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Jueves, 16 de mayo de 2002


Seguridad Pública y Protección Civil

El Pentágono estadounidense trabaja
con abejas comunes para detectar explosivos

La gran sensibilidad olfativa de los insectos hace que su
capacidad para detectar explosivos se equipare a la de los perros

 

Científicos de la Agencia estadounidense de Proyectos de Investigación Avanzada para Defensa, financiados directamente por el Pentágono, están entrenando a abejas comunes para identificar explosivos, aprovechando dos importantes atributos, como su extremada sensibilidad y su movilidad en la búsqueda de su alimento.

La investigación comenzó hace tres años e inicialmente estaba centrada en el entrenamiento de abejas para su utilización en labores de desminado de terreno. Sin embargo, los objetivos se fueron ampliando, hasta que los ingenieros han logrado que estos insectos dediquen su gran capacidad olfativa a la detección de bombas, minas y otros artefactos explosivos ocultos.

Según un estudio realizado por el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de la Base de Brooks, en el estado de Tejas (que acaba de someter a las abejas entrenadas a una serie de pruebas), estos insectos son capaces de localizar pequeñas cantidades de un explosivo químico oculto en el 99% de los casos.

En un día con óptimas condiciones meteorológicas, templado y despejado, la capacidad de las abejas para olfatear las bombas es al menos tan alta como la de los perros (empleados tradicionalmente en estas tareas). "Parece que las abejas son al menos tan sensibles o más sensibles a los olores que los perros", declaró al diario estadounidense The New York Times Alan S. Rudolph, director de programas de la Oficina de Defensa Científica de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, encargado de supervisar el experimento.

Sin embargo, tienen sus limitaciones, como que no pueden trabajar con la misma eficacia de noche, si hace frío o si llueve (incluso, son las hembras las más aplicadas, puesto que los machos no suelen ser demasiado útiles).

El procedimiento es el siguiente: al descubrir una sustancia explosiva, la abeja exploradora lo comunica al resto de la colmena, y todas acuden al lugar del hallazgo como un solo insecto. Así, los especialistas (esto es, los humano) no tienen más que observar dónde se agrega el enjambre para localizar el explosivo.

A modo de recompensa, cuando una abeja detecta el olor de la munición, los científicos la premian con una gota de azúcar, lo que hace que en menos de un par de horas el insecto lo haya comunicado al resto de la colmena y lance a todo el enjambre en busca de la recién descubierta fuente de alimento (es decir, en busca del explosivo, cuyo hallazgo genere la citada recompensa).

Los investigadores aseguran que podrían colocarse enjambres cerca de los puntos de control de seguridad y, más adelante, las abejas también podrían servir para detectar ataques biológicos y químicos. En otro orden, los científicos no descartan equipar a estos insectos con transmisores de tamaño de un grano de arroz.

Fuente: El País
ABC
www.elmundo.es

14.05.02
www.nytimes.com
13.05.02

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