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Miércoles 9 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

El soldado del futuro entra en escena con el asalto a Bagdad

Washington despliega el proyecto «Land Warrior 1.0» de combate urbano, que convierte a su infantería en «droides» casi invencibles.

Varios sistemas del programa OFW diseñados para el proyecto «Land Warrior 1.0» han sido proporcionados a las unidades de elite de EE UU que se preparan para tomar Bagdad, según un informe remitido a LA RAZÓN por el Comando Biológico y Químico estadounidense con base en Natick (Massachusetts). Con estos dispositivos, las tropas multiplican varias veces su capacidad de matar, convirtiéndose en «droides» invulnerables.

 

El laboratorio óptico de Fort Belvoir (Virginia) ha equipado a las compañías que lanzarán la ofensiva urbana sobre Bagdad con un arma que les convierte en una suerte de droides casi invencibles ante cualquier situación: de día o de noche, en terrenos desconocidos o laberínticos, aislados o junto a sus unidades, bajo fuego enemigo o ante una lluvia bacteriológica o química de proporciones devastadoras. Las fuerzas de tierra estadounidenses están equipadas con al menos tres sofisticados sistemas desarrollados en los centros de Fort Polk (Los Ángeles, California), Fort Belvoir (Virginia) y en Natick, todos ellos bajo mando del Comando Biológico y Químico de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (SBCCOM).

   «El proyecto Objetive Force Warrior (OFW) se transformará en el Land Warrior en 2010, pero hay programas que se encuentran ya a disposición de nuestras fuerzas», asegura a LA RAZÓN Jerry Whitaker, jefe de la Oficina de Información del Comando de Sistemas de Natick. «Empleamos toda la tecnología necesaria para convertir al soldado en un arma más letal, capaz de sobrevivir en todo tipo de escenarios. No se trata de reemplazarle, sino de revolucionar su capacidad al máximo», añade Whitaker.

Guerra urbana

Según los informes remitidos a este diario por el SBCCOM, parte del contingente norteamericano cuenta con un potente dispositivo de combate ¬compuesto por cámaras infrarrojas que cuadruplican la visión humana y láseres capaces de localizar objetivos invisibles y detectar si son amigos o enemigos¬ que fue probado con éxito en Afganistán, una mínima punta del iceberg del programa OFW, cuyo último fin es com- pletar la versión 1.0 del «Land Warrior»: el soldado del futuro, lo más parecido a un robot de combate.

   El resto del proyecto, en el que participan múltiples agencias de tecnología militar y dos gigantescos consorcios armamentísticos ¬Eagle Enterprises, subsidiaria de la aeroespacial General Dynamics, y el coloso Exponent Inc¬, sorprende incluso a sus propios creadores, que trabajan contrarreloj para acelerar la entrega de un prototipo definitivo, en principio previsto para 2004, pero que Washington desea cuanto antes en la mesa del Despacho Oval ante la guerra casa por casa que se prevé en la toma de Bagdad.

   La compleja versión del «Land Warrior 1.0», incluye armaduras impenetrables de menos de 22 kilos, que proveen de una protección casi absoluta a las tropas ante ataques balísticos, ambientales, químicos o bacteriológicos; cascos herméticos cuyos visores integrados y computerizados permiten ver en cualquier circunstancia; armas de gran precisión y capacidad ilimitada; esqueletos externos capaces de incrementar la agilidad y convertir al soldado en un robot de movimientos felinos, en «tigres del combate», como los califica Darpa (Defense Advanced Research Projects Agency), la agencia que diseña los componentes y que fue precursora de internet.

   Otro de los subsistemas indetectables del «Land Warrior 1.0» con que cuentan los marines en Iraq es el dispositivo computerizado de radio, que permite a las tropas estar en permanente contacto con su unidad, evitando el aislamiento de los soldados en las misiones nocturnas e incrementando la sensación del individuo de que forma parte de una unidad aunque esté solo y perdido.

