Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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El terrorismo ayuda
al lado más débil
El general que
dirigió a la OTAN en Kosovo no duda del resultado militar pero cree que
el terrorismo cambia el conflicto

En la
segunda semana de la guerra, los iraquíes han desencadenado su arma más
nueva: el terrorismo.
Un oficial
iraquí, que hizo señas a unos soldados de Estados Unidos para que se
acercasen al taxi en el que iba, hizo estallar una bomba de gran tamaño
que causó la muerte a cuatro norteamericanos además de a él mismo. No
se puede decir que esto sea un ataque decisivo. No hay ninguna duda
sobre el resultado militar definitivo. Pero si ustedes piensan que los
ataques suicidas no van a cambiar la naturaleza del conflicto, tendrán
que volver a reflexionar sobre ello.
Los
soldados británicos llevan dos generaciones haciendo frente al
terrorismo en Israel, Oriente Medio e Irlanda del Norte. La sangre
fría de la que hacen gala sometidos a cualquier presión es admirada en
todas partes y sus reacciones han establecido muchas veces el modelo
para otros ejércitos.
Desde el atentado terrorista de 1996 contra las Torres de Khobar, en
Arabia Saudí, en el que murieron 18 hombres de la fuerza aérea
estadounidense, la protección de los contingentes ha constituido una
preocupación fundamental para los comandantes norteamericanos. Ahora
contamos con bien definidas contraamenazas, que fijan acciones
recomendadas para cada nivel de estado de amenaza terrorista.
Los
ejércitos contrarrestan el terrorismo distanciándose de los civiles. Las
bases se aseguran y fortifican. Las entradas se atrincheran y vigilan.
Se controla el acceso de civiles; se diseñan barreras de modo que se
limite el contacto; se registran los vehículos; se trata con los civiles
a distancia y con las armas preparadas.
Pero
nada de esto funciona tan bien en medio del desorden y el movimiento que
caracterizan a la guerra. El contacto con civiles es inevitable. Es
posible que unas barreras y unas posiciones de reunión apresuradamente
dispuestas no siempre proporcionen el grado necesario de
distanciamiento.
Lo
que es más fundamental, los combates urbanos se desarrollan
necesariamente en medio de la población civil. La mínima información que
se tenga sobre quiénes la componen adquiere una importancia mucho mayor,
pues lo más probable es que las fuerzas enemigas se encuentren entre
ellos. Hay que entrar en los edificios e inspeccionarlos. Hay que
detener y examinar a fondo a numerosos civiles. Hay que vigilar el
tráfico y registrar vehículos. Hay que establecer un control de la
población para quebrantar al movimiento terrorista.
Todo
esto significa, inevitablemente, un estrecho contacto con las
poblaciones civiles; significa fatigar a los soldados, atemorizar a
los civiles y ser vulnerables a los terroristas.
De
vez en cuando se producen devastadores atentados terroristas. En 1983
Hizbulá protagonizó uno en Beirut con un camión bomba; mató a más de 200
marines norteamericanos. En su mayor parte, sin embargo, es probable que
las bajas militares reales por atentados suicidas sean pequeñas. No
habrá una bomba en todos los hogares iraquíes en los que entremos, ni en
todos los autobuses. Y, aunque inquietas, las fuerzas de la coalición
tratarán de actuar con mayor cautela en situaciones que pudieran invitar
a un atentado terrorista. Y estos cambios no disuadirán del ataque final
contra Bagdad ni lo desviarán gravemente.
Esta
es con exactitud la imagen que ofrecen los periodistas incrustados en
las fuerzas de la coalición en Nasiriya y Basora. Es probable que
cada día haya mejoras y tal vez sea un poco más duro el trato dispensado
a los civiles que se aventuren a acercarse a las fuerzas de la
coalición. Se está aplicando el principio del distanciamiento.
Lo
que todavía no se conoce son las dimensiones de la capacidad terrorista
de Sadam Husein. ¿Puede atacar en múltiples lugares cada día? ¿Puede
atacar con eficacia fuera de las fronteras de Irak? ¿Qué querían decir
los dirigentes iraquíes cuando hablaron de la llegada a Bagdad de 4.000
voluntarios árabes para realizar «operaciones de martirio»? ¿Dónde? Y
¿con qué armas?
El
verdadero problema es la cuña que el terrorismo introduce entre la
fuerza militar y la población civil. El terrorismo hace que los
ejércitos traten a los civiles como potenciales enemigos y provoca que
sea mucho más difícil ganarse su apoyo. Y esto es precisamente lo que
pretenden.
En
Irak, donde la mayor parte de la población es musulmana chií y se supone
que no apoya a Sadam, el terrorismo puede retrasar la aparición de un
firme apoyo a la coalición por parte de los civiles y dentro del mundo
árabe.
Al
alejar a las fuerzas armadas de los civiles, el terrorismo impide la
recogida de información, trastoca los esfuerzos humanitarios y frustra
la formación de la estrecha relación que será esencial en la transición
a nuevas formas de gobierno después del conflicto. Esta es la razón
de que el lado más débil esté valiéndose del terrorismo cuando los
fusiles, los carros de combate y la artillería no les permiten ganar un
combate convencional.
El
peligro fundamental en Irak está claro: que, de un modo u otro, Bagdad
pueda ser invadido y el régimen iraquí dispersado sólo para dejar atrás
unas organizaciones terroristas arraigadas que puedan perturbar los
esfuerzos de miles de soldados y miles de millones de dólares en
recursos dedicados a un gobierno iraquí liberado. Esto sería
verdaderamente una defensa de píldora envenenada y un auténtico desafío
a los objetivos de la coalición en la zona. No queremos luchar contra
Sadam Husein sólo para dejar a Irak convertido en una versión ampliada
de Cisjordania.
Pero
en este punto está nuestro compromiso. La mejor manera de evitar los
peligros primordiales es avanzar con rapidez, utilizando la táctica
militar convencional para derrotar a las fuerzas regulares iraquíes y a
la Guardia Republicana, aplicando nuestra gran experiencia
antiterrorista para proteger a nuestras fuerzas y actuando con la mayor
eficacia posible a fin de obtener apoyo entre la población civil.
Wesley Clark
Ex Comandante supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa en 1997-2000
General de las fuerzas de la OTAN durante la campaña de Kosovo.
Fuente: El Mundo
2/04/2003