Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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El US Army se queda
con los satélites
Ya lo decía el
doctor Falken en la archiconocida Juegos de Guerra: los ordenadores
pueden ganar batallas... sólos. Ahora, 20 años más tarde, el Ejército
estadounidense está intentando demostrarlo en Irak. En el desierto
iraquí, cada tanque, cada camión, cada helicóptero, cada avión y casi
cada soldado estadounidense no es más que un simple punto azul en los
mapas que se despliegan por centenas en los ordenadores del Centro de
Operaciones (Centcom) estadounidense. Las coordenadas de localización de
cada objetivo viajan al instante a través de satélites y llegan en
tiempo real a bombarderos y misiles. Es la guerra a distancia, fría como
el hielo, que proponen los mandos estadounidenses y que, sin embargo, no
siempre es perfecta.
Cada uno de los
desplazamientos de los marines estadounidenses aparece al instante
marcado en los mapas del Centcom como un punto azul. Los puntos rojos
simbolizan las tropas iraquíes, y los amarillos están reservados para
objetivos como instalaciones militares o del partido de Sadam Husein.
Sabiendo las coordenadas (que soldados y helicópteros transmiten vía
satélite al centro de mando), guiar las bombas hacia su objetivo se ha
convertido en algo relativamente sencillo para el Pentágono. O al menos,
eso dice la teoría.
El sistema, que
implica un tráfico de datos realmente espectacular por su cantidad,
también permite a las tropas saber exactamente la posición del resto de
los efectivos aliados, especialmente cuando la Madre Naturaleza se
pone de parte del enemigo y se materializa en el desierto iraquí en
forma de tormenta de arena, uno de los peores obstáculos para la
tecnología de última generación. Los granos de arena se meten en los
teclados de portátiles y teléfonos, dejándolos prácticamente
inoperativos. Además, las tormentas provocan que los satélites tengan
mucha dificultad para tomar imágenes de la zona y distorsionen
frecuencias, por no hablar de la dificultad que suponen para los vuelos
de los helicópteros.
El enorme flujo de información que genera el Ejército ha convertido el
Centro de Operaciones en una sala que nada tiene que envidiar a la de
Control de la Nasa, donde varias decenas de soldados se dejan los ojos
ante un centenar de monitores de ordenador. Pero todo esto tiene un
problema considerable: la saturación de los satélites por su excesivo
uso. Como cada tanque, avión, Humvee e incluso bomba o misil transmite
datos al Centcom a través de los satélites, el Pentágono se ha dado
cuenta de que no tiene ancho de banda suficiente para abastecer a todas
sus tropas y el flujo de información que generan.
Para paliar, al menos en parte, esta escasez de ancho de banda, el
Pentágono ha recurrido a una táctica sencilla: requisar, al menos de
forma temporal o parcial, algunos satélites de uso comercial que tienen
cobertura en la zona, como PanAmSat, Intelsat e Inmarsat. Según
declaró el vicepresidente de , Tom Eaton, al diario estadounidense Usa
Today, desde el 11-S el Gobierno y el Ejército estadounidense se han
convertido en el principal cliente de estas compañías, que además han
logrado que la información que viaja a través de dichos satélites esté
lo suficientemente encriptada como para que el enemigo no pueda sacar de
ahí la localización de las tropas.
Precisamente por eso la gran mayoría de los periodistas que viajan
acompañando a las tropas estadounidenses en Irak han recibido órdenes,
en los últimos días, para apagar sus teléfonos Thuraya. Los militares
estadounidenses temen que Irak haya obtenido los códigos de la compañía
de teléfonos, razón por la que han confiscado los aparatos de esa
empresa para evitar la localización de las tropas. De hecho, el
Pentágono ha asegurado que sospechan que los códigos se han filtrado
desde Francia.
Fuente: El Mundo Ariadna
06/04/2003