Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Crónica desde el aeropuerto
La prensa
atosiga a todos con informaciones puntuales, precisas y veraces de los
que ocurre en la zona de conflicto, pero las imágenes, escritas o
visuales, que se describen, son tan crudas, que pueden llegar a herir la
sensibilidad de las personas.
Viajar hoy día en avión o en clase preferente en los trenes de alta
velocidad no es un buen trago, la terminación del viaje tiene un sabor
amargo, de angustias por todo lo que se ha leído.
Generalmente una persona “ojea” (también se dice hojear, de pasar hojas
casi sin interesarse) como mucho dos periódicos de noticias generales al
día, y la velocidad de la vida diaria impide que se puedan leer en
profundidad todos los artículos de opinión, que sobre el tema de la
crisis de Oriente Próximo se escriben por prestigiosos columnistas.
Algunos “privilegiados”, como políticos, empresarios, militares,
sindicalistas, etc., leen casi toda la prensa diaria, pero previamente
se la han subrayado y van exclusivamente a esas anotaciones que sus
asesores les han puesto, lecturas que se circunscriben a la relación de
Irak con su propia actividad, por lo que reciben una información
sesgada.
Cuando uno recibe información cabal de cómo está la situación es cuando
sale de viaje en avión o preferente y durante el cual, no un periódico,
sino casi todo el espectro, entre nacionales y locales, puede uno
zambullirse en el transcurso de las horas y la monotonía del viaje, roto
de cuando en cuando por una agradable azafata que te invita a la comida
o a un aperitivo.
Un primera impresión se recibe de toda esa prensa escrita, es la
absoluta soledad del Gobierno y del Partido Popular ante el conflicto
armado. Diarios afines antes a las tesis gubernamentales, le niegan
el “pan y la sal”, excepto algún que otro artículo, que tímidamente,
como pidiendo perdón, se atreve a romper una lanza por el partido
popular. Todos achacan de una forma más o menos velada la situación,
como si José María Aznar y su Gobierno hubieran iniciado las
hostilidades y tuvieran miles de soldados españoles implicados en las
distintas batallas, a ello hay que decir que el conflicto hubiera
comenzado igualmente, y las muertes seguirían saliendo en las portadas
de los diarios y en las pantallas de las televisiones, aunque bien es
verdad que ello no justifica la decisión tomada, y antes de tomarla se
debían de haber previsto las consecuencias de la misma.
Otra apreciación
que se observa de la prensa escrita es que muchos afamados
columnistas han apartado la medida de la ecuanimidad y de forma
belicosa no dudan en tomar partido contra la acción armada, ya no en
este caso contra el Gobierno español y su partido, sino contra todo lo
que tenga alguna relación con los aliados. De esta manera se prodigan
los improperios y descalificaciones contra estadistas, políticos,
diplomáticos y militares. A esta clase que me honro en pertenecer,
los epítetos van desde su incultura y falta de intelectualidad,
cabezonería, salvajismo, etc., llegando a más inri a descalificar a
Tommy Franks, no por su hacer guerrero –que es el que habría que
criticar- sino por gustarle la música clásica y tener un bagaje
intelectual importante, como si esas cosas fueran indignas de un
soldado.
Como tercera apreciación es la incidencia en el conflicto de
las bajas civiles y la presentación de las más sangrientas escenas de la
guerra, como si con ella nos quisieran vacunar a los españoles de
cualquier intento de acción militar en el futuro. En esta cuestión, ya
no es solamente la prensa escrita sino también la visual, llegando este
extremo hasta la propia televisión pública, que en “teoría” está en
manos del Gobierno, pero que está demostrando una aceptable
independencia. Ante toda esta masacre que se ve diariamente habría que
preguntarse ¿debe ser así?, ¿porqué al español le gusta ver lo más
tenebroso de la vida y de la muerte?, ¿es que no sufre o sufre
demasiado ante el dolor de un niño herido?. Después de horas y horas
leyendo las mismas noticias desde distintos puntos de vista, pero
siempre con el dolor de trasfondo, es comprensible que el viajero de
avión o preferente sienta una opresión en el corazón cuando termina su
viaje o hace un alto en el mismo.
En plena Crisis del Golfo, en 1991, escribí una columna titulada “El
Planeta en llamas”, y con ella se quería reflexionar sobre que
aunque la atención mundial y por supuesto la española estaba focalizada
en el conflicto, había más de veinte guerras declaradas, desde extremo
oriente a occidente, desde Filipinas hasta Colombia, atravesando toda
África, en las cuales se muere día a día y cuyos horrores, al estar
alejado de cualquier convención internacional, son muy superiores a las
escenas de Irak.
¿Se está con ello disculpando una actitud concreta?. Rotundamente no,
pero la sensibilidad y el presentar de forma cruda el dolor humano al
descubierto, creo que no es un favor para la sociedad.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es