Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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En busca del tanque
'inteligente'
El Pentágono ofrece
un millón de dólares al inventor que logre diseñar un vehículo bélico no
tripulado
El
Pentágono acaba de lanzar el concurso The Grand Challenge (El Gran
Desafío). El objetivo es diseñar un vehículo militar
autónomo no tripulado, capaz de moverse por el campo de batalla a una
velocidad media de 50 millas por hora (unos 80 kilómetros por hora),
guiándose por GPS, para descubrir las posiciones del enemigo.
Los altos mandos de la Secretaría (ministerio) de Defensa norteamericana
no ignoran que la misión está en el límite de lo posible, así que
han preparado una segunda convocatoria para el año 2005.
La
carrera, pues en ello consiste el gran desafío, se llevará a cabo, el 13
de marzo de 2004, en el desierto del suroeste de Estados Unidos, entre
las ciudades de Los Ángeles y Las Vegas. Quinientos kilómetros a través
de una de las áreas más desoladas del planeta.
Los
vehículos participantes no podrán ser teledirigidos, sino que
habrán de confiar en la guía por GPS y en sus propias habilidades para
salvar todos los obstáculos que puedan encontrar en su camino.
Además, habrán de funcionar con su propia energía.
Para
complicar aún más la misión, ya de por sí difícil, el itinerario no será
dado a conocer hasta el momento de la salida. El premio está a la altura
del reto: un millón de dólares.
Energía
eléctrica
El ingenio
que gane la carrera, si es que alguno lo logra, se utilizará como modelo
para desarrollar un vehículo no tripulado que servirá de avanzadilla a
las unidades de combate de Estados Unidos en futuros teatros de
operaciones.
Probablemente, el triunfador será un vehículo movido por electricidad
suministrada por placas solares o algún tipo de pila de combustible.
Su perfil será muy bajo, escasamente superior al diámetro de sus ruedas.
Contará también con cámaras de vídeo e infrarrojos, sensores de
contacto, además de sistemas GPS y de transmisión de datos en tiempo
real.
Posiblemente, como ya ha sucedido con el avión no tripulado Predator, se
acabarán por producir versiones armadas de este vehículo, que no sólo
descubrirán al enemigo, sino que también lo eliminarán o, en el peor de
los casos, lo ablandarán, es decir, sólo matarán a unos cuantos y
aflojarán los esfínteres al resto.
En el
fondo, este proyecto, como algunos otros que le han precedido (Predator,
Global Hawk, Dragon's Eye o Land Warrior) son el reconocimiento
implícito de dos fracasos: el primero es que el hombre es el eslabón
débil de la tecnología militar. Todas las armas existentes hoy en
día podrían ser muchísimo más eficaces si no estuviesen manejadas por
humanos.
El
segundo fracaso es que las democracias televisivas, como es el caso de
la estadounidense, casan mal con las necesidades de una hiperpotencia
como la norteamericana, cuyos intereses requieren librar guerras con
cierta regularidad.
Dwight Eisenhower, general en jefe de las Fuerzas Armadas de Estados
Unidos en Europa y posteriormente presidente de aquel país, así lo
entendió. Suyo es el lema Security First (Seguridad ante todo),
acuñado en los días previos al desembarco de Normandía.
Desde entonces, el Ejército norteamericano ha entrado siempre en combate
protegido por el paraguas de la superioridad aérea absoluta y apoyado
por la devastadora potencia de fuego de sus tanques y su artillería.
Hasta ahora, esto había demostrado ser de una letal eficacia. La
Operación Tormenta del Desierto fue el punto culminante de tal
estrategia: el Ejército iraquí fue simplemente barrido de la faz de la
tierra a cambio de un puñado de bajas propias.
Sin
embargo, la actual guerra de Irak ha demostrado al mando militar
estadounidense que las tornas han cambiado.
Los
iraquíes no sólo se niegan a entablar combate en campo abierto, donde
saben que estarían en franca desventaja, sino que recurren a las
tácticas de guerrilla, a los ataques suicidas y al combate en áreas
urbanas, para obligar a Estados Unidos a enfrentarse con su peor
fantasma: la crueldad de la guerra retransmitida en directo.
El
nuevo vehículo vendría a evitar que en el futuro esto pueda repetirse.
El robocar, como ya lo definen algunas fuentes, tendría por misión
localizar al enemigo. Luego sería cuestión del business as usual: los
helicópteros, la aviación, los misiles, las bombas inteligentes, la
artillería y los tanques tomarían el relevo.
El
precedente de los aviones sin piloto
Aún no se
sabe si algún profesor chiflado será capaz de desarrollar un vehículo
robótico autosuficiente como el que busca el Pentágono, pero los grandes
éxitos tecnológicos que ya han conseguido los ingenieros estadounidenses
en el campo de la aviación inteligente sugieren que este objetivo podría
estar al alcance de sus manos. En estos momentos, las Fuerzas Aéreas de
EEUU cuentan entre sus filas con varios aviones espía que son capaces de
volar sin piloto. El llamado Global Hawk (Halcón Global), por
ejemplo, es capaz de permanecer en el aire de forma ininterrumpida
durante día y medio, e inspeccionar con sus sensores una superficie de
unos 150.000 kilómetros cuadrados. Otro aparato aún más sofisticado
es el Dragon's Eye (Ojo de Dragón) un avión espía sin piloto y
desmontable, que puede ser transportado y manejado a distancia por
cualquier combatiente. A pesar de que tan sólo pesa dos kilos, el
Dragon's Eye transporta en su interior una videocámara en color, un
sistema de transmisión de imágenes y un navegador GPS. Con una
envergadura de poco más de un metro y una longitud similar, el aparato
se transporta en una maleta, dividido en cinco piezas: morro, tronco,
cola y dos alas. Una vez montado y accionados sus dos motores
electrónicos, basta que un marine lance el aparato, como si fuera un
velero de aeromodelismo. Mientras vuela, las imágenes captadas por la
videocámara pueden ser vistas en una pantalla atada a la muñeca de
cualquier soldado o en la pantalla de un ordenador portátil. Gracias
a este aparato, los marines pueden localizar las posiciones del enemigo
sin tener que exponer sus vidas.
Fuente: El Mundo
31/03/2003