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Martes 8 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

La seguridad vista desde el cielo

Desde Chicago (Illinois) a 07/04/03

 Como colofón de estas jornadas organizadas por ASIS INTERNATIONAL, hemos tenido la suerte de recibir una perspectiva muy interesante de las nuevas tendencias técnicas y organizativas de seguridad aplicadas por el Director de Seguridad de la Torre Sears (el edificio más alto de Estados Unidos y uno de los más altos del mundo).

 

Todos sabemos que el 11 de septiembre provocó un pánico general en el país y en medio mundo. Para Carlos Villareal, Director de Seguridad de la Torre Sears significó poner en marcha su Plan de Emergencia y tomar las precauciones necesarias para prevenir las fatales consecuencias de un posible ataque.

La Torre Sears es un icono nacional. Construida en el año 1973, acoge en sus 110 pisos a unos 10.000 trabajadores y un total de 125 empresas, además de los 1.500 visitantes diarios que se desplazan para disfrutar de una perspectiva privilegiada de la ciudad de Chicago así como para probar exquisitos platos en los restaurantes situados en lo alto de la tremenda estructura.

Los padres de Carlos se trasladaron desde México a Chicago en los años 50, aunque su padre insistía en que sus hijos naciesen en México. Carlos se incorporó a los Marines y en 1976 se convirtió en un ciudadano americano.

Después de su retirada de los Marines en 1980, Carlos trabajó seis años como guarda de seguridad en el sector de la banca para después convertirse en Director de empresas inmobiliarias hasta llegar a TizecHahn, empresa propietaria de la Torre Sears.

Después de los ataques del 11 de septiembre, la seguridad en la Torre Sears ha experimentado un cambio significante. El objetivo, según Carlos, es elevar el nivel de seguridad, disminuir potenciales amenazas, estar preparados para posibles actuaciones y sobre todo, transmitir sensación de tranquilidad a sus clientes.

La seguridad no puede provocar que las empresas situadas en el edificio deseen desplazarse por inconveniencias e incomodidades. La actividad tiene que seguir su desarrollo normal y además la gente tiene que detectar que hay medidas establecidas.

Por supuesto que la organización de la Torre Sears no puede prevenir un ataque como el del World Trade Center, eso es competencia de otros organismos, pero si existen otra serie de ataques de los cuales se tienen que proteger. Bombas y bioterrorismo son su principal preocupación y para ello se ha elevado el presupuesto de seguridad hasta la cantidad de 6 millones de dólares. Esto ha provocado un incremento del precio por metro cuadrado del suelo de 42 centavos, aunque según Carlos, siguen siendo competitivos y la ocupación del edificio no ha sufrido variación desde el 11 de septiembre.

La entrada al edificio acoge medidas de inspección por rayos x. Las tarjetas de identificación permiten entrar a los diferentes sectores del edificio y las visitas son tratadas independientemente. Todo ello controlado por sofisticados equipos de video vigilancia.

Se han realizado estudios de tráfico de personas para garantizar que los controles de acceso no provocan colas ni retrasos para que las personas lleguen a sus puestos de trabajo.

La estructura del edificio, diferente a las torres gemelas, está compuesta por edificios independientes de diferentes alturas. Esto supone que el 60% de las personas se encuentren por debajo del piso 50, suponiendo esto una mayor concentración en niveles inferiores. A su vez, el diseño arquitectónico facilita la realización de diferentes tipos de evacuaciones (horizontales y verticales).

Posterior al 11 de septiembre se han realizado diversos estudios estudios de ingeniería  y arquitectónicos para calcular las consecuencias en el edificio de un impacto de un avión comercial.

El equipo y los medios de los que Carlos dispone se han visto incrementados considerablemente. Se han contratado servicios de seguridad para operar los equipos de inspección, así como unidades caninas para inspeccionar todos los camiones y furgonetas que acuden para distribuir su mercancía.

Todos los vehículos son inspeccionados y la paquetería es escaneada e incluso se ha conseguido eliminar el parking en la periferia del edificio así como el estacionamiento de taxis en la entrada del edificio.

A efectos de evacuación, los equipos de inspección que están situados en la entrada son fácilmente desplazables para habilitar el máximo espacio en las diferentes salidas.

Todas estas medidas son no solamente efectivas, sino que además no se perciben como incómodas. La importante labor que Carlos y su equipo han realizado es ganarse la confianza de sus huéspedes. Se realizan simulacros de emergencia para cada piso o empresa “diariamente”. El personal de seguridad es amable y están entrenados para ser el primer y último contacto agradable del edificio. Esto poco a poco provoca confortabilidad, tranquilidad y sensación de seguridad.

Pero todo esto no ha sido un paseo militar. La instalación de todos los elementos ha sido complicada y molesta. El entrenamiento del personal es continuo, de hecho Carlos ha tenido la amabilidad de invitarme a asistir a unas jornadas formativas para su personal sobre la actuación frente a atentados bioterroristas y en especial con antrax.

En ellas se analizó el conocimiento del personal de seguridad sobre el tema para poder así elevar ese nivel así como el conocimiento que el cliente o usuario del edificio puede tener al respecto. Con ello, se demostró que la preparación ante un ataque bioterrorista es complicada debido a que las medias a adoptar por la organización son opuestas a las de una emergencia por incendio. En conclusión, para estas primeras charlas a su personal, se quería que tuviesen conciencia de los peligros a los que están sometidos, las medidas que el gobierno y la organización interna están adoptando y la importancia de saber actuar y demostrar al cliente que se tiene conocimiento y control de la situación.

Como conclusión de esta visita y de estas interesantes jornadas que he podido asistir, la sensación de empresas y entidades públicas de Estados Unidos es que la batalla contra el terrorismo ha cambiado de reglas de juego.

Las condiciones en las que la estructura terrorista se mueve, como organización inteligente y bien estructurada, dificultan las tareas de planificación, ya que no solamente esta gente está enloquecida, sino que además están preparados intelectualmente y financieramente.

El mundo terrorista conoce las vulnerabilidades y es consciente de la repercusión de sus ataques, no solamente en la economía sino además en la mente de las personas. El pánico creado por los ataques del World Trade Center seguidos por el Antrax han creado un pánico general difícil de controlar.

Las consecuencias psicológicas han entrado en juego y los responsables de seguridad de organizaciones públicas y privadas tienen una labor duradera de inculcar una cultura de seguridad en sus trabajadores y ciudadanos. Es tan importante disponer de medidas técnicas de inspección, de detección y CCTV como de que las personas sean prevenidas en sus viajes, en el metro, en sus puestos de trabajo, en sus casas. La prevención comienza con el individuo y hay es donde se quiere poner énfasis.

La protección de infraestructuras críticas del país es un objetivo a conseguir a corto plazo. El impacto económico y moral de un ataque sería devastador. La función del Director de Seguridad que asuma no solamente las competencias de seguridad física, sino además los aspectos relacionados con la seguridad informática y la coordinación con las fuerzas de seguridad pública, es vital para garantizar una mínima protección adecuada a las amenazas existentes.

Con todo ello, se hace una llamada a la cooperación entre diferentes entidades y profesionales para compartir información y vencer poco a poco esta indeseada batalla.

José Luis Hidalgo
Master Business Administration (MBA), por el Instituto de Empresa (Madrid)
Director de Relaciones con Clientes y Formación de Directivos
BELT IBÉRICA, S.A.
jlhidalgo@belt.es

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