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Lunes, 3 de junio de 2002


Seguridad Pública y Protección Civil

Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

 

El FBI afronta una profunda reorganización
y se consolida como fuerza antiterrorista

Mientras, la CIA reconoce haber identificado y seguido
a dos terroristas del 11-S meses antes de la tragedia

 

El director del FBI, Robert Mueller, durante la presentación de su proyecto de reestructuración de la organización.  (AP)El FBI estadounidense (Oficina Federal de Investigación) prepara la mayor reestructuración de su historia, según informó la semana pasada su director, Robert Mueller, con el objetivo primordial de mejorar al máximo la capacidad de la organización en las tareas contra el terrorismo, especialmente tras las críticas recibidas por su ineptitud para prevenir los atentados del 11 de septiembre.

Mueller reconoció la semana pasada que "hay que mejorar el sistema de reclutamiento, estructuración y entrenamiento de nuestra plantilla. Hay que mejorar la colaboración con otras agencias y, por encima de todo, tenemos que hacer un trabajo mucho mejor a la hora de manejar, analizar y compartir información".

De hecho, uno de los fallos atribuidos a los servicios secretos estadounidenses es la falta de coordinación. Según publica el semanario norteamericano Newsweek en su edición de hoy, la CIA (Agencia Central de Inteligencia) sabía desde enero de 2000 que dos de los secuestradores aéreos estaban en Estados Unidos. Sin embargo, no alertó ni a los servicios de inmigración, que habían podido rechazarlos en la frontera, ni a la Policía Federal, que podría haberlos investigado para descubrir su misión. No fue hasta tres semanas antes de los atentados del 11-S cuando la Central de Inteligencia alertó de la posibilidad de un ataque inminente.

Profunda reestructuración

Momento del impacto del segundo avión contra las Torres Gemelas de Nueva York.  (AP)Con este plan de reestructuración, ante todo, Mueller pretende convertir al FBI en una fuerza contraterrorista, centrada por encima de todo en la prevención. Para ello, entre otras medidas cuantificables, más de 2.000 agentes estarán exclusivamente dedicados a la prevención de atentados y a la investigación de sospechosos en cualquier parte del mundo.

(El hecho de que muchos agentes sean desplazados a los departamentos de lucha contra el terrorismo hará que se reduzca el personal de las secciones de combate contra la droga o delincuencia común, funciones que el FBI tendrá que delegar en las policías locales y en los agentes federales).

A partir de ahora, la prioridad institucional de los 11.000 hombres y mujeres que constituyen el FBI se centrará en la lucha antiterrorista, actividad para la que se contará con medio millar de agentes adicionales y la creación de escuadrones volantes de refuerzo, quienes serán coordinados desde Washington, en lugar de Nueva York como hasta el momento.

Con el fin de llevar a cabo esta centralización y obtener mejores resultados, se creará también una red de 25 supervisores, encargados de la coordinación entre los dos gigantes del espionaje estadounidense y de que los indicios e informaciones recopiladas en esta materia no terminen "archivados".

Al respecto de la contratación de 900 agentes adicionales, a corto plazo, la reorganización contará con un presupuesto de unos 700 millones de dólares, con el que se pretende fichar, en concreto, científicos, ingenieros y especialistas informáticos y en lenguas extranjeras (especialmente árabe y farsi) capaces de interpretar los datos captados por los servicios de espionaje.

Nuevas secciones

Además, el director del FBI prometió una nueva alianza con la CIA y la apertura de nuevas divisiones de Inteligencia, Seguridad y Tecnología. Por un lado, la Policía Federal va a redoblar su capacidad de análisis, para lo que se formará un nuevo departamento de inteligencia, que será liderado por un especialista de la CIA.

Por otro lado, el Departamento de Justicia ha desarrollado nuevas directrices para agilizar investigaciones antiterroristas, sin requerir la solicitud de permisos especiales. Así, los agentes del FBI quedan autorizados para realizar las investigaciones que estimen oportunas en Internet (como en correos electrónicos y chats), mezquitas, manifestaciones y otros lugares públicos en las que antes no podían infiltrarse sin causa justificada.

Hasta ahora, los agentes tenían que presentar pruebas de alguna actividad criminal para obtener una autorización previa de Washington con el fin de efectuar este tipo de vigilancia. Esta nueva medida, por otro lado, ha causado temor entre distintas agrupaciones en defensa de las libertades constitucionales, al considerar que el FBI podrá espiar a los estadounidenses, inmiscuirse en sus reuniones religiosas o políticas y husmear sus e-mails y chats en busca de terroristas, lo que supondrá un recorte de las libertades ciudadanas y la privacidad.

Secuestradores aéreos

Imagen del ala oeste del Pentágono (Washington), tras el impacto del vuelo 77 de American Airlines.  (AP)En otro orden, el semanario Newsweek informa en su edición de hoy que varios meses antes de los atentados del 11-S, la CIA había identificado a dos de los piratas aéreos, Jaled al Mihdar y Nawaf Hazmi, como agentes de la red terrorista Al Qaeda.

Sin embargo, publica hoy la revista estadounidense, "los responsables de la agencia no alertaron a los servicios de inmigración, que habrían podido rechazarlos en la frontera, ni al FBI, que podría haberlos investigado para descubrir su misión".

Los dos sospechosos llegaron a EE UU en enero de 2000 procedentes de Kuala Lumpur (capital de Malaisia), donde habían asistido a una 'cumbre terrorista' (de la que la CIA tenía conocimiento). Sin embargo, los supuestos terroristas entraron en EE UU sin ningún impedimento, ya que las autoridades de fronteras no fueron alertadas. La Central de Inteligencia no advirtió ni al FBI ni al Servicio de Inmigración.

Mihdar y Hazmi -que subieron al vuelo 77 de American Airlines que chocó contra el Pentágono- vivieron sin problemas en suelo estadounidense durante un año y nueve meses, período durante el que usaron nombres reales, obtuvieron licencias de conducir, abrieron cuentas bancarias y se matricularon en escuelas de pilotaje, explica el artículo de Newsweek.

Sin embargo, a pesar de haber identificado a los terroristas, la CIA no comunicó la información hasta tres semanas antes de la tragedia del 11-S. El FBI, por tanto, no supo que debía buscar a los sospechosos hasta apenas un mes antes de los atentados de Nueva York y Washington, cuando el director de la CIA, George Tenet, preocupado por la inminencia de un atentado, ordenó a los investigadores de la agencia que reabrieran sus archivos.

Por otro lado, un portavoz de Al Qaeda, Suleiman Abu Ghait, ha hecho público en la página de Internet del diario Al-Hayat que se preparan nuevos atentados, que serán peores que los del 11-S, y, bajo la advertencia "América, prepárate", aseguró que la red terrorista liderada por Osama Bin Laden está dispuesta a continuar atacando a EE UU y a los judíos.

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Más información:

* Los servicios secretos de EE UU advierten de la posibilidad de nuevos atentados de Al Qaeda (20.05.02)
* El FBI informó a Bush del posible secuestro de aviones por Al Qaeda semanas antes del 11-S (17.05.02)

Fuente: El País
El Mundo
La Razón
ABC
www.lavanguardia.es

www.elmundo.es
Newsweek
03.06.02
El País
El Mundo
La Razón
ABC
02.06.02
30 y 31.05.02

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