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Viernes 4 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

El mejor camino a Bagdad

«La lucha urbana es el tipo más arduo de guerra ofensiva, pues las tropas de defensa tienen ventajas que pueden compensar la fuerza y la tecnología superiores del atacante». «Una victoria de EEUU requiere que entren en Bagdad tropas terrestres»

 

Con las fuerzas norteamericanas iniciando su ataque contra Bagdad, sus comandantes harían bien en estudiar detenidamente las lecciones, tan duramente aprendidas, de la experiencia de Israel en el combate urbano. La operación Muro Defensivo, el golpe antiterrorista de la primavera pasada, generó mucha polémica, pero ofrece también un buen modelo de táctica militar. Tras una serie de atentados suicidas palestinos, las Fuerzas de Defensa israelíes entraron en varias ciudades densamente pobladas de Cisjordania, entre ellas Nablus y Yenín. Al cabo de sólo una semana, Israel logró ponerlas a todas bajo su control.

Murieron en estas batallas 29 soldados israelíes, todos menos seis en la del campo de refugiados de Yenín. Aunque el número de palestinos muertos es objeto de acaloradas discusiones, el cálculo israelí es de 132 muertos en Nablus y Yenín. En comparación con las cifras de víctimas de luchas urbanas en años recientes -como los combates de Chechenia, donde el Ejército ruso perdió 1.500 soldados durante su primer ataque a Grozni- estas cifras son sorprendentemente bajas.

La lucha urbana es el tipo más arduo de guerra ofensiva, pues las tropas de defensa tienen ventajas que pueden compensar la fuerza y la tecnología superiores del atacante. Los defensores no sólo están familiarizados con el terreno; también tienen tiempo para poner minas, situar francotiradores y organizar emboscadas. Y, aunque las unidades terrestres que avanzan están apoyadas por carros de combate y vehículos acorazados de transporte de tropas, el Ejército defensor puede neutralizar el apoyo aéreo y de artillería abrazando a dichas unidades, es decir, trabando combate de cerca, lo cual incrementa su riesgo de sufrir bajas por fuego amigo.

Además, los soldados invasores tienen que mantenerse alerta: los francotiradores no sólo pueden atacarlos desde el frente, los flancos o la retaguardia, sino que pueden ocultarse en los pisos superiores de edificios ocupados por civiles e incluso en las alcantarillas. El humo y el fuego, inevitables, hacen muy difícil encontrar los objetivos: cada disparo puede alcanzar a un civil y cada mortero, destruir una casa.

La confusión se hace aún mayor cuando las fuerzas defensoras se valen de la población civil. Cuando se descubrieron soldados norteamericanos en Umm Qasr y Nasiriya, los soldados y paramilitares iraquíes no vacilaron en vestirse de civiles y mezclarse con la población. Además, con el fin de crear un pretexto para denunciar la «agresión» estadounidense, disparaban desde detrás de los residentes y luego esperaban a que los soldados norteamericanos respondieran al fuego.

Aunque pudiera parecer que el poder aéreo y los proyectiles con guía de precisión son la alternativa lógica al caos del combate urbano, raras veces bastan para ganar una guerra. Es posible destruir al enemigo desde arriba, pero no se puede conservar el terreno sin soldados de infantería y unidades acorazadas pesadas. Por tanto, una victoria norteamericana requiere que entren en Bagdad tropas terrestres; allí encontrarán de primera mano las complejas condiciones del campo de batalla urbano. No obstante, como demuestra la experiencia israelí en Cisjordania, los obstáculos no son necesariamente insuperables.

En Nablus, la Fuerza de Defensa israelí obtuvo su éxito más notable -hacerse con el control de la kashba [la parte antigua] de la ciudad, un laberinto de estrechas callejuelas y antiguos edificios de piedra, densamente poblado- en sólo unos pocos días. Las fuerzas israelíes no utilizaron artillería y, a pesar de que se preveían docenas de bajas, únicamente sufrieron cuatro.

La clave del éxito fue una especie de «imprevisibilidad planificada».En vez de usar una táctica lineal convencional -tomar primero las afueras de la ciudad, después limpiar sistemáticamente todas las casas- las fuerzas israelíes atacaron simultáneamente desde múltiples direcciones. Utilizaron una técnica conocida en la jerga militar como enjambre, en la cual numerosas pequeñas unidades, que se mueven en zigzag y otras formaciones aparentemente al azar, se infiltran en plena ciudad y atacan desde dentro hacia fuera. Las unidades desaparecían constantemente sólo para volver a aparecer en lugares distintos, atacando desde nuevos ángulos que tenían a los defensores desorientados e incapaces de atrincherarse.

La experiencia israelí, así como los estudios del Cuerpo de Marines desde 1996 sobre juegos de guerra basados en la lucha urbana, muestran también que la mayoría de las bajas que se producen en ella tienen lugar cuando los soldados avanzan por las calles de la ciudad, expuestos al fuego enemigo.

En consecuencia, cuando Israel ocupó la kashba de Nablus, los soldados avanzaron por agujeros practicados con herramientas o explosivos en los muros entre las casas contiguas. Francotiradores israelíes tomaron posiciones en los edificios más altos y actuaron en colaboración con los soldados desde la calle, para identificar objetivos y desbaratar las expectativas enemigas. Como dijo un combatiente palestino: «Los israelíes estaban por todas partes.¿Cómo se puede luchar así?»

Se pueden también aprender importantes lecciones de la batalla israelí en el campo de refugiados de Yenín. Esa parte de la operación ocupó titulares en la prensa de todo el mundo después de que los palestinos informaran de 500 muertos y una destrucción indiscriminada por parte de los israelíes, afirmaciones que la ONU desmintió después. Irónicamente, fue la renuencia de Israel a tomar Yenín al asalto con plena fuerza, así como su compromiso de proteger la vida y la propiedad de los palestinos casi a toda costa, lo que tuvo como consecuencia más muertes israelíes y palestinas y más destrucción de propiedad que de otro modo.

Sólo después de que 13 de sus soldados murieran en una emboscada se hizo uso general de bulldozers. Como la batalla ya había empezado resultaron menos precisos.

Los planificadores militares de EEUU harían bien en tener esto en cuenta, incluso cuando parte del público y de los medios de información condenan cualquier insinuación de fuerza «excesiva».

En última instancia, el combate urbano es siempre un asunto sucio, sean cuales fueren el armamento y la táctica al alcance de un Ejército. Pero, como indica la experiencia de Israel, con la táctica correcta es posible lograr la victoria y reducir al mínimo las bajas.

Yagil Henkin
Historiador militar e investigador del Ejército israelí
The New York Times Op.-Ed.
Fuente: El Mundo
04/04/2003

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