Seguridad Pública y
Protección Civil
El
Pentágono estadounidense trabaja
con abejas comunes para detectar explosivos
La gran
sensibilidad olfativa de los insectos hace que su
capacidad para detectar explosivos se equipare a la de los perros
Científicos de la Agencia estadounidense de Proyectos de
Investigación Avanzada para Defensa, financiados directamente por el
Pentágono, están entrenando a abejas comunes para identificar
explosivos, aprovechando dos importantes atributos, como su
extremada sensibilidad y su movilidad en la búsqueda de su
alimento.
La investigación comenzó
hace tres años e inicialmente estaba centrada en el
entrenamiento de abejas para su utilización en labores de desminado
de terreno. Sin embargo, los objetivos se fueron ampliando, hasta
que los ingenieros han logrado que estos insectos dediquen su gran
capacidad olfativa a la detección de bombas, minas y otros artefactos
explosivos ocultos.
Según un estudio
realizado por el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de la
Base de Brooks, en el estado de Tejas (que acaba de someter a las abejas
entrenadas a una serie de pruebas), estos insectos son capaces de
localizar pequeñas cantidades de un explosivo químico oculto en el 99%
de los casos.
En un día con óptimas
condiciones meteorológicas, templado y despejado, la capacidad de
las abejas para olfatear las bombas es al menos tan alta como la
de los perros (empleados tradicionalmente en estas tareas). "Parece
que las abejas son al menos tan sensibles o más sensibles a los olores
que los perros", declaró al diario estadounidense The New York Times
Alan S. Rudolph, director de programas de la Oficina de Defensa
Científica de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de
Defensa, encargado de supervisar el experimento.
Sin embargo, tienen sus
limitaciones, como que no pueden trabajar con la misma eficacia
de noche, si hace frío o si llueve (incluso, son las hembras las
más aplicadas, puesto que los machos no suelen ser demasiado
útiles).
El procedimiento es el
siguiente: al descubrir una sustancia explosiva, la abeja
exploradora lo comunica al resto de la colmena, y todas acuden
al lugar del hallazgo como un solo insecto. Así, los especialistas
(esto es, los humano) no tienen más que observar dónde se agrega el
enjambre para localizar el explosivo.
A modo de recompensa,
cuando una abeja detecta el olor de la munición, los científicos la
premian con una gota de azúcar, lo que hace que en menos de un par
de horas el insecto lo haya comunicado al resto de la colmena y lance a
todo el enjambre en busca de la recién descubierta fuente de alimento
(es decir, en busca del explosivo, cuyo hallazgo genere la citada
recompensa).
Los investigadores
aseguran que podrían colocarse enjambres cerca de los puntos de
control de seguridad y, más adelante, las abejas también podrían
servir para detectar ataques biológicos y químicos. En otro
orden, los científicos no descartan equipar a estos insectos con
transmisores de tamaño de un grano de arroz.
Fuente: El
País
ABC
www.elmundo.es
14.05.02
www.nytimes.com
13.05.02