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Martes, 18 de septiembre de 2001


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

BUSH ORDENÓ DERRIBAR LOS AVIONES COMERCIALES INCONTROLADOS TRAS EL ATAQUE A LAS GEMELAS

El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, dio órdenes de derribar todo avión comercial que cambiara de rumbo y no obedeciera las órdenes de no sobrevolar Washington, tras el ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York hace una semana, según informó el pasado domingo el vicepresidente Dick Cheney en declaraciones a la cadena de televisión norteamericana NBC.

Bush dio su consentimiento inmediatamente después del atentado en el Pentágono y ante el temor de que nuevos "aviones suicida" tuvieran como objetivo la Casa Blanca, el Capitolio o el avión presidencial Air Force One

El vicepresidente reconoció que la decisión resultó "especialmente dolorosa" al tratarse de aviones y pasajeros estadounidenses. Sin embargo, eran órdenes necesarias para evitar la muerte de muchos inocentes. Cheney cuestionó el derribo de aviones que suponga la muerte de civiles. Pero resaltó que lo que hay que plantearse es qué se hubiera hecho si se hubiese dispuesto de una patrulla de combate sobre Nueva York y se hubiese tenido ocasión de derribar los dos aviones que se lanzaron contra las Gemelas. El presidente Bush reconoció, por su parte, que dio esta esta orden al Ejército para proteger a la población, y como último recurso.

Quizá, el ataque sufrido por el Pentágono se podría haber evitado. Finalmente, la orden de derribo no llegó a ejecutarse porque, cuando los cazabombarderos llegaron al lugar de los sucesos, todo había terminado. Los mandos de Defensa Aérea de EEUU recibieron aviso de la Administración Federal de Aviación (FAA) de que un avión comercial secuestrado (que había salido del aeropuerto internacional de Dulles hacía casi dos horas y que había sido visible en el sistema de radar mientras revertía en el Medio Oeste) se dirigía hacia Washington doce minutos antes de que se estrellase (y 23 después del ataque a la segunda de las Torres Gemelas).

Tras recibir la noticia de la FAA, Defensa Aérea ordenó el despegue inmediato de dos F-16, que partieron desde Langley, en Virginia, a 300 kilómetros de la capital estadounidense (en lugar de despegar de la base aérea de Andrews, a tan sólo 22 kilómetros del Pentágono).

Mientras tanto, las autoridades responsables de la seguridad del Pentágono fueron ajenas al peligro hasta el momento del impacto y no dieron orden de evacuación ni advirtieron de forma alguna a los 20.000 empleados del Pentágono.

Los mecanismos de urgencia demostraron ser ineficaces. La falta de coordinación, la incertidumbre y la carencia de comunicación y preparación impidieron a los responsables del Pentágono evacuar adecuadamente al personal en los 35 minutos que transcurrieron desde el impacto del segundo avión en el World Trade Center y el choque de un tercer aparato secuestrado contra el centro militar estadounidense.

Dos minutos después de que los cazas despegaran, el vuelo 77 de American Airlines se estrellaba contra su objetivo con un balance de 188 personas muertas y graves daños materiales. Quince minutos después del impacto los F-16 sobrevolaban Washington.

Por su parte, los mandos militares han destacado que, aunque los cazas hubieran llegado a tiempo a sus objetivos, no hubiesen sabido qué hacer, pues según los protocolos de seguridad aérea (que datan de los años 50), sólo estaba prevista la hipótesis de escoltar un avión secuestrado hacia un aeropuerto local o hacia espacio aéreo internacional, y nunca se había pensado en la posibilidad de interceptar aviones comerciales secuestrados en misiones suicidas contra centros urbanos, por lo que en el Ejército no se había ensayado este tipo de operación.

EEUU se plantea el "asesinato selectivo"

Tras los acontecimientos del 11 de septiembre, el Congreso de los EEUU y la Casa Blanca han empezado a plantearse la necesidad de aligerar o eliminar las restricciones a la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y al FBI (Policía Federal)  en lo que respecta a la retención de extranjeros sospechosos o el asesinato de líderes extranjeros.

Después de los ataques terroristas de hace una semana, se ha abierto un debate sobre la posibilidad, en aras de la seguridad, de ampliar el margen de maniobra para la CIA y el FBI en materia antiterrorista. Desde hace veinticinco años, la CIA tiene absolutamente prohibido planificar o intentar, directa o indirectamente, el asesinato de líderes extranjeros (como ejemplo de superioridad moral, en fiel reflejo de sus valores democráticos), así como el FBI sufre enormes restricciones judiciales a la hora de utilizar razones antiterroristas para retener extranjeros sospechosos.

Según los sondeos de urgencia, dichos cambios se encuentran respaldados por una mayoría del pueblo americano, que se sienten indefensos después de los incidentes del 11 de septiembre.

Las restricciones a la CIA han sido inspiradas, en primer lugar, en la década de los 70 ante las inquietantes posibilidades conspiratorias en torno al asesinato del presidente Kennedy, y se reforzaron en los 90 tras los polémicos esfuerzos de Reagan para detener la infiltración comunista en Centroamérica.


Fuente: El País
El Mundo
La Razón
16 y 17.09.01

 

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