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Jueves, 20 de septiembre de 2001


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

el fbi rechaza un ataque con armas
de destrucción masiva

El Departamento Federal de Investigación estadounidense (FBI) ha negado la posibilidad de que el enemigo “sin rostro” al que se enfrenta tras los atentados en Nueva York y Washington vaya a atentar con armas de destrucción masiva, como las químicas o las biológicas.

La alarma internacional por este tipo de ataques se disparó en 1995, cuando la secta japonesa Aum Shinrikyo (Verdad Suprema) esparció gas sarín en el metro de Tokio, causando la muerte de 30 personas y distintas enfermedades a otras 5.500.

El que fuera director del FBI, Louis J. Freech, señaló en un discurso ante el Senado en mayo pasado que no existía información creíble como para garantizar que un grupo terrorista hubiese adquirido, desarrollara o estuviese planeando utilizar agentes químicos, biológicos o radiológicos en Estados Unidos, aunque sí que ha aumentado el número de incidentes o amenazas relacionados con este tipo de agentes (éstas últimas, en su mayoría falsas).

El Instituto de Investigación de la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI) asegura en su informe de 2000 que desde finales de los años sesenta, algunos individuos y organizaciones no conectadas a ningún Gobierno han mostrado un creciente interés en este tipo de materiales químicos y biológicos. Se trata de "nuevos terroristas" (extremistas de derechas, activistas radicales en pro de los derechos de los animales o individuos envueltos en una cruzada particular para preservar los valores de su nación o vengarse de alguien, algunos con titulaciones universitarias en microbiología o química).

Las organizaciones patrióticas suelen estar caracterizadas por el antisemitismo y la xenofobia y son antigubernamentales (como movimientos de identidad cristiana, ramas del Ku-Klux-Klan o milicias neonazis radicadas en EEUU pero que también están activas en Europa).

Para el SIPRI, sólo grupos uniformes ideológicamente y altamente integrados, como las sectas, con financiación y estructura, pueden llevar a cabo una producción secreta de armas biológicas y químicas (puesto que la tanto la transformación del agente en arma como su almacenaje o diseminación son complejas).

Fuente: El País
13.09.01

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