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Martes 8 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

«Aznar ha sido muy valiente, pero no ha sabido articular las razones de su decisión como lo ha hecho Blair»

Ideólogo de la nueva política exterior de EEUU, he aquí al Padre espiritual de los neoconservadores. El pasado verano resumió así las diferencias entre EEUU y Europa: «los americanos son de Marte y los europeos, de Venus». Esta semana presenta su libro, traducido a mas de 12 idiomas, en España

 

Previo aviso, Robert Kagan llega tarde, tras un largo y amigable almuerzo con Javier Solana. Curiosamente, es al alto representante de Política Exterior y de Seguridad Común al que hace parcialmente responsable de esa fama global que en apenas seis meses lo ha convertido en el intelectual du jour o en la bestia negra de muchos europeístas.

«Solana empezó a hacer circular mi artículo por correo electrónico a la gente de su oficina, y unos se lo fueron pasando a otros», explica Kagan en referencia al ensayo Poder y Debilidad, publicado el pasado verano en una oscura revista americana de política exterior, Policy Review, de apenas 5.000 ejemplares. En unos meses, la larga columna se convirtió en un libro de 103 páginas, traducido ya a 12 idiomas. Esta semana lo presenta en España bajo el título: América y Europa en el nuevo orden internacional (Taurus): «He visto que lo que aparece en los periódicos ya no importa, es la circulación electrónica lo determinante».

Ya antes de la era Internet, Kagan empezó a despuntar en EEUU.A los 26 años, recién salido de Harvard, se instaló en el reaganiano Departamento de Estado como principal escribidor de George Schultz (1984-1988). Después publicó un libro sobre Nicaragua, y a mediados de los 90 fundó, junto a William Kristol, el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, catapulta ideológica de los neoconservadores: de aquí salen los temidos neocons, a los que medio mundo achaca los males de la Administración Bush y la decisión de ir a la guerra con Irak.

-El padre de Kristol, Irving, perteneciente a la primera hornada de neoconservadores [intelectuales judíos que en los 50 y 60 emigraron de la izquierda] os definió como «liberales que han sido asaltados por la realidad». ¿Sois ésos los neocons de hoy?

-Es una cuestión complicada. Pero antes que nada me gustaría que los europeos dejaran de construir esta gigantesca teoría de la conspiración sobre los neocons. Sólo hay ocho personas a las que yo clasificaría como neoconservadores en EEUU. En cuanto a la definición, no sé exactamente cómo hacerlo, pero Kristol y yo creemos que la política exterior americana debería de casar el poder americano con los ideales americanos. Esto es, que deberíamos promocionar la paz y la democracia, y un orden internacional liberal, que es lo que hemos hecho desde el final de la II Guerra Mundial.

Sirva esta respuesta para aclarar el concepto más que el imposible rastreo ideológico de Kagan. El se sitúa en la órbita de Dean Acheson, el creador del Plan Marshall, pero también de John F.Kennedy y de Ronald Reagan. ¿JFK y Reagan? «La retórica de Kennedy sobre la lucha contra el comunismo era idéntica a la de Reagan.Lo que ocurre es que en Europa ven a Kennedy como un amor y a Reagan como a un ogro. Le recuerdo a todo el mundo que fue Kennedy quien nos metió en la guerra de Vietnam». ¿Republicano, pues? No exactamente, y mucho menos halcón: «No me importaría servir en una Administración demócrata siempre y cuando tuviera mi misma visión en política exterior. De hecho, he votado al Partido Demócrata».En definitiva, es neoconservador: está convencido de que el poder americano es un bien moral para el mundo.

Ojear su despacho no sirve mucho para clasificarlo. Se trata de un lugar bien contrario al estereotipo del macho neocon descrito por la inigualable Maureen Dowd en The New York Times: no hay águilas ni banderas, sino dibujos hechos por sus dos hijos pequeños.Encima, está situado pegado a la cocina, porque Kagan trabaja en casa, o mejor dicho, en la de su mujer, una alta funcionaria de la embajada de EEUU ante la OTAN. Para colmo, no sólo ha vivido los tres últimos años aquí, en el corazón de la UE, sino que dice que le ha gustado, y no sólo por el vino: «Nunca habría escrito el ensayo si no hubiera estado viviendo aquí. He tenido la gran ventaja de ser un americano en Europa». Además, nació en Atenas, donde su padre estudiaba Historia del mundo antiguo.

