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SE CUESTIONA EL MODELO DE EEUU
DE CONCENTRACIÓN DE CENTROS DE NEGOCIOS TRAS EL ATENTADO DEL 11-S
El modelo
estadounidense de macrocentros de oficinas ha ofrecido rentables
ventajas durante mucho tiempo. Sin embargo, después de la catástrofe
del 11 de septiembre en el World Trade Center de Nueva York, se ha
puesto en entredicho a los grandes centros de
negocios.
Lo ocurrido
recientemente en Estados Unidos ha hecho que lo que hasta entonces era
digno de admiración, pase a ser un tema de debate. Pues si hasta
ahora los lugares donde se concentran miles de metros cuadrados de
oficinas en poco espacio reportaban importantes ventajas económicas y
laborales, a partir de ahora, se va a tener mucho más en cuenta el
que quizá sea su único punto débil, el
terrorismo.
El modelo
estadounidense (también implantado en ciertos lugares del continente
asiático) se basa en la concentración, en un lugar no muy extenso, de
la mayor parte de los centros de negocios. El objetivo es aprovechar
el espacio y disponer de la mayor comodidad en una situación de
necesidad, por problemas de suelo, espacio o imagen. Por el
contrario, en Europa el modelo tradicional se fundamenta en la
dispersión de dichos centros, diferencia que se sustenta en una
explicación histórica: en el viejo continente la distribución de
oficinas se hace sobre edificios y construcciones existentes, mientras
que en EEUU se parte de cero.
Sin embargo, en
Europa ya estamos adoptando el modelo estadounidense. Concretamente,
en España, se calcula que el 50% de la superficie de oficinas en Madrid
se concentra en el Paseo de la Castellana, y en Barcelona, la mayoría de
ellas se están en el eje de la Diagonal con el paseo de Gracia.
El dispersar las
oficinas en diferentes zonas no resulta rentable para las empresas.
La concentración tiene la ventaja, por ejemplo, de facilitar los
encuentros, al estar todos los sectores juntos. Además, los
espacios verticales son muchos más fáciles de manejar que los
horizontales, de hecho, son mucho más rápidos, menos caros y resulta
menos complicado llegar a cada puesto de trabajo.
Pero todas estas
ventajas se han visto cuestionadas tras los ataques del 11-S y ya no se
piensa en los rascacielos de oficinas como moles invulnerables.
Tecnológicamente son edificios perfectos, pero se ha comprobado que no
son invulnerables. De hecho, el reciente accidente en las Gemelas de
Nueva York demuestra que no hay que poner tanta confianza en la
tecnología y ha abierto un debate internacional acerca de la
seguridad de los edificios de elevada altura.
Fuente:
El Mundo
21.09.01