Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
BUSH ORDENÓ DERRIBAR LOS AVIONES
COMERCIALES INCONTROLADOS TRAS EL ATAQUE A LAS GEMELAS
El
presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, dio órdenes de
derribar todo avión comercial que
cambiara de rumbo y no obedeciera las
órdenes de no sobrevolar Washington, tras el ataque terrorista a las
Torres Gemelas en Nueva York hace una semana, según informó el
pasado domingo el vicepresidente Dick Cheney en declaraciones a
la cadena de televisión norteamericana NBC.
Bush dio su
consentimiento inmediatamente después del atentado en el Pentágono y
ante el temor de que nuevos "aviones suicida" tuvieran como
objetivo la Casa Blanca, el Capitolio o el avión presidencial Air Force
One
El vicepresidente
reconoció que la decisión resultó "especialmente dolorosa" al
tratarse de aviones y pasajeros estadounidenses. Sin embargo, eran
órdenes necesarias para evitar la muerte de muchos inocentes.
Cheney cuestionó el derribo de aviones que suponga la muerte de civiles.
Pero resaltó que lo que hay que plantearse es qué se hubiera hecho si se
hubiese dispuesto de una patrulla de combate sobre Nueva York y se
hubiese tenido ocasión de derribar los dos aviones que se lanzaron
contra las Gemelas. El presidente Bush reconoció, por su parte, que dio
esta esta orden al Ejército para proteger a la población, y como
último recurso.
Quizá, el ataque
sufrido por el Pentágono se podría haber evitado. Finalmente, la
orden de derribo no llegó a ejecutarse porque, cuando los
cazabombarderos llegaron al lugar de los sucesos, todo había terminado.
Los mandos de Defensa Aérea de EEUU recibieron aviso de la
Administración Federal de Aviación (FAA) de que un avión comercial
secuestrado (que había salido del aeropuerto internacional de Dulles hacía casi dos horas y que había sido visible en el
sistema de radar mientras revertía en el Medio Oeste) se dirigía
hacia Washington doce minutos antes de que se estrellase (y 23
después del ataque a la segunda de las Torres Gemelas).
Tras recibir la noticia
de la FAA, Defensa Aérea ordenó el despegue inmediato de dos F-16,
que partieron desde Langley, en Virginia, a 300 kilómetros de la capital
estadounidense (en lugar de despegar de la base aérea de Andrews, a tan
sólo 22 kilómetros del Pentágono).
Mientras tanto, las
autoridades responsables de la seguridad del Pentágono fueron ajenas
al peligro hasta el momento del impacto y no dieron orden de
evacuación ni advirtieron de forma alguna a los 20.000 empleados del
Pentágono.
Los mecanismos de
urgencia demostraron ser ineficaces. La falta de coordinación, la
incertidumbre y la carencia de comunicación y preparación impidieron a
los responsables del Pentágono evacuar adecuadamente al personal en los
35 minutos que transcurrieron desde el impacto del segundo avión en el
World Trade Center y el choque de un tercer aparato secuestrado contra
el centro militar estadounidense.
Dos minutos después de
que los cazas despegaran, el vuelo 77 de American Airlines se estrellaba
contra su objetivo con un balance de 188 personas muertas y graves daños
materiales. Quince minutos después del impacto los F-16 sobrevolaban
Washington.
Por su parte, los mandos
militares han destacado que, aunque los cazas hubieran llegado a tiempo
a sus objetivos, no hubiesen sabido qué hacer, pues según los
protocolos de seguridad aérea (que datan de los años 50), sólo
estaba prevista la hipótesis de escoltar un avión secuestrado hacia un
aeropuerto local o hacia espacio aéreo internacional, y nunca se
había pensado en la posibilidad de interceptar aviones comerciales
secuestrados en misiones suicidas contra centros urbanos, por lo que
en el Ejército no se había ensayado este tipo de operación.
EEUU se plantea el
"asesinato selectivo"
Tras los acontecimientos
del 11 de septiembre, el Congreso de los EEUU y la Casa Blanca han
empezado a plantearse la necesidad de aligerar o eliminar las
restricciones a la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y al FBI
(Policía Federal) en lo que respecta a la retención de extranjeros
sospechosos o el asesinato de líderes extranjeros.
Después de los ataques
terroristas de hace una semana, se ha abierto un debate sobre la
posibilidad, en aras de la seguridad, de ampliar el margen de maniobra
para la CIA y el FBI en materia antiterrorista. Desde hace
veinticinco años, la CIA tiene absolutamente prohibido planificar
o intentar, directa o indirectamente, el asesinato de líderes
extranjeros (como ejemplo de superioridad moral, en fiel reflejo de
sus valores democráticos), así como el FBI sufre enormes restricciones
judiciales a la hora de utilizar razones antiterroristas para retener
extranjeros sospechosos.
Según los sondeos de
urgencia, dichos cambios se encuentran respaldados por una
mayoría del pueblo americano, que se sienten indefensos después de
los incidentes del 11 de septiembre.
Las restricciones a la
CIA han sido inspiradas, en primer lugar, en la década de los 70 ante
las inquietantes posibilidades conspiratorias en torno al asesinato del
presidente Kennedy, y se reforzaron en los 90 tras los polémicos
esfuerzos de Reagan para detener la infiltración comunista en
Centroamérica.
Fuente: El País
El Mundo
La Razón
16 y 17.09.01