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Martes 8 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

La Gran Mezquita de Alí

Las diferencias entre los chiíes y sunníes han sido una constante en Irak y en todo el mundo musulmán, comprender el fenómeno puede ayudar a encontrar la solución.

La entrada de los aliados en la ciudad santa de Najaf ha sido cuanto menos contradictoria. Por una parte se ha visto un cierto consentamiento de la población a la llegada de unidades militares norteamericanas, y al mismo tiempo una violenta manifestación, porque creían que iban a ocupar la Gran Mezquita de Alí, que llegó a hacer retroceder a los soldados para no provocar un baño de sangre, solucionado, gracias a Dios, ante una llamada a la calma del Ahyatollah más importante de la ciudad, que a la sazón se encontraba “recluido” por orden de Sadam.

Como todas las grandes religiones monoteistas no existe una comunión entre todos los fieles, el Islam se encuentra dividido en cientos, por no decir miles de sectas, que considerando a Mahoma como profesta de Dios, Alá, difieren unas de otras en el camino que debe seguirse hasta el paraiso. Les ocurre lo mismo que al cristianismo, en donde católicos, ortodoxos y protestantes se mezclan con un gran número de sectas nacidas la mayoría de ellas durante los siglos XIX y XX. Por eso hay que hacer unas matizaciones a la llamada a la unidad musulmana contra los infieles.

Lo mismo que casi desde el comienzo del cristianismo empezaron las primeras “herejías”, desde la muerte de Mahoma se iniciaron también las primeras discrepancias con la “doctrina oficial” liderada por un familiar del Profeta. Esta doctrina seguían fielmente la sunna, los preceptos dictados por Mahoma, de ahí la denominación de sus seguidores, sunníes.

Mahoma tuvo una hija, Fátima, casada con Alí, los cuales se consideraron desde el primer momento verdaderos descendientes del Profeta, pero fueron apartados del poder, según parece a causa de su sensibilidad social con respecto a los más necesitados. Alí y sus seguidores fueron abatidos militarmente en la batalla de Kerbala (Irak), pero no con esa victoria, se consiguió acallar la doctrina surgida a su amparo, siendo conocidos los que la seguían como chiítas.

Cualquier estudioso de la historia árabe diría que se ha simplificado excesivamente la cuestión religiosa, a ello hay que decir que es cierto, pero que esta simplificación ayuda a esclarecer la división existente en Irak, entre chiítas o chiíes y sunnitas o sunníes, división que se produce en casi todas las naciones del mundo árabe.

Las luchas y guerras entre las dos ramas religiosas ha sido constante a lo largo de la historia. Para algunos la aparición de fundamentalismo islámico y su radicalización con los islamistas, no es más que otra manifestación de aquella guerra civil, que apareció en el mundo musulmán cuando aún estaba caliente el cuerpo del Profeta.

Los primeros califas sucesores de Mahoma, fueron los Omeyas, que establecieron su capital en Damasco, siendo aplastados por otra rama, los Abasíes, que en sus pretensiones de ocupar el califato, se unieron con los seguidores de Alí, derrotando a los Omeyas y asesinando a toda la familia, excepto Abderramán I, que logró huir a España y proclamarse “Emir independiente” de Bagdad, ciudad a donde habían trasladado la capital del califato la nueva dinastía, la cual después de asentarse en el poder, hicieron caso omiso a las promesas que habían hecho a los chiítas, llevando a cabo una cruel represión contra ellos.

Desde entonces existe esta división y latente confrontación entre los sunnítas y chiítas en Irak, que la llegada del Baazismo, con su ideología laica -de hecho aceptó cristianos entre sus filas, como Tarik Aziz, el vicepresidente-, procuró aminorar. La guerra de 1991 y la actual de 2003, han vuelto a hacer aflorar las discrepancias, aunque la proclamada invasión en nombre de la liberación de la esclavitud del dictador no ha tenido el eco deseado, pesando más el amor a la tierra invadida por los “infieles”.

La nueva situación creada a raíz de la conquista de Najaf pasa por el respeto más absoluto de los soldados y de los mandos a la religión musulmana, la consideración de las mezquitas como lugares sagrados que no deben ser violados, las conversaciones que deben realizarse con los clérigos, como únicos administradores que quedan sobre el terreno iraquí, para la distribución de la ayuda humanitaria y otras medidas similares, son las que poco a poco pueden ir haciendo cambiar la balanza de la población a favor de las fuerzas militares “cristianas”, cuyo “Dios-Profeta Jesús” –es Profeta en la doctrina musulmana-, no ha llegado al país para doblegar sino para ayudar a sus hermanos.

Los pueblos tienen alma y son sensibles a estos llamamientos, es bueno que los conductores de esta terrible acción bélica se den cuenta de que el camino pasa por la comprensión.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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