dispuso a hacerle la guerra, estimando que era llegado el momento  de dar inicio a la campaña, que había de tener como resultado la conquista de la importante plaza fronteriza de Antequera, con cuyo sobrenombre pasaría a la Historia.

II.- Marcha sobre Antequera y accesos a la plaza.-

En los primeros días del mes de Abril de 1.410, estableció el Infante Don Fernando su Real en el alcázar de Córdoba, donde convocó a Consejo a sus nobles y capitanes, para definir el objetivo de la campaña. Reunido éste, opinaron unos que la plaza a conquistar debía ser Baza, por ser tierra llana y mas fácil su ataque; otros, que fuese Gibraltar, ya que podría atacarse también por mar con el apoyo de la flota castellana; otros, en fin, que Ronda, por su indudable importancia estratégica; sin embargo, el Infante, con una clara visión de futuro se decidió por Antequera, al estar situada esta importante plaza en el centro de la frontera y cuya posesión sería de gran valor y utilidad para ulteriores operaciones.

Zanjada pues la cuestión sobre la plaza a conquistar, el 21 de Abril de 1.410, salió de Córdoba Don Fernando con su ejército, sobrepasando Écija al día siguiente y reanudando su marcha, plantó su Real en Alhonoz, ya en término de Estepa. Allí se detuvo el Infante, al ser sorprendido por un gran temporal de agua y viento, y quedó a la espera de refuerzos que les traería desde Sevilla  el Adelantado Mayor de la Frontera Don Pedro Afán de Rivera, quién ofreció al Infante la espada de San Fernando para que le ayudase en su campaña; y cuenta la CRÓNICA que Don Fernando salió al encuentro del portador de tan simbólica arma, y al serle entregada se arrodilló y besó devotamente la “manzana”, esto es, el pomo de la misma.

Aún no había amanecido, en la larga madrugada del 25 de Abril, cuando el Infante Don Fernando ya se encontraba al frente de su ejército( compuesto por “hasta dos mil é quinientos hombres de armas, é mil ginetes, é hasta diez mil peones”, según nos refiere la “CRÓNICA) en las inmediaciones del Rio Yeguas, cuando, al parecer, surgió una fuerte controversia entre sus capitanes, sobre la conveniencia o no de retrasar el cruce del rio, muy caudaloso en esos días por la gran cantidad de agua caída, cuando el Infante los cortó en seco diciendo :”Partimos, señores; crucemos el río; sálganos el sol por Antequera... y sea lo que Dios quiera”.El ejército cristiano cruzó el rio sin novedad, y desde entonces acá, la célebre frase de Don Fernando quedará para la historia, al pronunciarla cuando hemos de emprender una acción o tomar una decisión, que lleve implícito en sí misma un marcado factor de incertidumbre. 

 

III.- Establecimiento del sitio.-

A comienzos del Siglo XV, la Villa de Antequera, fuertemente amurallada, estaba situada sobre una antigua plaza romana, cuyos vestigios hacen suponer que era de mayor extensión que la musulmana. En su cota más alta, un imponente castillo árabe de marcada arquitectura almohade, que alzándose majestuoso sobre la plaza, venía a constituir, sin duda, el más importante bastión de su defensa. Sobre el frente noroeste de la antigua plaza se conserva la puerta antigua de la villa, transformada mas tarde en arco monumental en honor de Felipe II.

Llegado el ejército cristiano ante las murallas de Antequera, el Infante Don Fernando, mandó plantar sus tiendas en la falda del cerro de la Cruz, en el lugar que ocupa ahora el mercado y la antigua iglesia de San Zoilo, junto al convento de Padres Franciscanos. Al día siguiente de su llegada, ordenó el Infante reconocer con detalle el terreno que circunda la plaza, así como la ocupación, por parte de su ejército, de dos alturas dominantes de gran importancia estratégica, desde donde  fue atacada en 1.339 por el Rey Alfonso XI, y obligado a levantar el asedio por parte de las tropas enviadas por el Rey moro de Granada, en socorro de dicha plaza. Ahora, de nuevo, setenta y un años mas tarde se repetía dicha operación, pues en cuanto el Rey de Granada tuvo noticia de la salida del ejército cristiano, y de que su objetivo era Antequera, ordenó las necesarias levas para reunir con urgencia un numeroso ejército para socorrerla, poniendo a su frente a sus hermanos Muhammad y Alí, llegando el día 4 de Mayo a la Villa de Archidona, situada a unas dos leguas de Antequera, dispuestos a hostilizar desde allí al ejército cristiano.  Al día siguiente, 5 de Mayo, presentó batalla Don Fernando, siendo vencidos los moros en el paraje conocido como “La Boca del Asno”, destacando por su ardor en la pelea los caballeros mandados por Don Lope Ortiz de Estúñiga, Alcaide Mayor de Sevilla, que encontró la muerte sobre el campo de batalla.