Entonces, ¿por qué está considerado antieuropeo? Porque los que le critican no han leído su libro, dice él. He aquí una sinopsis del tomo en cuestión. Kagan mantiene que los europeos ven el mundo como el «perpetuo paraíso» de Kant, mientras los americanos lo hacen a través del brutal prisma de Hobbes. A esto hay que sumarle que, por primera vez en la Historia, hay una sola potencia global, EEUU. Su conclusión es famosa: «En grandes cuestiones estratégicas e internacionales, los americanos son de Marte y los europeos de Venus».

El que termine de leer el libro, insiste él, podrá comprobar que su tono es conciliador: «La relación transatlántica se va a enmendar, pero eso no ocurrirá sobre la base de una incomprensión. Los europeos tienen que dejar de pensar que la política exterior americana está regida por un grupo de ultraderechistas. Es como si lo americanos pensaran que Europa está regida por el antisemitismo».

Todo esto está muy bien, pero a mediados de esta semana, cuando viaje a Madrid, le conviene prepararse. España no es sólo líder de la Unión Europea en contra de la guerra (91%), sino que, según la Pew Global Attitudes Project, el 74% de los españoles tiene una opinión «desfavorable» de América. «España no me es personalmente hostil, sólo ideológicamente», contesta sonriendo Kagan, un hombre alto, grande, de grandes manos y unos gigantescos niveles de energía que mantiene, en parte, gracias a las tazas de café negro que le sirve Manuel, el atento mayordomo asturiano.

-Para la mayoría de los españoles, Bush es rehén de un grupo de neoconservadores en cuyo centro hay gente como usted.

-¡Yo creía que el malo de la película era sólo Richard Perle [recién dimitido como asesor del Pentágono, por conflicto de intereses] o quizá en un papel compartido con Paul Wolfowitz [segundo de Rumsfeld]! El término conservador es una digresión falsa. El 70% de los americanos apoya esta guerra. Todo lo contrario que en Europa. Demócratas y republicanos. Así que la teoría de que un grupo de neoconservadores le ha lavado el cerebro a todo un país es ridícula. Creo que los europeos se agarran a esta teoría de la conspiración neoconservadora porque no quieren enfrentarse a la realidad: que la mayoría de los americanos ve el mundo de manera diferente a la mayoría de los europeos. Ese es el problema de verdad. Y no, como dicen aquí, que cinco judíos y medio le han comido el coco a un país entero. Creo que los europeos deberían convencerse de que lo que están viendo es fruto de lo que quiere la América mainstream [mayoritaria], y no un grupito de malvados conspiradores de ultraderecha. Me alegro de que los europeos atribuyan la dimisión de Perle a una victoria de Colin Powell, ¡así la vida será más fácil para ellos! Las teorías de la conspiración son siempre el resultado de una falta de satisfacción con la realidad.

Continúa Kagan recordando «a los europeos» que la política contra Irak fue iniciada por la Administración Clinton, con los bombardeos de 1998, sin resolución del Consejo de Seguridad: «Ya sé que a los europeos les encanta Clinton y no soportan a Bush, pero se les olvida la enorme continuidad que hay en nuestra política exterior. Si algo cambió a los americanos fue el 11-S, no los neoconservadores».

-Ustedes se aprovecharon del 11-S para asentar su ideología.

-Sí, vino a confirmar nuestra visión. Pero recuerde la famosa carta de febrero de 1998, firmada por neoconservadores, en la que se pedía que se quitara a Sadam Husein del poder. Uno de los firmantes era el número dos de Powell y su gran amigo, Richard Armitage.

¿Y esos ocho neoconservadores a los que se refería? Se quedan en cinco: él mismo, Kristol, Perle, Wolfowitz y Feith [número tres del Pentágono]. Excluye a Rumsfeld y a Cheney: «Además, Kristol y yo ni estamos en el Gobierno ni caemos bien en él.¡Kristol apoyó a John McCain en las elecciones de 2000!».

Sabe que en España los que han escrito sobre él lo han hecho principalmente para criticarlo: «A mí no se me ocurre ir a España y pretender que sé cómo funciona el país. Sin embargo, el número de europeos que se creen expertos en el funcionamiento del sistema político americano, y no tienen ni idea de lo que están diciendo o escribiendo, es realmente extraordinario». ¿Un punto arrogante? «La gente me acusa de ser arrogante por establecer la verdad objetiva».

