Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Los calamares
En la
historia del siglo XIX, el político “calamar” era aquel que estaba en
todos los gobiernos fuera del partido que fuera. En la Europa actual hay
jefes de estado y de gobierno que quieren ejercer de “calamar”. En
España, inventora de la especie, determinados miembros prestigiosos de
la oposición, reclaman quedamente que se actúe de esta forma.
En el argot histórico-político, desgraciadamente olvidado, la palabra
“calamar” significaba al político que se mantenía en el poder fuera el
color del partido que gobernara.
España, en donde se creó la imagen, ha dado luz a grandes calamares, que
no deben, aunque parezca, tener carácter despectivo, sino que debe
considerarse como una habilidad personal para seguir en primera línea.
No hace mucho, de un prestigioso político y empresario español se decía
que no tenía permiso de conducir, porque desde que estaba en la
Universidad pertenecía al SEU (Sindicato Español Universitario) y desde
entonces disponía de coche oficial. Gran calamar puede considerarse
al inefable don Francisco Fernández Ordóñez, Paco Ordóñez, que
figuró en las filas del franquismo, creo recordar como presidente
del INI o similar, en las filas de UCD, durante la transición,
pasando posteriormente al partido socialista como ministro de Asuntos
Exteriores, uno de nuestros más recordados ministros. Martín Villa,
Pío Cabanillas (padre), Ruíz Gallardón (padre) pueden considerarse
“calamares” en el argot histórico-militar.
Sin embargo en la crisis internacional que vivimos parece que a todo el
mundo le ha entrado ganas de ser “calamar”, y no hablo en el ámbito
español, sino en el internacional. El canciller alemán –perdón
que no escriba su nombre, pero nunca lo puedo deletrear-, y su esposa,
están haciendo encajes de bolillo para hacer comprender al emperador de
Occidente, es decir a George Bush, que aunque ellos en un primer
momento dijeron no a la guerra, no querían decir que Sadam Hussein no
debiera desaparecer. Jacques Chirac, el republicano-rey francés
–de este régimen agridulce están empezándose a cansar las fuerzas
mundiales-, también esgrime razones semejantes para intentar comerse la
tarta del pastel de la reconstrucción de Irak, siendo su caso mucho más
grave que el primero, porque si el alemán no traicionará a nadie,
Chirac, como buen francés, asestará por la espalda una cuchillada al
gobierno español con tal de asentar su situación de “calamar”.
Calamares exitosos para la política española
y a la postre grandes hombres de estado, fueron don Felipe
González Marquez, y don Manuel Solana, que de acérrimos
anti-OTAN pasaron a todo lo contrario, convirtiéndose en lo que
necesitaba la sociedad española, y cuyas declaraciones en los momentos
actuales, por razón de su pertenencia a un partido político, son de
naturaleza tibia e incluso inexistente. La razón de partido en España es
más fuerte que la de estado, ¡qué le vamos a hacer!.
La OTAN en pleno, la ONU y otras organizaciones mundiales, resaltan
“oficialmente” su rechazo a la guerra, pero se afanan por participar,
aduciendo múltiples razones humanitarias, su participación
“desinteresada” en la reconstrucción del Irak pos-Sadam. Todos ellos,
dentro de una órbita pacifista proclaman que Sadam Hussein es un peligro
para la humanidad y debe ser derrocado y juzgado por los tribunales
internacionales, cuando hace pocas semanas decían diametralmente lo
contrario.
Los españoles inventamos el “político calamar”, no desaprovechemos el
invento y a pesar de todo el rechazo a la guerra, manifestemos
claramente una apuesta por la paz, pensando que tras el derrocamiento de
Sadam Hussein, que es lo más deseable, debe venir la paz y con ella la
reconstrucción de Irak. La postura actual de la oposición,
tristemente capitaneada por el partido comunista, corpúsculo en la
sociedad española, nos puede, en el caso de que alcanzara el poder,
llevar a situaciones peligrosas en los campos diplomáticos, económicos,
políticos, militares, de seguridad, etc., internacionales. Hay voces
prestigiosas, dentro del principal partido de la oposición que están
demandando a los líderes del mismo que ejerzan de “calamares”, que
tan bien conoce el político español y que efectúen una transición, sin
claudicar de sus ideas, desde la situación actual al escenario que
irremediablemente se dará, es decir un mundo sin Sadam Hussein, y en
donde nuestra Patria, por una vez en la vida tiene algo que opinar.
No seamos quijotes ni suicidas, seamos prácticos, en definitiva
seamos “calamares”.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es