Seguridad Pública y
Protección Civil
12
cámaras de vigilancia comenzarán a grabar en 20 días las esculturas del
madrileño Museo al Aire Libre
Las cámaras fijas
grabarán durante las 24 horas del día
las imágenes, que deberán ser destruidas en una semana
Las
doce cámaras de videovigilancia que el Ayuntamiento de Madrid
ha instalado en el Museo de Escultura al Aire Libre del Paseo de la
Castellana, bajo el puente de Eduardo Dato, comenzarán a grabar en
tres semanas.
Las
cámaras, fijas y de enfoque directo a cada una de las 17 esculturas,
funcionarán día y noche y se pondrán en funcionamiento dentro de
unos 20 días, cuando el alcalde reinaugure el museo, que ha estado en
obras. Desde la promulgación de la Ley de Videovigilancia, el 4 de
agosto de 1997, es la primera vez que se instala en la región este
tipo de vigilancia electrónica en la vía pública.
El
concejal de Vivienda y Rehabilitación Urbana, Sigfrido Herráez, área de
la que depende el museo, solicitó en agosto de 2000 permiso al delegado
del Gobierno, Francisco Javier Ansuátegui, para colocar las cámaras y
preservar así a la colección de la Castellana de los continuos actos
vandálicos que sufre.
La
autorización al Ayuntamiento de Madrid es la primera de este tipo que
concede la Comisión de Videovigilancia, ya que en 1999 denegó el
permiso al Ayuntamiento de Majadahonda, gobernado por el PP, que
pretendía instalar doce cámaras en la Gran Vía majariega.
Condiciones
No
obstante, la Comisión de Videovigilancia, que encabeza el presidente del
Tribunal Superior de Justicia de Madrid, ha puesto una serie de
condiciones al montaje: las cámaras serán fijas, enfocarán
directamente a las 17 esculturas que tiene el museo y no podrán
grabar sonido. Además, la Comisión exige que las grabaciones sean
destruidas en el plazo de una semana (la Ley de Videovigilancia de
1997 y el posterior reglamento que lo desarrolla autorizan un plazo
máximo de un mes), salvo que estén relacionadas con infracciones penales
graves o muy graves. La destrucción será inmediata en el caso de
grabaciones ilegales (esto es, en caso de que en las imágenes en las
que aparezcan personas en actitudes que puedan afectar a su intimidad,
como besándose o acariciándose).
La
Ley de Videovigilancia contempla también la posibilidad de que cualquier
persona que "considere razonablemente que figura en grabaciones
efectuadas con videocámaras podrá ejercer el derecho de acceso a
las mismas, mediante solicitud dirigida a la autoridad encargada de la
custodia" de las cintas.
Otra
de las condiciones que ha impuesto la Comisión de Videovigilancia es que
el Ayuntamiento tiene que poner ocho placas informativas en el museo
para avisar a los peatones de que están entrando en una zona
vigilada por cámaras de la policía.
Las
imágenes que capten las cámaras irán a un puesto de control
situado en un local que hay debajo del puente y que ahora está
desocupado, donde habrá un policía municipal durante las 24 horas del
día.
El
concejal de Rehabilitación explicó que
"las
cámaras no van a vulnerar el derecho a la intimidad de nadie. Ojalá no
tuviésemos que ponerlas, pero en el museo hay esculturas de un valor
cultural y económico importantísimo y continuamente están sufriendo
agresiones'. Dentro de un año, el Ayuntamiento tendrá que
solicitar la renovación del permiso, por otros doce meses, a la
Delegación del Gobierno.
Actos
vandálicos
Las
esculturas del Museo al Aire Libre del Paseo de la Castellana han
sufrido múltiples agresiones a lo largo de los años. En 1999,
unos vándalos dañaron el 'homenaje a la hoz y el martillo', de Julio
González. En 1993, la obra 'Un món per a infants' (Un mundo para niños),
del artista valenciano Andreu Alfaro, fue objeto de otro ataque: de las
trece piezas de acero que la integran, los ladrones sólo dejaron una.
Alfaro, autor también de los arcos que hay en la avenida de la
Ilustración, restauró la obra con una ayuda simbólica del Ayuntamiento y
ésta volvió a exponerse en el paseo de la Castellana.
Aparte de las pintadas y de los actos vandálicos, las esculturas
tienen otro problema añadido: los chavales que, de vez en cuando,
patinan en la plaza y que, al girar, se cuelgan de las obras para tomar
más impulso. Además, muy cerca del museo hay bares y discotecas,
lo que hace que, a ciertas horas de la madrugada, algunos trasnochadores
usen el museo como aliviadero improvisado para eliminar los excesos de
alcohol.
______________
Noticias relacionadas:
*
El Ayuntamiento
de Barcelona quiere instalar cámaras en espacios públicos para intimidar
a los delincuentes (04.04.02)
Fuente: El
País (Edición Madrid)
30.05.02