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Martes 1 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

El armenio y Abdul “El Réprobo”

Historia de cómo las petroleras comenzaron en el siglo XIX a buscar el disputado crudo alertados por testimonios de viajeros y referencias bíblicas.

“Interesante artículo que nos refiere la historia del petróleo iraquí, causante para muchos de esta contienda bélica. Este petróleo también es apetecido por Francia, Rusia y China, las cuales, según fuentes fidedignas habían llegado a acuerdos concretos con Sadam Hussein. El apoyo al terrorismo internacional, el almacenamiento de armas de destrucción masivo contra las Resoluciones de la ONU y la idelogía expansiva del régimen baasistas, han sido las causas argüidas contra el ataque aliado, pero evidentemente el petróleo también ha tenido un importante peso”. Rafael Vidal.

A finales del siglo XIX, en la populosa Constantinopla, con un pie en Asia y otro en Occidente, vivía un joven empresario armenio que juraba y perjuraba que Mesopotamia –la actual Irak, entonces un dominio del imperio Otomano- flotaba sobre un oleaginoso mar de petróleo . El sultán de la zona, Abdul “El Réprobo”, según el apelativo con el se le conocería en las películas mudas de Hollywood, requirió sus servicios para que lo asesorara.

Aquel visionario se llamaba Calouste Gulbenkian y no era el único que sostenía una teoría sobre ingentes reservas de crudo en Oriente Medio, basada en testimonios de viajeros y en testimonios de la Biblia. Se haría célebre en el futuro, pero “El Réprobo” le despachó con buenas palabras y se olvidó de él. El sueño del empresario se vio provisionalmente truncado por las matanzas de armenios, que le obligaron a huir de Constantinopla en 1896.

A miles de kilómetros de alli, Winston Churchill tuvo que escuchar también la historia de una paraíso petrolífero escondido debajo del de Adán y Eva, tal como sugerían los Textos Sagrados. Unos años más tarde, siendo Lord del Almirantazgo, tendría un problema con la Armada.

La había modernizado con acorazados que navegaban con más rapidez y autonomía. Podían repostar en el mar con menos esfuerzo y mano de obra, pero se propulsaban con petróleo, no con carbón. Al imperio británico le sobraba carbón, pero le faltaba petróleo. De repente todo necesitaba gasolina: los recién creados tanques, los aviones .... Por eso Churchill pidió a sus colaboradores que le extendieran un mapa. La ceniza de su puro –si es cierto que los encedía- debió de caer más o menos entre los ríos Tigris y Eúfrates, muy cerca de donde las tropas británicas están peleando ahora.

Nuevos retos.

Corría el año 1912 y Gulbenkian estaba vivo. Después de lo de Constantinopla no dudó en ponerse al servicio de los magnates del petróleo. Prosperó de tal modo que participó en la fundación de Turkish Petroleum, un consorcio con hegemonía británica en el que se quedó con un paquete de acciones. El Gobierno de Su Majestad – através del Foreign Office- forzó un acuerdo entre ese grupo y la Anglo Persina Oil de una manera parecida a como dice que George Bush quiere repartir el petróleo de Irak. Gulbenkian se las ingenió para hacerse con participaciones de ambos consorcios y sería conocido como “Mister cinco por ciento” y el artífice de la Fundación Gulbenkian de Lisboa.

El armenio también era conocido por una capacidad de seducción nada desdeñable. Dejó otra impronta en 1928, cuando las petroleras norteamericanas, respaldadas por el presidente Woodrow Wilson, quisieron entrar en el paraíso petrolífero de Mesopotamia. La pugna de los consorcios del sector por las reservas de crudo ponía en peligro las relaciones de Estado Unidos con los aliados a los que había ayudado durante la Primera Guerra Mundial.

Reparto del pastel.

Recién creada la Sociedad de Naciones, los gobiernos se asustaron y sentaron a las petroleras para que negociaran un reparto. Entonces apareció Gulbenkian con un lápiz rojo. Miró a todos, rodeó con un trozo la parte del mapa correspondiente a Oriente Medio y dejó fuera Kuwait y Persia. “Este fue el Imperio Otomano que yo conocí en 1914. Y tengo razones para conocerlo. Nací en él, viví en él y lo serví. Si alguien cree estar mejor enterado, adelante”. Como de costumbre, recibió otro cinco por ciento en acciones del “pastel”.

Aquel pacto se bautizó como el “Acuerdo del Lápiz Rojo”. Era la prueba de que las petroleras se habían convertido en entidades verdaderamente internacionales, con más intereses entre sí que con sus respectivos gobiernos.

El Imperio Otomano, Abdul “El Réprobo” ... no contaban. Los británicos habían puesto al melancólico Faisal en el trono del Irak independiente. La Turkish Petroleum Oil de Gulbenkian se convirtió en la Irak Petroleum Oil (IPC) en 1929, incluyendo capital francés y norteamericano (las futuras Exxon y Mobbil). Nueve años más tarde, la IPC obtuvo la concesión de todo el subsuelo del país. Aviadores de la Royal Aier Force bombardeaban a los resistentes kurdos del norte, donde se acababan de descubrir nuevos yacimientos de petróleo.

Seis década después, en 1988, Sadam Hussein también gaseó las aldeas kurdas. La IPC había sido nacionalizada en 1972. Francia había enfurecido a Estado Unidos al desmarcarse de la reacción occidental y negociar por su cuenta contratos con el dictador: “Quiero que Irak tenga el último barril de petróleo del mundo”, dijo Hussein. Ahora el presidente George W. Bush quiere apropiarse del barril bíblico perdido.

J. Muñoz
Fuente: Sur de Málaga
30.03.03.

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