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Viernes 17 de enero de 2003


Seguridad Alimentaria y Protección Biotecnológica

Los alimentos transgénicos llevarán etiquetas especiales

La normativa garantizará el derecho a saber qué se come

Los transgénicos en España

España importa soja procedente de países volcados a los cultivos transgénicos.

La normativa sobre el etiquetado de los comestibles elaborados con organismos transgénicos consensuada semanas atrás por la Unión Europea al cabo de largas negociaciones, hace prever que este año comenzará a normalizarse la situación de tan polémicos alimentos. En tal caso, su presencia en las estanterías de los supermercados españoles irá en aumento. Por transgénico se entiende cualquier ente vivo cuya constitución genética haya sido alterada mediante la supresión o incorporación de genes.

Estos "frutos" de la biotecnología han tropezado con el recelo de la opinión pública europea, amenazando con convertirlos en uno de los mayores fiascos en la historia de la tecnología. El rechazo se basa en diversas razones: el temor a que sean nocivos para la salud humana; el riesgo de perjuicio al medio ambiente; o el recelo a que un grupo de multinacionales adquiera gracias a ellos monopolio del mercado mundial de alimentos.

Las campañas ecologistas han mostrado una notable eficacia en atizar esos sentimientos contrarios. En particular, su difusión en la UE chocó con la exigencia de las asociaciones de consumidores de distinguir en el etiquetado a los productos con sustancias transgénicas de aquellas que no lo son. La industria se opuso inicialmente a esta medida, temerosa de un boicot a esos productos, si bien posteriormente optó por consensuar la futura normativa.

De ese modo se ha acordado un borrador de directiva sobre el etiquetado obligatorio de los alimentos y piensos con más de 0,9 por ciento de componentes transgénicos. Ese umbral se reducirá al 0,5 por ciento durante un periodo transitorio de tres años para aquellos transgénicos todavía no autorizados, pero que cuentan con un informe científico favorable. El consenso alcanzado despeja uno de las objeciones de mayor peso a los transgénicos, basada en garantizar el derecho del consumidor a saber qué está comiendo.

¿Son peligrosos esos productos? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los estudios realizados "no se han demostrado riesgos para la salud humana en aquellos países que están comercializados". A esta afirmación Greenpeace responde que "se ignoran los efectos a largo plazo de dichas sustancias en el organismo". Su argumento es que no vale la pena correr riesgos ingiriendo sustancias que no son necesarias. Más visibles se presentan para la organización ecologista los riesgos ambientales.

En este punto hay coincidencia con la OMS, cuyos expertos sí ven un "riesgo real" en la contaminación de especies silvestres. En tal contexto de polémica ha cuajado la directiva sobre el etiquetado obligatorio de los transgénicos, que previsiblemente aprobará el parlamento europeo en los próximos meses. A continuación, España tendrá que trasponerla a su legislación. Dicha normativa, "la más restrictiva del mundo", tal como la califica Greenpeace, tendrá un impacto crucial en la oferta alimentaria. "Ahora, ningún comestible hecho a base de soja y maíz transgénico ofrece esta información en su etiqueta. Con la nueva directiva, la situación cambiará radicalmente", precisa Carrasco.

LOS TRANSGÉNICOS EN ESPAÑA

En España, las vías por la que los transgénicos llegan a los alimentos son dos; directa: a través de su incorporación a los comestibles preparados industrialmente; indirecta, a través de los derivados del ganado nutrido con piensos transgénicos. Nuestro país importa al año cuatro millones de toneladas de soja procedentes de países volcados a los cultivos transgénicos (EE UU y Argentina). Además, produce unas 250.000 toneladas anuales de maíz modificado genéticamente.
La mayor parte de esas cantidades se destina a la fabricación de piensos para el ganado; el resto va a elaborar almidón, aceite o lecitina, una sustancia empleada en la preparación de alimentos dietéticos y como emulsionante en gran cantidad de comestibles. "El 70 por ciento de los alimentos sometidos a procesos industriales contiene derivados de maíz y de soja", advierte Juan Felipe Carrasco, de Greenpeace. Con la normativa actual es imposible saber cuáles de ellos proceden de variedades transgénicas o no.

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Fuente: La Razón
(16.01.03)

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