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Jueves 3 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

El terrorismo ayuda al lado más débil

El general que dirigió a la OTAN en Kosovo no duda del resultado militar pero cree que el terrorismo cambia el conflicto

En la segunda semana de la guerra, los iraquíes han desencadenado su arma más nueva: el terrorismo.

Un oficial iraquí, que hizo señas a unos soldados de Estados Unidos para que se acercasen al taxi en el que iba, hizo estallar una bomba de gran tamaño que causó la muerte a cuatro norteamericanos además de a él mismo. No se puede decir que esto sea un ataque decisivo. No hay ninguna duda sobre el resultado militar definitivo. Pero si ustedes piensan que los ataques suicidas no van a cambiar la naturaleza del conflicto, tendrán que volver a reflexionar sobre ello.

Los soldados británicos llevan dos generaciones haciendo frente al terrorismo en Israel, Oriente Medio e Irlanda del Norte. La sangre fría de la que hacen gala sometidos a cualquier presión es admirada en todas partes y sus reacciones han establecido muchas veces el modelo para otros ejércitos.

Desde el atentado terrorista de 1996 contra las Torres de Khobar, en Arabia Saudí, en el que murieron 18 hombres de la fuerza aérea estadounidense, la protección de los contingentes ha constituido una preocupación fundamental para los comandantes norteamericanos. Ahora contamos con bien definidas contraamenazas, que fijan acciones recomendadas para cada nivel de estado de amenaza terrorista.

Los ejércitos contrarrestan el terrorismo distanciándose de los civiles. Las bases se aseguran y fortifican. Las entradas se atrincheran y vigilan. Se controla el acceso de civiles; se diseñan barreras de modo que se limite el contacto; se registran los vehículos; se trata con los civiles a distancia y con las armas preparadas.

Pero nada de esto funciona tan bien en medio del desorden y el movimiento que caracterizan a la guerra. El contacto con civiles es inevitable. Es posible que unas barreras y unas posiciones de reunión apresuradamente dispuestas no siempre proporcionen el grado necesario de distanciamiento.

Lo que es más fundamental, los combates urbanos se desarrollan necesariamente en medio de la población civil. La mínima información que se tenga sobre quiénes la componen adquiere una importancia mucho mayor, pues lo más probable es que las fuerzas enemigas se encuentren entre ellos. Hay que entrar en los edificios e inspeccionarlos. Hay que detener y examinar a fondo a numerosos civiles. Hay que vigilar el tráfico y registrar vehículos. Hay que establecer un control de la población para quebrantar al movimiento terrorista.

Todo esto significa, inevitablemente, un estrecho contacto con las poblaciones civiles; significa fatigar a los soldados, atemorizar a los civiles y ser vulnerables a los terroristas.

De vez en cuando se producen devastadores atentados terroristas. En 1983 Hizbulá protagonizó uno en Beirut con un camión bomba; mató a más de 200 marines norteamericanos. En su mayor parte, sin embargo, es probable que las bajas militares reales por atentados suicidas sean pequeñas. No habrá una bomba en todos los hogares iraquíes en los que entremos, ni en todos los autobuses. Y, aunque inquietas, las fuerzas de la coalición tratarán de actuar con mayor cautela en situaciones que pudieran invitar a un atentado terrorista. Y estos cambios no disuadirán del ataque final contra Bagdad ni lo desviarán gravemente.

Esta es con exactitud la imagen que ofrecen los periodistas incrustados en las fuerzas de la coalición en Nasiriya y Basora. Es probable que cada día haya mejoras y tal vez sea un poco más duro el trato dispensado a los civiles que se aventuren a acercarse a las fuerzas de la coalición. Se está aplicando el principio del distanciamiento.

Lo que todavía no se conoce son las dimensiones de la capacidad terrorista de Sadam Husein. ¿Puede atacar en múltiples lugares cada día? ¿Puede atacar con eficacia fuera de las fronteras de Irak? ¿Qué querían decir los dirigentes iraquíes cuando hablaron de la llegada a Bagdad de 4.000 voluntarios árabes para realizar «operaciones de martirio»? ¿Dónde? Y ¿con qué armas?

El verdadero problema es la cuña que el terrorismo introduce entre la fuerza militar y la población civil. El terrorismo hace que los ejércitos traten a los civiles como potenciales enemigos y provoca que sea mucho más difícil ganarse su apoyo. Y esto es precisamente lo que pretenden.

En Irak, donde la mayor parte de la población es musulmana chií y se supone que no apoya a Sadam, el terrorismo puede retrasar la aparición de un firme apoyo a la coalición por parte de los civiles y dentro del mundo árabe.

Al alejar a las fuerzas armadas de los civiles, el terrorismo impide la recogida de información, trastoca los esfuerzos humanitarios y frustra la formación de la estrecha relación que será esencial en la transición a nuevas formas de gobierno después del conflicto. Esta es la razón de que el lado más débil esté valiéndose del terrorismo cuando los fusiles, los carros de combate y la artillería no les permiten ganar un combate convencional.

El peligro fundamental en Irak está claro: que, de un modo u otro, Bagdad pueda ser invadido y el régimen iraquí dispersado sólo para dejar atrás unas organizaciones terroristas arraigadas que puedan perturbar los esfuerzos de miles de soldados y miles de millones de dólares en recursos dedicados a un gobierno iraquí liberado. Esto sería verdaderamente una defensa de píldora envenenada y un auténtico desafío a los objetivos de la coalición en la zona. No queremos luchar contra Sadam Husein sólo para dejar a Irak convertido en una versión ampliada de Cisjordania.

Pero en este punto está nuestro compromiso. La mejor manera de evitar los peligros primordiales es avanzar con rapidez, utilizando la táctica militar convencional para derrotar a las fuerzas regulares iraquíes y a la Guardia Republicana, aplicando nuestra gran experiencia antiterrorista para proteger a nuestras fuerzas y actuando con la mayor eficacia posible a fin de obtener apoyo entre la población civil.

Wesley Clark
Ex Comandante supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa en 1997-2000
General de las fuerzas de la OTAN durante la campaña de Kosovo.
Fuente: El Mundo
2/04/2003

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