IV.- Las “Bastidas” o máquinas de guerra, utilizadas en la conquista de Antequera, se construyeron en la ciudad de Sevilla.-

Vencido el ejército granadino, el Infante Don Fernando, reanudó sin demora los preparativos para el asedio y posterior asalto a las murallas de Antequera. Conocedor del arte de la guerra, de sus lecturas, recordaba el Infante que las legiones romanas utilizaban en el asalto a plazas fuertemente fortificadas, unas impresionantes máquinas de guerra, denominadas “bastidas”, definidas por los historiadores como “máquinas o castillos de madera, mas altas que las murallas, que se articulan con ruedas y que infundían en los sitiados tan gran horror y espanto, como si no hubiesen de oponer resistencia a los peones y ballesteros que, dispuestos al asalto, iban en ellas”.

A falta de estos ingenios en el ejército del Infante, pronto llegó a su conocimiento, de que en la ciudad de Sevilla residía un hábil maestro carpintero, llamado Juan Gutiérrez, natural de Carmona, que ya había acreditado sus buenas dotes en la construcción de bastidas, que incluso se habían llegado a emplear en la guerra contra Portugal en tiempos de su hermano Enrique III.
Encargó Don Fernando al tal Gutiérrez, la construcción, a la mayor urgencia, de dos bastidas, así como de una gran torre o escala de asalto, dotada de un armazón interior para servir de protección a los peones y ballesteros que habían de subir por ella.  Trabajó de firme Juan Gutiérrez y sobre finales de Mayo de 1.410, tuvo por finalizado su trabajo (no he podido averiguar cuanto cobró por tan importante obra),por lo que de inmediato, dispuso el Infante Don Fernando la salida de Sevilla de las bastidas y escala de asalto recién construidas, formando un impresionante convoy de 360 carretas, escoltado por 1.200 hombres de a pié, ballesteros y lanceros, al mando de Don Fernán Rodríguez de Monroy.  Sucedió, sin embargo, un grave problema a la salida de la ciudad, y es ello, que las bastidas (que habían sido construidas en secreto en el Alcázar de Sevilla), al ir a sacarlas por la Puerta de Jerez no cabían por ella las largas perchas en la maniobra de reviro: por lo que hubo de echar abajo parte de la muralla, y dícese que los sevillanos, al enterarse del derribo, comentaron con sorna “Que para ganar Antequera había sido preciso romper la de Sevilla”. (Refiriéndose a las murallas, naturalmente).

Llegado el convoy sin novedad a Antequera (hicieron el recorrido en siete días, lo cual me parece todo un récord, dada la magnitud del convoy y el estado de los caminos andaluces al inicio del siglo XV), el Infante ordenó armar las bastidas y la torre de asalto, para acercarlas a la zona amurallada, donde tuvo que ser cegado un gran foso que lo impedía. Se pusieron a ello los peones, pero al ir poco protegidos sufrieron gran mortandad por los tiros de ballesta de los sitiados; por lo que, al observar el Infante que se mostraban remisos para efectuar tal faena, desmontó de su caballo y tomando en sus manos una de las espuertas llenas de tierra, caminó a pecho descubierto bajo una verdadera lluvia de flechas y viratones y la vació en el foso diciendo:
“Habed vergüenza y haced lo que yo hago”. Ni que decir tiene, que al punto le secundaron  todos los caballeros, escuderos y hombres de armas y “dándose gran prisa, el foso fue cegado muy pronto”.

El día 27 de Junio, allanado ya el terreno y situadas las bastidas y torre de asalto junto a la muralla, ordenó Don Fernando un primer asalto, resultando éste fallido, pues la escala se había quedado un poco corta en su construcción, en la altura mas o menos de un hombre; por lo que el Infante hubo de desistir , mostrando su enojo, dice la CRÓNICA,  por haber sido mal calculada la longitud de la escala, y encargando seguidamente a Córdoba y Sevilla que le fuesen enviados grandes pinos para reconstruir la misma, y en el entretanto y para mantener el espíritu combativo de sus hombres, dispuso se hiciesen incursiones por el campo enemigo, en dirección  a Málaga y Archidona, y aún acercarse a Loja y Granada.

V.- Asalto definitivo y conquista de la Plaza.-

En esta situación, iba transcurriendo lento y tedioso el verano de 1.410. Reparada la torre, y para conseguir una mejor maniobra en las bastidas, le habían aconsejado al Infante traer marineros de Sevilla, gente muy diestra por su analogía en los trabajos que realizaban en los barcos, naos y galeras anclados en el puerto sevillano.  Hasta el Real de Antequera llegaron cuarenta y cinco de estos marineros, al mando del contramaestre de las Atarazanas Rodrigo Alonso, y su actuación en la toma de Antequera fue tan eficiente que dice la CRÓNICA: “Que cada vez que el Infante quería mover las bastidas y la escala los requería al punto, y como eran hombres muy diligentes, fascíanlo de cabal manera”.


