Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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El mejor camino a
Bagdad
«La lucha urbana es
el tipo más arduo de guerra ofensiva, pues las tropas de defensa tienen
ventajas que pueden compensar la fuerza y la tecnología superiores del
atacante». «Una victoria de EEUU requiere que entren en Bagdad tropas
terrestres»
Con
las fuerzas norteamericanas iniciando su ataque contra Bagdad, sus
comandantes harían bien en estudiar detenidamente las lecciones, tan
duramente aprendidas, de la experiencia de Israel en el combate urbano.
La operación Muro Defensivo, el golpe antiterrorista de la primavera
pasada, generó mucha polémica, pero ofrece también un buen modelo de
táctica militar. Tras una serie de atentados suicidas palestinos,
las Fuerzas de Defensa israelíes entraron en varias ciudades densamente
pobladas de Cisjordania, entre ellas Nablus y Yenín. Al cabo de sólo una
semana, Israel logró ponerlas a todas bajo su control.
Murieron en estas batallas 29 soldados israelíes, todos menos seis en la
del campo de refugiados de Yenín. Aunque el número de palestinos
muertos es objeto de acaloradas discusiones, el cálculo israelí es de
132 muertos en Nablus y Yenín. En comparación con las cifras de
víctimas de luchas urbanas en años recientes -como los combates de
Chechenia, donde el Ejército ruso perdió 1.500 soldados durante su
primer ataque a Grozni- estas cifras son sorprendentemente bajas.
La
lucha urbana es el tipo más arduo de guerra ofensiva, pues las tropas de
defensa tienen ventajas que pueden compensar la fuerza y la tecnología
superiores del atacante. Los defensores no sólo están familiarizados
con el terreno; también tienen tiempo para poner minas, situar
francotiradores y organizar emboscadas. Y, aunque las unidades
terrestres que avanzan están apoyadas por carros de combate y vehículos
acorazados de transporte de tropas, el Ejército defensor puede
neutralizar el apoyo aéreo y de artillería abrazando a dichas unidades,
es decir, trabando combate de cerca, lo cual incrementa su riesgo de
sufrir bajas por fuego amigo.
Además, los soldados invasores tienen que mantenerse alerta: los
francotiradores no sólo pueden atacarlos desde el frente, los flancos o
la retaguardia, sino que pueden ocultarse en los pisos superiores de
edificios ocupados por civiles e incluso en las alcantarillas. El
humo y el fuego, inevitables, hacen muy difícil encontrar los objetivos:
cada disparo puede alcanzar a un civil y cada mortero, destruir una
casa.
La
confusión se hace aún mayor cuando las fuerzas defensoras se valen de la
población civil. Cuando se descubrieron soldados norteamericanos en Umm
Qasr y Nasiriya, los soldados y paramilitares iraquíes no vacilaron en
vestirse de civiles y mezclarse con la población. Además, con el fin
de crear un pretexto para denunciar la «agresión» estadounidense,
disparaban desde detrás de los residentes y luego esperaban a que los
soldados norteamericanos respondieran al fuego.
Aunque pudiera parecer que el poder aéreo y los proyectiles con guía de
precisión son la alternativa lógica al caos del combate urbano, raras
veces bastan para ganar una guerra. Es posible destruir al enemigo desde
arriba, pero no se puede conservar el terreno sin soldados de infantería
y unidades acorazadas pesadas. Por tanto, una victoria norteamericana
requiere que entren en Bagdad tropas terrestres; allí encontrarán de
primera mano las complejas condiciones del campo de batalla urbano. No
obstante, como demuestra la experiencia israelí en Cisjordania, los
obstáculos no son necesariamente insuperables.
En
Nablus, la Fuerza de Defensa israelí obtuvo su éxito más notable
-hacerse con el control de la kashba [la parte antigua] de la ciudad, un
laberinto de estrechas callejuelas y antiguos edificios de piedra,
densamente poblado- en sólo unos pocos días. Las fuerzas
israelíes no utilizaron artillería y, a pesar de que se preveían docenas
de bajas, únicamente sufrieron cuatro.
La
clave del éxito fue una especie de «imprevisibilidad planificada».En
vez de usar una táctica lineal convencional -tomar primero las afueras
de la ciudad, después limpiar sistemáticamente todas las casas- las
fuerzas israelíes atacaron simultáneamente desde múltiples direcciones.
Utilizaron una técnica conocida en la jerga militar como enjambre, en la
cual numerosas pequeñas unidades, que se mueven en zigzag y otras
formaciones aparentemente al azar, se infiltran en plena ciudad y atacan
desde dentro hacia fuera. Las unidades desaparecían constantemente sólo
para volver a aparecer en lugares distintos, atacando desde nuevos
ángulos que tenían a los defensores desorientados e incapaces de
atrincherarse.
La
experiencia israelí, así como los estudios del Cuerpo de Marines desde
1996 sobre juegos de guerra basados en la lucha urbana, muestran también
que la mayoría de las bajas que se producen en ella tienen lugar cuando
los soldados avanzan por las calles de la ciudad, expuestos al fuego
enemigo.
En
consecuencia, cuando Israel ocupó la kashba de Nablus, los soldados
avanzaron por agujeros practicados con herramientas o explosivos en los
muros entre las casas contiguas. Francotiradores israelíes tomaron
posiciones en los edificios más altos y actuaron en colaboración con los
soldados desde la calle, para identificar objetivos y desbaratar las
expectativas enemigas. Como dijo un combatiente palestino: «Los
israelíes estaban por todas partes.¿Cómo se puede luchar así?»
Se
pueden también aprender importantes lecciones de la batalla israelí en
el campo de refugiados de Yenín. Esa parte de la operación ocupó
titulares en la prensa de todo el mundo después de que los palestinos
informaran de 500 muertos y una destrucción indiscriminada por parte de
los israelíes, afirmaciones que la ONU desmintió después. Irónicamente,
fue la renuencia de Israel a tomar Yenín al asalto con plena fuerza,
así como su compromiso de proteger la vida y la propiedad de los
palestinos casi a toda costa, lo que tuvo como consecuencia más muertes
israelíes y palestinas y más destrucción de propiedad que de otro modo.
Sólo
después de que 13 de sus soldados murieran en una emboscada se hizo uso
general de bulldozers. Como la batalla ya había empezado resultaron
menos precisos.
Los
planificadores militares de EEUU harían bien en tener esto en cuenta,
incluso cuando parte del público y de los medios de información condenan
cualquier insinuación de fuerza «excesiva».
En última
instancia, el combate urbano es siempre un asunto sucio, sean cuales
fueren el armamento y la táctica al alcance de un Ejército. Pero,
como indica la experiencia de Israel, con la táctica correcta es posible
lograr la victoria y reducir al mínimo las bajas.
Yagil Henkin
Historiador militar e investigador del Ejército israelí
The New York Times Op.-Ed.
Fuente: El Mundo
04/04/2003