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Jueves, 21 de noviembre de 2002


Seguridad Pública y Protección Civil

Carlos Rubio: «Hay que ponerse en un plano de igualdad con el secuestrador»

 

El Comisario jefe de la Brigada de Policía Judicial de Barcelona y mediador en el secuestro de Hospitalet explica cómo se procedió en la liberación de los niños del centro escolar

- ¿Qué pudo llevar a este chico de 17 años a cometer un secuestro? ¿Da usted credibilidad al móvil económico?

- Mi impresión es que le guió el afán de notoriedad, de aparecer ante todo el mundo como una persona capaz de cometer un hecho de semejante calibre. Su situación de desarraigo, de fracaso escolar e inactividad laboral abonarían la necesidad de este adolescente de destacar por algo.

- ¿Lo tenía todo planeado? ¿Por que eligió su antiguo colegio y la clase de su hermana?

-Un hecho así requiere premeditación. Eligió la escuela porque conocía las instalaciones y la clase de su hermana porque le daba seguridad. Quizá pensó que le ayudaría a escapar, a descolgarse con sábanas por la ventana.

- ¿Descolgarse con sábanas?

- Sí, fue una de las cosas que pidió. Primero se empecinó en el tema del dinero: un millón y medio de euros. Para ganar tiempo y obtener más datos sobre su personalidad, le hice entender que era difícil conseguir tanto dinero. Aceptó la cifra de un millón. Después pidió sábanas para descolgarse, luego un coche para huir... Al final desechó esa posibilidad porque el centro estaba rodeado. Flaqueó, se dio cuenta de que no lo tenía todo tan bien planeado, que estaba en un callejón sin salida.

- ¿En qué momento vio usted que la situación estaba encarrilada?

- Cuando aceptó liberar a un grupo de niños. Es un gesto que denota buena voluntad.

- ¿Cómo estaban los niños?

- Bastante tranquilos. Les dejó jugar y para algunos era casi como una película.

- Pero había que merendar.

- Había que ganar tiempo, porque éste siempre juega en contra del secuestrador. Le ofrecimos esa posibilidad. Pidió pizzas y refrescos para él y los cuatro niños aún retenidos. El negociador tiene que aprovechar situaciones como ésta para conseguir cosas o para que actúen los cuerpos de intervención.

- Y apareció un «pizzero».

- Antes de dejarle entrar, el chico tuvo otro momento de flaqueza. Cambio varias veces de opinión sobre si debía recoger él mismo la comida a través de la puerta o dejaba entrar al repartidor. Optó por esto último.

- Claro que el «pizzero» sabía más de artes marciales que de comida italiana.

- Era un policía de los grupos de operaciones especiales experto en esa disciplina. Redujo al chico y los agentes apostados fuera entraron en el aula. El secuestrador no se lo esperaba y a partir de ese momento se puso en el papel de detenido: se encerró y se negó a dar explicaciones sobre lo que había hecho.

- ¿Fue más fácil negociar con él por tratarse de un menor?

- La edad, a priori, no tiene por qué favorecer la resolución de un secuestro. Lo peor que le puede pasar al mediador es topar con un secuestrador irracional, y eso, a veces, no tiene que ver con la edad.

- ¿Cómo actúa un mediador?

- Es una pieza clave, aunque a lo mejor no soluciona todo el problema. Lo que nunca debe es a agravar la situación. El objetivo es salvaguardar la vida de los rehenes y del propio asaltante. Debe ponerse en un plano de igualdad con el secuestrador, pactar, ceder a veces, derivar la negociación hacia derroteros distintos de los que pretende el raptor, no perder el terreno ganado, buscar vías que satisfagan a todas las partes. El mediador tiene que tener credibilidad, de lo contrario, su papel no tiene sentido.

- ¿Cómo influye en él el resto de personas que actúan en una situación como ésta?

- El mediador actúa siempre bajo una enorme presión: de la familia, los medios de comunicación, el comité de crisis que forman políticos y mandos policiales. Pero es mejor que el mediador se aísle, pese a que debe actuar de manera coordinada. El comité de crisis decide si se ha de intervenir y cómo; el mediador aconsejar cuándo y procurar que el momento sea favorable. Hay que tener claro que quien manda no negocia y quien negocia no manda. De todas formas, hay que evitar la intervención, porque, si llega, es señal de que la negociación ha fracasado.

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Fuente: ABC
20.11.02

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