   Las tropas a las que se ha distribuido este equipo cuentan con una diminuta radio numérica emisor-receptor que facilita que el resto de su unidad pueda escucharle incluso en condiciones de alta contaminación acústica e inclusive si el soldado se ve obligado a susurrar al advertir presencia enemiga. Un potente lector de oscilaciones craneales capta las vibraciones de la voz emisora y logra duplicarlas y transmitirlas. Los marines que disponen de este dispositivo pueden escuchar la voz de sus compañeros a través de auriculares y el sonido exterior gracias a dos micrófonos que cortan su emisión al detectar un ruido violento para proteger los tímpanos del individuo.

   Además, tienen en el bolsillo de su chaleco un sistema GPS ¬proyectado por el OFW¬ que les permitirá acceder a mapas de la zona, aunque no sepan dónde están. Un punto intermitente en el GPS señala la posición del individuo. El conjunto es administrado por un microcomputador situado en la cintura.

   El sistema dispone de un potente fusil M4, probado con éxito sobre el terreno. El M4 consta de tres cilindros que convierten a este arma en la joya de las armas de fuego de las Fuerzas Armadas de EE UU. A la izquierda, el primer cilindro incorpora una cámara capaz de efectuar un barrido completo de la zona de combate y detectar, mediante un potente zoom, cualquier objeto a una distancia de 300 metros.

   Apoyado sobre la culata, un segundo cilindro dispone de una cámara de visión térmica, capaz de descubrir todos los cuerpos que irradien calor. El último cilindro del M4 se encuentra situado cerca del mango del fusil. Allí, un láser es capaz de calcular automáticamente la distancia y altitud de todos los objetivos que aparezcan situados en el punto de mira. Instantáneamente, los objetivos seleccionados que se encuentran en el punto de mira, cuyo alcance es de dos kilómetros, reciben la proyección de un punto luminoso que fija el blanco perfecto.

   La cuestión es: ¿cómo puede el soldado del futuro observar todo este complejo procedimiento? Mediante otro de los subsistemas del «Land Warrior 1.0», una micropantalla transparente de 2,5 centímetros ¬integrada en el visor que protege los ojos del individuo y le permite una nítida visión nocturna en la que se plasman todos los movimientos de los objetos detectados por las cámaras del M4. Si el soldado apunta por error a uno de sus compañeros, es advertido por un zumbido intermitente.

Mayor capacidad de matar

Por si todo esto fuera poco, la versión 1.0 del «Land Warrior» añade un teclado virtual que aparece proyectado en el visor y permite redactar informes sobre el terreno y transmitirlos por correo electrónico a la base central de operaciones y a sus propios compañeros. Todos los movimientos de estas unidades están recogidos individualmente por el comando central de retaguardia. De esta manera, el centro director de la batalla puede ver, oír y casi hasta palpar el teatro de operaciones.

   El excesivo peso del equipamiento ¬sólo el apartado electrónico supera los seis kilogramos, incluidas las dos baterías que permiten una autonomía de 24 horas¬ no ha permitido que la totalidad del proyecto esté desplegado en Iraq, a pesar de haber sido íntegramente probado con éxito en Savannah (Georgia).

   La visión del Mayor Brian Cummings, jefe del proyecto en el apartado electrónico, resume la envergadura del proyecto. «El sistema ayudará a hacer más compatible a los soldados con la tácticas de infantería en cualquier lugar, independientemente de las condiciones externas de combate, incluso en donde no teníamos ventaja por no conocer el terreno», asegura, para añadir que el objetivo del «Land Warrior 1.0» «no es que las condiciones de combate del soldado sean más cómodas, sino aumentar su capacidad de matar». Todas las unidades del Ejército estarán equipadas antes de 2006 con este sistema. De su éxito sobre el terreno dependerá su extensión al resto de unidades.

Fuente: La Razón
07.04.03

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