Dispuesto al asalto definitivo, el día 15 de Septiembre, reunió Don Fernando a sus nobles y capitanes, a los que hizo saber que al alba del siguiente día habían de asaltar la torre principal de la villa. Muy de mañana –del día 16- oyó misa el Infante como era su costumbre, acompañado por los grandes y caballeros principales. Terminada que fue, se puso detrás de las bastidas e hizo que pareciese que en el Real se hacía la vida ordinaria. Sin embargo Don Fernando, tenía concertadas unas señas con Juan Gutiérrez de la Torre (el carpintero sevillano constructor de las mismas, a quien el Infante había nombrado “Maestre de Bastidas”), en el sentido de que mientras tuviese el puño de la mano derecha cerrado, una vez acercada la escala, debería tenerse ésta “erguida y quieta” y cuando lo abriese e hiciese señas para sí, debería echarla sobre la torre.

Todo se hizo cual si se tratase de un ensayo, mas en esta ocasión la cosa iba en serio; pues cuando el Infante le hizo a Gutiérrez la señal convenida, los hombres de armas subieron prontamente por la escala conducidos por el bravo capitán García Fernández  Manrique. Se echó la compuerta sobre la torre de la muralla y los soldados del Infante se lanzaron al asalto y pelearon tan recio, que pronto no quedó un defensor vivo en la plataforma de la torre.

Conquistado el torreón principal y tomado el postigo que da acceso al interior de la plaza, penetraron por él las tropas de Don Fernando, retirándose los moros a través de callejuelas situadas bajo los adarves de la muralla, hasta un castillo que coronaba la parte mas alta de la plaza. Refugiados en el castillo, su Alcaide Al Karmen, vista la situación, y sin esperanza alguna de recibir auxilio del exterior pidió, al cabo, capitulación y parlamento.  Aceptadas las condiciones por parte del Infante Don Fernando, en la mañana del día 24 de Septiembre de 1.410, hizo éste su entrada solemne en la plaza, recibiendo las llaves de manos de su Alcaide Al Karmen, y ordenando, que de inmediato, se izase el pendón de Castilla en lo más alto de la torre del homenaje. La Villa de Antequera y su castillo, quedaban desde ese día, incorporadas a la Corona de Castilla, en nombre del Rey Don Juan II.

En Antequera, con gran solemnidad, se bendijo el templo, con el nombre de San Salvador, que se instaló en la misma mezquita musulmana. Después de la misa, tomó juramento el Infante a Don Rodrigo de Narváez, a quien nombró Alcaide de la plaza, por su gran valor y arrojo demostrado en su conquista.  El día 3 de Octubre, levantó el Infante el campo, tomando el camino de Sevilla por Écija, Carmona y Alcalá de Guadaira.  El recibimiento en Sevilla fue apoteósico, devolviendo con toda solemnidad la espada del Rey San Fernando, ante cuya tumba oró devotamente el Infante.(1)  De Sevilla partió para Guadalupe y de allí siguió a Toledo, pasando seguidamente a Valladolid, donde el Rey y la Reina Madre “le ficieron mucha honra”, como merecía el resultado de su campaña que aseguraba una plaza clave, para acometer en su día la fase definitiva de la Reconquista.  Dos años mas tarde (1.412) el Infante Don Fernando, sería elegido por el “Compromiso de Caspe” para ceñir la corona de Aragón, donde reinaría como Don Fernando I, si bien la Historia le recordará siempre, no tanto con este título real, sino con el sobrenombre de la plaza que conquistase con tanto ardor y bizarría: Don Fernando “El de Antequera”.

 

NOTAS

1. El año 1410, en que la hueste del Infante Don Fernando conquistan Antequera, no había sido elevado a los altares el Rey de Castilla y de León Don Fernando III. Habría de transcurrir aún un largo período de 261 años, hasta que en 1671, El Papa Clemente X lo proclamase santo.

BIBLIOGRAFIA

-Archivo Colombino de la Ciudad de Sevilla.
-CRÓNICA del Serenísimo Príncipe Don Juan, Segundo deste nombre en Castilla.-
         (Logroño, 1.517)
-Historiarum Ferdinandi Regis Aragoniae (Libri III).-)Roma,1.446 y París, 1.521.
-MARTINEZ VALVERDE.- Carlos.- Artículo en Revista de Historia Militar.-(Año XXI.-Nº43

 


Fuente: Belt Ibérica, S.A
Fecha: 02/07/10

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