Seguridad Pública y
Protección Civil
El sentimiento de vulnerabilidad en
NUeva York persiste a pesar del despliegue policial
Tras los atentados contra
las Torres Gemelas en Nueva York, la isla de Manhattan ha sido
militarizada. Soldados de la Guardia Nacional vigilan la "zona
cero" (el perímetro devastado del sur de la "Gran Manzana") y
guardacostas patrullan la bahía y los ríos y escoltan a los navíos.
Aún así, los ocho millones de neoyorquinos se sienten desprotegidos.
Después de los atentados
terroristas del pasado día 11, el sentimiento de vulnerabilidad
se ha convertido en el mal común de los ciudadanos del corazón de
Nueva York y el temor a nuevos atentados (incrementado por las
numerosas amenazas de bomba) ha contribuido a extender el desasosiego.
A pesar del importante
despliegue de fuerzas de seguridad, los expertos en lucha
antiterrorista aseguran que el escudo de Nueva York está lleno de
agujeros. La Policía ha levantado controles y registra los camiones
que tratan de entrar en Manhattan a través del túnel de Lincoln (que une
la isla con Nueva Jersey), pero no ha establecido filtros ni revisa los
que vienen del Bronx, Brooklyn o Queens.
Los conductores de la
línea de ferrocarril subterráneo tienen una puerta metálica que les
separa herméticamente del pasaje. Sin embargo, la mayoría de los aviones
que salen de los tres aeropuertos de Nueva York tienen cabinas
fácilmente abordables.
Entre tanto, ya no se
puede facturar el equipaje desde la acera (junto a la puerta de la
terminal) y los acompañantes no pueden traspasar ese umbral. Agentes del
FBI vigilan mostradores y pasillos, pero los encargados de examinar los
equipajes con rayos-x siguen sin estar suficientemente
cualificados.
Otros obstáculos para
garantizar la protección es la descoordinación entre Policía, FBI,
CIA y la Agencia Nacional de Seguridad, y las malas relaciones entre
los diferentes cuerpos y organismos de seguridad de la ciudad la han
hecho aún más vulnerable.
Por ejemplo, tras el
atentado en el World Trade Center en 1993, los vehículos que
entraban en los garajes eran revisados de forma más concienzuda, se
restringió la descarga de pasajeros junto a las entradas y se redobló la
vigilancia con cámaras. Pero el flujo de visitantes al mirador de la
Torre Sur y al restaurante "Windows of the World" era constante y los
agujeros en el sistema de control, abundantes. Después, con el paso
de los años, la vigilancia se ha ido relajando considerablemente.
Por otra parte, la actual
directora de la Iniciativa sobre la Amenaza Nuclear en Washington, Peggy
Hamburg, advierte de que hay que tomarse en serio la amenaza del
bioterrorismo. Por ello, la Policía ya está aplicando medidas en
torno a las 19 presas y embalses que proporcionan agua potable a los
neoyorquinos. Los sucesos del 11-S hacen temer que terroristas suicidas
puedan repetir el ataque que en
1995 perpetró la secta japonesa Aum Shinrikyo
(Verdad Suprema), cuando esparció gas sarín en el metro de Tokio, causando la
muerte de 30 personas y distintas enfermedades a otras 5.500.
Fuente: ABC
21.09.01