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Martes 8 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

A las puertas de Bagdad

El optimismo de hoy puede ser tan poco fundado como el pesimismo de la semana pasada, pero, aunque todavía haya sorpresas, la guerra de Irak terminará pronto con una victoria militar aplastante de Estados Unidos y de Reino Unido, y dejará paso a una nueva Intifada de meses o años y a interminables ajustes de cuentas.

 

Siguen llegando refuerzos, los pozos de petróleo del sur están controlados y no se ha volado ninguno de los principales puentes o embalses estratégicos. La defensa de las rutas de apoyo se ha reforzado y la resistencia va reduciéndose a bolsas aisladas en las ciudades del sur.

Renunciando a la conquista, calle a calle, de los centros urbanos, se ha podido llegar en 15 días a la capital y se ha evitado una crisis humana. El plan Franks-Rumsfeld-Myers no era tan malo después de todo.

Lo primero, ahora, es consolidar el control del aeropuerto de Bagdad y sus alrededores, cortar todas las entradas y salidas de la ciudad, y preparar el golpe final al régimen. Todo depende de la resistencia, hasta ahora mínima. El objetivo es aislar por completo al régimen iraquí de sus fuerzas en el resto del país.

Curándose en salud, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y todos sus portavoces repiten que «lo más difícil aún no ha llegado», pero no tienen rival militar. El cinturón defensivo, supuestamente formado por seis divisiones de la Guardia Republicana, se ha evaporado. ¿Estaban muy debilitadas por los bombardeos? ¿Se han replegado al interior de Bagdad en espera de la batalla final?

Sadam ha tenido años para preparar las respuestas posibles como preparó la defensa de las ciudades del sur, pero no se han visto.Los «ataques no convencionales» anunciados el viernes por su portavoz Mohamed S. Sahaf no se han materializado y su empeño en negar ayer que el aeropuerto había caído en poder de la Tercera División de Infantería sonaba tragicómico. Es una victoria simbólica y estratégica muy importante, pero quedó apagada rápidamente por 30 tanques Abrams y Bradley desfilando por la avenida de la Universidad de Bagdad. «Todo mentira», volvió a decir Sahaf.

El uso de armas de destrucción masiva, si las tiene, sería un acto desesperado e inútil. Legitimaría la invasión, dejaría en ridículo a los inspectores de Naciones Unidas y a todos los países que se opusieron a la guerra, complicaría un poco las operaciones militares y mataría a muchos iraquíes, pero no cambiaría el resultado de la guerra. Simplemente, Sadam Husein pasaría a la Historia como lo que es, un asesino, y no como el héroe que millones de árabes todavía creen que es. Justificaría una respuesta mucho más dura y nadie levantaría un dedo en su defensa.

Si Sadam soñaba con otro Stalingrado, Mogadiscio, Beirut o Grozni, se va a sentir decepcionado. El general Franks ha preparado un asalto muy diferente, aprovechando las lecciones de los marines británicos en Basora durante las últimas dos semanas, la ocupación de Nablus y Yenín por el Ejército israelí la primavera pasada y la preparación del terreno por las fuerzas especiales desde que comenzó la guerra.

La entrada, ayer, de los primeros tanques estadounidenses en los suburbios de Bagdad parece una misión de reconocimiento y de guerra psicológica, pero podemos estar también ante el principio del fin de la guerra.

La aviación y las fuerzas especiales controlan el desierto occidental, y, día a día, sin necesidad de frente norte, van eliminando las defensas del Ejército iraquí en los 500 kilómetros de demarcación que separan el Kurdistán del eje Mosul-Kirkuk. Franks espera que caiga como fruta madura tras la conquista de Bagdad.

Con pocas armas pero infinitamente más disciplinados que los afganos, los peshmergas kurdos, dirigidos por unos 1.000 paracaidistas estadounidenses, se están limitando a ocupar las posiciones que deja el enemigo sin disparar casi un tiro. La llegada de los primeros convoyes con material desde Turquía, tras la visita de Colin Powell esta semana, facilitará su avance.

¿Se salvarán los pozos del norte igual que se han salvado, por ahora, los del sur? De ello depende, en buena parte, el precio del petróleo.

Cada vez más desarmado, Sadam multiplica los llamamientos a la yihad, que están llevando a una muerte inútil en Irak a centenares de idealistas musulmanes, y a más ataques suicidas, que convierten a todos los iraquíes en sospechosos a los ojos de los soldados.

Las imágenes de Sadam o de uno de sus dobles aclamado el viernes en una calle de Bagdad con humo de trincheras al fondo fueron un golpe efectista de alto riesgo.

Con él envió un triple mensaje. A la Casa Blanca: sigo vivo. A sus leales: aquí estoy, resistid. Y a todos los demás: si colaboráis con el invasor, pagaréis las consecuencias. Lo difícil es saber que era, efectivamente, él. Lo malo con las victorias de imagen y de opinión pública es que, si no se confirman en el campo de batalla, se quedan rápidamente en nada.

Felipe Sahagun
Periodista especialista en estrategia
Fuente: El Mundo
06/04/2003

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