Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Día D+20
A tan sólo veinte
días del inicio de los enfrentamientos armados, y desde el punto de
vista estratégico, se ha llegado a un extremo de absoluta
irreversibilidad de la contienda. Ninguna de las misiones de orden
táctico que quedan en los últimos coletazos de la batalla de Bagdad
pueden cambiar el rumbo de la guerra. En este sentido, el mando aliado
se enfrenta a un difícil dilema: optar por atacar directamente hacia el
corazón De Bagdad, buscando la pronta caída del régimen iraquí y la
captura del dictador, o completar el cerco de la capital, fomentando la
sublevación interior o la capitulación del régimen de Sadam Hussein.
Ambas posibilidades tienen sus ventajas y sus inconvenientes.
Una
opción supone continuar sin respiro el avance, en una maniobra de
flanco, atacando simultáneamente desde el aeropuerto internacional por
el oeste y desde Mahmudilla por el sur para confluir en el nudo urbano
de comunicaciones de la mezquita de Um Al Tubul, y llegar lo antes
posible al puente del 14 de julio. Esta opción podría obtener la
sorpresa y el desconcierto de las unidades de la Guardia Republicana que
defiende la ciudad, intentando a continuación la captura de los puentes
sobre el río Tigres antes de su posible voladura. La limpieza de las
bolsas de resistencia que se formen y el control de la ciudad será la
siguiente fase.
La
otra solución consistiría en asegurar por el norte el control de la vía
Zubaida-Taji, dejando por algún tiempo una salida hacia Irán para
quienes decidan la rendición. De esta formase podrían acumular
refuerzos a través del aeropuerto internacional, dando un respiro a las
unidades de vanguardia. Se retardaría la conquista de la capital, pero
ahorraría vidas humanas. La pasión por dominar y la soberbia son los
más bajos de los males, y la mayor parte de los fracasos vienen por las
prisas en alcanzar el éxito.
Psicología y propaganda.
Las
recientes incursiones al corazón de Bagdad, en clave psicológica y
propagandística, hay que calificarlas de éxito. El público habrá
contemplado al coronel Perkins paseándose por el centro de Bagdad con su
columna de carros de combate. Pero no han clarificado la táctica a
seguir. No cabe la menor duda que el Gobierno del Presidente Sadam
Husein habrá comprobado lo frágil que resulta su sistema defensivo ante
la abrumadora superioridad de medios estadounidenses y británicos, habrá
constatado cuan inútil resulta resistir a un ejército invasor con un
dominio absoluto de ingenios bélicos en tecnología, dirección y potencia
de fuego, y por último, habrá tomado buena nota de que la voluntad
defensiva de sus fieles no es lo suficientemente fuerte como para
impedir la ocupación de su reducto.
Tras
estos acontecimientos, cabría hacerse dos preguntas. La primera es
¿por qué no se rinde Sadam Husein?. Esta cuestión sólo puede contestarla
el mismo, pero nos hace pensar en la posibilidad de que intente una
huida. Quizás sería necesario controlar cuanto antes el aeropuerto
militar de Al Muthana, conectado por túneles con el Palacio
Presidencial, antes de que intente desaparecer como el líder de la red
terrorista Al Qaida, Osama Ben laden.
La
segunda pregunta es ¿por qué las unidades atacantes no garantizan una
zona segura de la capital como base para futuras operaciones?. La
constitución urbanística de la capital iraquí, con amplias avenidas de
aproximación, lo permite.
De
otro lado, si desde el punto de vista militar el éxito es seguro, desde
el punto de vista político, todavía queda la misión más importante.
Evitar que las grandes ciudades de Iraq que jalonan las dos vías de
norte a sur del país mesopotámico, se conviertan en la Cisjordania
palestina, donde garantizar la seguridad es casi imposible. El día 10
del mes de Muharraq, del 680, Yazid hijo de Muawiya, el gran traidor del
Islam, entró en la ciudad de Kerbalay asesinó a Husein el menor de los
hijos de Alí, primo y yerno del profeta Mahoma, y a toda su familia.
Desde entonces, sus restos reposan allí y la ciudad, verdadera cuna
santa. Es imprescindible que Washington trate con exquisita cautela la
política a seguir con respecto a la población iraquí.
Arturo Vinuesa
Coronel de Infantería en la reserva
Diplomado de Estado Mayor
Ex Agregado de Defensa en Iraq
Doctor en Ciencias Políticas
Fuente:
La Razón
08/04/2003