Seguridad Alimentaria
y Protección Biotecnológica
Los
alimentos transgénicos llevarán etiquetas especiales
La normativa garantizará el derecho
a saber qué se come
Los transgénicos
en España
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España importa
soja procedente de países volcados a los cultivos transgénicos.
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La normativa sobre el etiquetado de los comestibles
elaborados con organismos transgénicos consensuada semanas
atrás por la Unión Europea al cabo de largas negociaciones,
hace prever que este año comenzará a normalizarse
la situación de tan polémicos alimentos. En tal
caso, su presencia en las estanterías de los supermercados
españoles irá en aumento. Por transgénico se
entiende cualquier ente vivo cuya constitución genética
haya sido alterada mediante la supresión o incorporación
de genes.
Estos "frutos" de la biotecnología han tropezado
con el recelo de la opinión pública europea,
amenazando con convertirlos en uno de los mayores fiascos en la
historia de la tecnología. El rechazo se basa en diversas
razones: el temor a que sean nocivos para la salud humana;
el riesgo de perjuicio al medio ambiente; o el recelo a que un grupo
de multinacionales adquiera gracias a ellos monopolio del mercado
mundial de alimentos.
Las campañas ecologistas han mostrado una notable eficacia
en atizar esos sentimientos contrarios. En particular, su difusión
en la UE chocó con la exigencia de las asociaciones de consumidores
de distinguir en el etiquetado a los productos con sustancias transgénicas
de aquellas que no lo son. La industria se opuso inicialmente a esta medida,
temerosa de un boicot a esos productos, si bien posteriormente optó
por consensuar la futura normativa.
De ese modo se ha acordado un borrador de directiva
sobre el etiquetado obligatorio de los alimentos y piensos con
más de 0,9 por ciento de componentes transgénicos.
Ese umbral se reducirá al 0,5 por ciento durante un periodo
transitorio de tres años para aquellos transgénicos
todavía no autorizados, pero que cuentan con un informe científico
favorable. El consenso alcanzado despeja uno de las objeciones de
mayor peso a los transgénicos, basada en garantizar el derecho
del consumidor a saber qué está comiendo.
¿Son peligrosos esos productos? Según
la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los estudios
realizados "no se han demostrado riesgos para la salud humana en
aquellos países que están comercializados". A esta
afirmación Greenpeace responde que "se ignoran los efectos
a largo plazo de dichas sustancias en el organismo". Su
argumento es que no vale la pena correr riesgos ingiriendo sustancias
que no son necesarias. Más visibles se presentan para la
organización ecologista los riesgos ambientales.
En este punto hay coincidencia con la OMS, cuyos
expertos sí ven un "riesgo real" en la contaminación
de especies silvestres. En tal contexto de polémica ha
cuajado la directiva sobre el etiquetado obligatorio de los transgénicos,
que previsiblemente aprobará el parlamento europeo en los
próximos meses. A continuación, España tendrá
que trasponerla a su legislación. Dicha normativa, "la más
restrictiva del mundo", tal como la califica Greenpeace, tendrá
un impacto crucial en la oferta alimentaria. "Ahora, ningún
comestible hecho a base de soja y maíz transgénico
ofrece esta información en su etiqueta. Con la nueva directiva,
la situación cambiará radicalmente", precisa Carrasco.
| LOS TRANSGÉNICOS EN ESPAÑA |
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En España, las vías
por la que los transgénicos llegan a los alimentos
son dos; directa: a través de su incorporación
a los comestibles preparados industrialmente; indirecta, a través
de los derivados del ganado nutrido con piensos transgénicos.
Nuestro país importa al año cuatro millones
de toneladas de soja procedentes de países volcados
a los cultivos transgénicos (EE UU y Argentina).
Además, produce unas 250.000 toneladas anuales de maíz
modificado genéticamente.
La mayor parte de esas cantidades se destina a la fabricación
de piensos para el ganado; el resto va a elaborar almidón,
aceite o lecitina, una sustancia empleada en la preparación
de alimentos dietéticos y como emulsionante en gran
cantidad de comestibles. "El 70 por ciento de los alimentos
sometidos a procesos industriales contiene derivados de maíz
y de soja", advierte Juan Felipe Carrasco, de Greenpeace.
Con la normativa actual es imposible saber cuáles de
ellos proceden de variedades transgénicas o no.
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Fuente:
La Razón
(16.01.03)