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Miércoles 9 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Los calamares

En la historia del siglo XIX, el político “calamar” era aquel que estaba en todos los gobiernos fuera del partido que fuera. En la Europa actual hay jefes de estado y de gobierno que quieren ejercer de “calamar”. En España, inventora de la especie, determinados miembros prestigiosos de la oposición, reclaman quedamente que se actúe de esta forma.

En el argot histórico-político, desgraciadamente olvidado, la palabra “calamar” significaba al político que se mantenía en el poder fuera el color del partido que gobernara.

España, en donde se creó la imagen, ha dado luz a grandes calamares, que no deben, aunque parezca, tener carácter despectivo, sino que debe considerarse como una habilidad personal para seguir en primera línea. No hace mucho, de un prestigioso político y empresario español se decía que no tenía permiso de conducir, porque desde que estaba en la Universidad pertenecía al SEU (Sindicato Español Universitario) y desde entonces disponía de coche oficial. Gran calamar puede considerarse al inefable don Francisco Fernández Ordóñez, Paco Ordóñez, que figuró en las filas del franquismo, creo recordar como presidente del INI o similar, en las filas de UCD, durante la transición, pasando posteriormente al partido socialista como ministro de Asuntos Exteriores, uno de nuestros más recordados ministros. Martín Villa, Pío Cabanillas (padre), Ruíz Gallardón (padre) pueden considerarse “calamares” en el argot histórico-militar.

Sin embargo en la crisis internacional que vivimos parece que a todo el mundo le ha entrado ganas de ser “calamar”, y no hablo en el ámbito español, sino en el internacional. El canciller alemán –perdón que no escriba su nombre, pero nunca lo puedo deletrear-, y su esposa, están haciendo encajes de bolillo para hacer comprender al emperador de Occidente, es decir a George Bush, que aunque ellos en un primer momento dijeron no a la guerra, no querían decir que Sadam Hussein no debiera desaparecer. Jacques Chirac, el republicano-rey francés –de este régimen agridulce están empezándose a cansar las fuerzas mundiales-, también esgrime razones semejantes para intentar comerse la tarta del pastel de la reconstrucción de Irak, siendo su caso mucho más grave que el primero, porque si el alemán no traicionará a nadie, Chirac, como buen francés, asestará por la espalda una cuchillada al gobierno español con tal de asentar su situación de “calamar”.

Calamares exitosos para la política española y a la postre grandes hombres de estado, fueron don Felipe González Marquez, y don Manuel Solana, que de acérrimos anti-OTAN pasaron a todo lo contrario, convirtiéndose en lo que necesitaba la sociedad española, y cuyas declaraciones en los momentos actuales, por razón de su pertenencia a un partido político, son de naturaleza tibia e incluso inexistente. La razón de partido en España es más fuerte que la de estado, ¡qué le vamos a hacer!.

La OTAN en pleno, la ONU y otras organizaciones mundiales, resaltan “oficialmente” su rechazo a la guerra, pero se afanan por participar, aduciendo múltiples razones humanitarias, su participación “desinteresada” en la reconstrucción del Irak pos-Sadam. Todos ellos, dentro de una órbita pacifista proclaman que Sadam Hussein es un peligro para la humanidad y debe ser derrocado y juzgado por los tribunales internacionales, cuando hace pocas semanas decían diametralmente lo contrario.

Los españoles inventamos el “político calamar”, no desaprovechemos el invento y a pesar de todo el rechazo a la guerra, manifestemos claramente una apuesta por la paz, pensando que tras el derrocamiento de Sadam Hussein, que es lo más deseable, debe venir la paz y con ella la reconstrucción de Irak. La postura actual de la oposición, tristemente capitaneada por el partido comunista, corpúsculo en la sociedad española, nos puede, en el caso de que alcanzara el poder, llevar a situaciones peligrosas en los campos diplomáticos, económicos, políticos, militares, de seguridad, etc., internacionales. Hay voces prestigiosas, dentro del principal partido de la oposición que están demandando a los líderes del mismo que ejerzan de “calamares”, que tan bien conoce el político español y que efectúen una transición, sin claudicar de sus ideas, desde la situación actual al escenario que irremediablemente se dará, es decir un mundo sin Sadam Hussein, y en donde nuestra Patria, por una vez en la vida tiene algo que opinar. No seamos quijotes ni suicidas, seamos prácticos, en definitiva seamos “calamares”.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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