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Martes, 25 de septiembre de 2001


Gestión del Conocimiento

Seguridad Pública y Protección Civil

SE CUESTIONA EL MODELO DE EEUU DE CONCENTRACIÓN DE CENTROS DE NEGOCIOS TRAS EL ATENTADO DEL 11-S

El modelo estadounidense de macrocentros de oficinas ha ofrecido rentables ventajas durante mucho tiempo. Sin embargo, después de la catástrofe del 11 de septiembre en el World Trade Center de Nueva York, se ha puesto en entredicho a los grandes centros de negocios.

Lo ocurrido recientemente en Estados Unidos ha hecho que lo que hasta entonces era digno de admiración, pase a ser un tema de debate. Pues si hasta ahora los lugares donde se concentran miles de metros cuadrados de oficinas en poco espacio reportaban importantes ventajas económicas y laborales, a partir de ahora, se va a tener mucho más en cuenta el que quizá sea su único punto débil, el terrorismo.

El modelo estadounidense (también implantado en ciertos lugares del continente asiático) se basa en la concentración, en un lugar no muy extenso, de la mayor parte de los centros de negocios. El objetivo es aprovechar el espacio y disponer de la mayor comodidad en una situación de necesidad, por problemas de suelo, espacio o imagen. Por el contrario, en Europa el modelo tradicional se fundamenta en la dispersión de dichos centros, diferencia que se sustenta en una explicación histórica: en el viejo continente la distribución de oficinas se hace sobre edificios y construcciones existentes, mientras que en EEUU se parte de cero.

Sin embargo, en Europa ya estamos adoptando el modelo estadounidense. Concretamente, en España, se calcula que el 50% de la superficie de oficinas en Madrid se concentra en el Paseo de la Castellana, y en Barcelona, la mayoría de ellas se están en el eje de la Diagonal con el paseo de Gracia.

El dispersar las oficinas en diferentes zonas no resulta rentable para las empresas. La concentración tiene la ventaja, por ejemplo, de facilitar los encuentros, al estar todos los sectores juntos. Además, los espacios verticales son muchos más fáciles de manejar que los horizontales, de hecho, son mucho más rápidos, menos caros y resulta menos complicado llegar a cada puesto de trabajo.

Pero todas estas ventajas se han visto cuestionadas tras los ataques del 11-S y ya no se piensa en los rascacielos de oficinas como moles invulnerables. Tecnológicamente son edificios perfectos, pero se ha comprobado que no son invulnerables. De hecho, el reciente accidente en las Gemelas de Nueva York demuestra que no hay que poner tanta confianza en la tecnología y ha abierto un debate internacional acerca de la seguridad de los edificios de elevada altura.

Fuente:  El Mundo
21.09.01

 

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