Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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La Gran Mezquita de Alí
Las
diferencias entre los chiíes y sunníes han sido una constante en Irak y
en todo el mundo musulmán, comprender el fenómeno puede ayudar a
encontrar la solución.
La entrada de los aliados en la ciudad santa de Najaf ha sido
cuanto menos contradictoria. Por una parte se ha visto un cierto
consentamiento de la población a la llegada de unidades militares
norteamericanas, y al mismo tiempo una violenta manifestación, porque
creían que iban a ocupar la Gran Mezquita de Alí, que llegó a hacer
retroceder a los soldados para no provocar un baño de sangre,
solucionado, gracias a Dios, ante una llamada a la calma del Ahyatollah
más importante de la ciudad, que a la sazón se encontraba “recluido” por
orden de Sadam.
Como todas las grandes religiones monoteistas no existe una comunión
entre todos los fieles, el Islam se encuentra dividido en cientos,
por no decir miles de sectas, que considerando a Mahoma como
profesta de Dios, Alá, difieren unas de otras en el camino que debe
seguirse hasta el paraiso. Les ocurre lo mismo que al cristianismo, en
donde católicos, ortodoxos y protestantes se mezclan con un gran número
de sectas nacidas la mayoría de ellas durante los siglos XIX y XX. Por
eso hay que hacer unas matizaciones a la llamada a la unidad musulmana
contra los infieles.
Lo mismo que casi desde el comienzo del cristianismo empezaron las
primeras “herejías”, desde la muerte de Mahoma se iniciaron también las
primeras discrepancias con la “doctrina oficial” liderada por un
familiar del Profeta. Esta doctrina seguían fielmente la sunna, los
preceptos dictados por Mahoma, de ahí la denominación de sus seguidores,
sunníes.
Mahoma tuvo una hija, Fátima, casada con Alí,
los cuales se consideraron desde el primer momento verdaderos
descendientes del Profeta, pero fueron apartados del poder, según parece
a causa de su sensibilidad social con respecto a los más necesitados.
Alí y sus seguidores fueron abatidos militarmente en la batalla de
Kerbala (Irak), pero no con esa victoria, se consiguió acallar la
doctrina surgida a su amparo, siendo conocidos los que la seguían
como chiítas.
Cualquier estudioso de la historia árabe diría que se ha simplificado
excesivamente la cuestión religiosa, a ello hay que decir que es cierto,
pero que esta simplificación ayuda a esclarecer la división existente en
Irak, entre chiítas o chiíes y sunnitas o sunníes, división que se
produce en casi todas las naciones del mundo árabe.
Las luchas y guerras entre las dos ramas religiosas ha sido constante a
lo largo de la historia.
Para algunos la aparición de fundamentalismo islámico y su
radicalización con los islamistas, no es más que otra manifestación de
aquella guerra civil, que apareció en el mundo musulmán cuando aún
estaba caliente el cuerpo del Profeta.
Los primeros califas sucesores de Mahoma, fueron los Omeyas, que
establecieron su capital en Damasco, siendo aplastados por otra rama,
los Abasíes, que en sus pretensiones de ocupar el califato, se unieron
con los seguidores de Alí, derrotando a los Omeyas y asesinando a toda
la familia, excepto Abderramán I, que logró huir a España y proclamarse
“Emir independiente” de Bagdad, ciudad a donde habían trasladado la
capital del califato la nueva dinastía, la cual después de asentarse en
el poder, hicieron caso omiso a las promesas que habían hecho a los
chiítas, llevando a cabo una cruel represión contra ellos.
Desde entonces existe esta división y latente confrontación entre los
sunnítas y chiítas en Irak, que la llegada del Baazismo, con su
ideología laica -de hecho aceptó cristianos entre sus filas, como Tarik
Aziz, el vicepresidente-, procuró aminorar. La guerra de 1991 y
la actual de 2003, han vuelto a hacer aflorar las discrepancias, aunque
la proclamada invasión en nombre de la liberación de la esclavitud
del dictador no ha tenido el eco deseado, pesando más el amor a la
tierra invadida por los “infieles”.
La nueva situación creada a raíz de la conquista de Najaf pasa por el
respeto más absoluto de los soldados y de los mandos a la religión
musulmana,
la consideración de las mezquitas como lugares sagrados que no deben ser
violados, las conversaciones que deben realizarse con los clérigos, como
únicos administradores que quedan sobre el terreno iraquí, para la
distribución de la ayuda humanitaria y otras medidas similares, son las
que poco a poco pueden ir haciendo cambiar la balanza de la población a
favor de las fuerzas militares “cristianas”, cuyo “Dios-Profeta
Jesús” –es Profeta en la doctrina musulmana-, no ha llegado al país para
doblegar sino para ayudar a sus hermanos.
Los pueblos tienen alma y son sensibles a estos llamamientos, es bueno
que los conductores de esta terrible acción bélica se den cuenta de que
el camino pasa por la comprensión.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es