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Lunes, 24 de septiembre de 2001


Seguridad Pública y Protección Civil

El sentimiento de vulnerabilidad en NUeva York persiste a pesar del despliegue policial

Tras los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York, la isla de Manhattan ha sido militarizada. Soldados de la Guardia Nacional vigilan la "zona cero" (el perímetro devastado del sur de la "Gran Manzana") y guardacostas patrullan la bahía y los ríos y escoltan a los navíos. Aún así, los ocho millones de neoyorquinos se sienten desprotegidos.

Después de los atentados terroristas del pasado día 11, el sentimiento de vulnerabilidad se ha convertido en el mal común de los ciudadanos del corazón de Nueva York y el temor a nuevos atentados (incrementado por las numerosas amenazas de bomba) ha contribuido a extender el desasosiego.

A pesar del importante despliegue de fuerzas de seguridad, los expertos en lucha antiterrorista aseguran que el escudo de Nueva York está lleno de agujeros. La Policía ha levantado controles y registra los camiones que tratan de entrar en Manhattan a través del túnel de Lincoln (que une la isla con Nueva Jersey), pero no ha establecido filtros ni revisa los que vienen del Bronx, Brooklyn o Queens.

Los conductores de la línea de ferrocarril subterráneo tienen una puerta metálica que les separa herméticamente del pasaje. Sin embargo, la mayoría de los aviones que salen de los tres aeropuertos de Nueva York tienen cabinas fácilmente abordables.

Entre tanto, ya no se puede facturar el equipaje desde la acera (junto a la puerta de la terminal) y los acompañantes no pueden traspasar ese umbral. Agentes del FBI vigilan mostradores y pasillos, pero los encargados de examinar los equipajes con rayos-x  siguen sin estar suficientemente cualificados.

Otros obstáculos para garantizar la protección es la descoordinación entre Policía, FBI, CIA y la Agencia Nacional de Seguridad, y las malas relaciones entre los diferentes cuerpos y organismos de seguridad de la ciudad la han hecho aún más vulnerable.

Por ejemplo, tras el atentado en el World Trade Center en 1993, los vehículos que entraban en los garajes eran revisados de forma más concienzuda, se restringió la descarga de pasajeros junto a las entradas y se redobló la vigilancia con cámaras. Pero el flujo de visitantes al mirador de la Torre Sur y al restaurante "Windows of the World" era constante y los agujeros en el sistema de control, abundantes. Después, con el paso de los años, la vigilancia se ha ido relajando considerablemente.

Por otra parte, la actual directora de la Iniciativa sobre la Amenaza Nuclear en Washington, Peggy Hamburg, advierte de que hay que tomarse en serio la amenaza del bioterrorismo. Por ello, la Policía ya está aplicando medidas en torno a las 19 presas y embalses que proporcionan agua potable a los neoyorquinos. Los sucesos del 11-S hacen temer que terroristas suicidas puedan repetir el ataque que en 1995 perpetró la secta japonesa Aum Shinrikyo (Verdad Suprema), cuando esparció gas sarín en el metro de Tokio, causando la muerte de 30 personas y distintas enfermedades a otras 5.500.

Fuente: ABC
21.09.01

 

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