Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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A las puertas de
Bagdad
El optimismo de hoy
puede ser tan poco fundado como el pesimismo de la semana pasada, pero,
aunque todavía haya sorpresas, la guerra de Irak terminará pronto con
una victoria militar aplastante de Estados Unidos y de Reino Unido, y
dejará paso a una nueva Intifada de meses o años y a interminables
ajustes de cuentas.
Siguen llegando
refuerzos, los pozos de petróleo del sur están controlados y no se ha
volado ninguno de los principales puentes o embalses estratégicos.
La defensa de las rutas de apoyo se ha reforzado y la resistencia va
reduciéndose a bolsas aisladas en las ciudades del sur.
Renunciando a la conquista, calle a calle, de los centros urbanos, se ha
podido llegar en 15 días a la capital y se ha evitado una crisis humana.
El plan Franks-Rumsfeld-Myers no era tan malo después de todo.
Lo primero, ahora, es
consolidar el control del aeropuerto de Bagdad y sus alrededores, cortar
todas las entradas y salidas de la ciudad, y preparar el golpe final al
régimen. Todo depende de la resistencia, hasta ahora mínima. El
objetivo es aislar por completo al régimen iraquí de sus fuerzas en el
resto del país.
Curándose en salud, el
secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y todos sus portavoces repiten
que «lo más difícil aún no ha llegado», pero no tienen rival
militar. El cinturón defensivo, supuestamente formado por seis
divisiones de la Guardia Republicana, se ha evaporado. ¿Estaban muy
debilitadas por los bombardeos? ¿Se han replegado al interior de Bagdad
en espera de la batalla final?
Sadam ha tenido años
para preparar las respuestas posibles como preparó la defensa de las
ciudades del sur, pero no se han visto.Los «ataques no convencionales»
anunciados el viernes por su portavoz Mohamed S. Sahaf no se han
materializado y su empeño en negar ayer que el aeropuerto había caído en
poder de la Tercera División de Infantería sonaba tragicómico. Es una
victoria simbólica y estratégica muy importante, pero quedó apagada
rápidamente por 30 tanques Abrams y Bradley desfilando por la avenida de
la Universidad de Bagdad. «Todo mentira», volvió a decir Sahaf.
El uso de armas de
destrucción masiva, si las tiene, sería un acto desesperado e inútil.
Legitimaría la invasión, dejaría en ridículo a los inspectores de
Naciones Unidas y a todos los países que se opusieron a la guerra,
complicaría un poco las operaciones militares y mataría a muchos
iraquíes, pero no cambiaría el resultado de la guerra. Simplemente,
Sadam Husein pasaría a la Historia como lo que es, un asesino, y no como
el héroe que millones de árabes todavía creen que es. Justificaría una
respuesta mucho más dura y nadie levantaría un dedo en su defensa.
Si Sadam soñaba con
otro Stalingrado, Mogadiscio, Beirut o Grozni, se va a sentir
decepcionado. El general Franks ha preparado un asalto muy
diferente, aprovechando las lecciones de los marines británicos en
Basora durante las últimas dos semanas, la ocupación de Nablus y Yenín
por el Ejército israelí la primavera pasada y la preparación del terreno
por las fuerzas especiales desde que comenzó la guerra.
La
entrada, ayer, de los primeros tanques estadounidenses en los suburbios
de Bagdad parece una misión de reconocimiento y de guerra psicológica,
pero podemos estar también ante el principio del fin de la guerra.
La aviación y las
fuerzas especiales controlan el desierto occidental, y, día a día, sin
necesidad de frente norte, van eliminando las defensas del Ejército
iraquí en los 500 kilómetros de demarcación que separan el Kurdistán del
eje Mosul-Kirkuk. Franks espera que caiga como fruta madura tras la
conquista de Bagdad.
Con pocas armas pero
infinitamente más disciplinados que los afganos, los peshmergas kurdos,
dirigidos por unos 1.000 paracaidistas estadounidenses, se están
limitando a ocupar las posiciones que deja el enemigo sin disparar casi
un tiro. La llegada de los primeros convoyes con material desde
Turquía, tras la visita de Colin Powell esta semana, facilitará su
avance.
¿Se
salvarán los pozos del norte igual que se han salvado, por ahora, los
del sur? De ello depende, en buena parte, el precio del petróleo.
Cada vez más
desarmado, Sadam multiplica los llamamientos a la yihad, que están
llevando a una muerte inútil en Irak a centenares de idealistas
musulmanes, y a más ataques suicidas, que convierten a todos los
iraquíes en sospechosos a los ojos de los soldados.
Las
imágenes de Sadam o de uno de sus dobles aclamado el viernes en una
calle de Bagdad con humo de trincheras al fondo fueron un golpe
efectista de alto riesgo.
Con él envió un triple
mensaje. A la Casa Blanca: sigo vivo. A sus leales: aquí estoy,
resistid. Y a todos los demás: si colaboráis con el invasor, pagaréis
las consecuencias. Lo difícil es saber que era, efectivamente, él. Lo
malo con las victorias de imagen y de opinión pública es que, si no se
confirman en el campo de batalla, se quedan rápidamente en nada.
Felipe Sahagun
Periodista especialista en estrategia
Fuente: El Mundo
06/04/2003