Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
el fbi rechaza un ataque con armas
de destrucción masiva
El Departamento Federal de Investigación
estadounidense (FBI) ha negado la posibilidad de que el enemigo “sin
rostro” al que se enfrenta tras los atentados en Nueva York y Washington
vaya a atentar con armas de destrucción masiva, como las químicas o las
biológicas.
La alarma internacional por este tipo de
ataques se disparó en 1995, cuando la secta japonesa Aum Shinrikyo
(Verdad Suprema) esparció gas sarín en el metro de Tokio, causando la
muerte de 30 personas y distintas enfermedades a otras 5.500.
El que fuera director del FBI, Louis J.
Freech, señaló en un discurso ante el Senado en mayo pasado que no
existía información creíble como para garantizar que un grupo
terrorista hubiese adquirido, desarrollara o estuviese
planeando utilizar agentes químicos, biológicos o radiológicos en
Estados Unidos, aunque sí que ha aumentado el número de incidentes o
amenazas relacionados con este tipo de agentes (éstas últimas, en su
mayoría falsas).
El Instituto de Investigación de la
Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI) asegura en su informe de 2000
que desde finales de los años sesenta, algunos individuos y
organizaciones no conectadas a ningún Gobierno han mostrado un
creciente interés en este tipo de materiales químicos y
biológicos. Se trata de "nuevos terroristas" (extremistas de
derechas, activistas radicales en pro de los derechos de los animales o
individuos envueltos en una cruzada particular para preservar los
valores de su nación o vengarse de alguien, algunos con titulaciones
universitarias en microbiología o química).
Las organizaciones patrióticas suelen
estar caracterizadas por el antisemitismo y la xenofobia y son
antigubernamentales (como movimientos de identidad cristiana, ramas del
Ku-Klux-Klan o milicias neonazis radicadas en EEUU pero que también
están activas en Europa).
Para el SIPRI, sólo grupos
uniformes ideológicamente y altamente integrados, como las sectas,
con financiación y estructura, pueden llevar a cabo una
producción secreta de armas biológicas y químicas (puesto que la
tanto la transformación del agente en arma como su almacenaje o
diseminación son complejas).
Fuente: El
País
13.09.01