Dicho esto, que las cosas entre EEUU y Europa se están arreglando ya, es un hecho para Kagan. La prueba: la visita esta semana de Powell aquí, el día anterior a esta entrevista: «EEUU y Europa tendrán que renegociar su vieja asociación. Tenemos que aceptar nuestros desacuerdos, y encontrar un método de trabajo haciendo concesiones en ambas partes. Creo que eso es posible, aunque requiere visión de Estado a ambos lados del Atlántico».

En esta nueva relación, Kagan identifica dos modelos de conducta: «Uno es el de Tony Blair y el de Aznar, y otro el de Chirac. Yo espero que Europa elija el modelo Blair-Aznar de relacionarse con EEUU. Aznar y Blair no son perritos falderos de la Administración Bush. Ellos tienen influencia verdadera sobre esta Administración. Creo que hacen muy bien en luchar por que Europa y América no se distancien».

-¿Menciona usted a Aznar porque ahora viaja a España, o porque realmente cree que jugará un papel importante?

-No, no, le aseguro que lo haría de todas formas. Pero sí le diré que Aznar no se ha explicado como lo hace Blair. Ha sido muy valiente al tomar la postura que ha tomado, ha demostrado tener mucho coraje. Pero ni dentro ni fuera del país ha sabido articular las razones de su decisión de la forma en que lo ha hecho Blair. La última vez que estuve en España [en enero], me dio la impresión de que había un acuerdo entre él y el PSOE para no hablar de Irak. Los socialistas no querían aparecer como antiamericanos y Aznar prefería no hablar del tema ante la opinión pública.Creo que eso fue un error. Si el 91% de la gente está en contra es porque las cosas no se han explicado bien. La culpa no la tiene sólo Aznar: también es de la Administración Bush, que no envió a Powell ni a nadie a España a defender su postura. Pero estoy convencido de que -independientemente de quién esté gobernando España el año que viene- su país jugará un papel muy importante en la relación transatlántica. Todo pasa, y ahora mismo todo el mundo está molesto por la guerra, pero dentro de seis meses no sabemos cómo va a pensar la gente.

Quizá, que Corea del Norte será el siguiente objetivo. «No, por la sencilla razón de que ya es, probablemente, demasiado tarde. Ya tiene armas nucleares. Por eso hemos ido a Irak ahora: para que dentro de cinco años Sadam no tuviera armas nucleares. Eso de que América va a invadir ahora país tras país es ridículo».A continuación, Kagan dispara con carga irónica: «Estoy esperando a que los europeos sugieran qué hacer con Irán, del que sabemos que está preparando su programa de armas nucleares. Lo único que hacen los europeos es criticar la política exterior americana, y poco más. Es un continente grande, con una economía de 3.000 billones de dólares y 350 millones de personas. Podía hacer algo más, digo yo».

Kagan se ha irritado. Hace semanas, en la London School of Economics, vi que le ocurría lo mismo cuando le preguntaban por Israel.¿Aplica América un doble rasero en Oriente Próximo? «Los europeos tienden a pensar que América tiene una varita mágica. Eso no es así. Sharon es el producto de los suicidas palestinos, no de la política exterior americana».

-Muchos europeos piensan que Bush debería ser tan duro con Sharon como con Sadam.

-Sí. Un español me preguntó por qué América no invadía Israel.¡¿Será posible?!

-Sí, es posible. Muchos españoles no ven tanta diferencia entre Sharon y Sadam.

-Pues qué quiere que le diga, cuando alguien es capaz de establecer esa equivalencia moral, no se puede seguir hablando. Creo que comparar a Sharon con Sadam es un acto de completa irracionalidad.

-¿Y si EEUU retirara la ayuda hasta que se acaben los asentamientos?

-Creo que los israelíes reaccionarían en contra, son gente muy dura. Pero le diré una cosa: los europeos siempre están quejándose de que EEUU se dedica a imponerse a medio mundo, pero cuando le llega la hora a Israel, les encantaría que le dieran con el martillo.

¿El contrato de reconstrucción a Halliburton, donde trabajó Cheney? «Un desastre desde el punto de vista de las relaciones públicas».Luego añade: «¡Que alguien piense que fuimos a una guerra para darle un contrato a una empresa de Cheney es de locos! Me pone muy nervioso lo poco que quieren los europeos discutir sobre un tipo llamado Sadam Husein. Es como si no existiera».

Para concluir, un poco de apaciguamiento: «Quien ha leído mi libro entiende lo que quiero decir: lo que yo quiero es una Europa que actúe de forma unificada y que invierta más en lo militar. Una Europa débil que se pasa la vida criticando a EEUU no le conviene a nadie».

Fuente: El Mundo
06/04/2003

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