Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Cómo asegurar
Bagdad y normalizar la ciudad
Después de los
combates urbanos, uno de los primeros problemas a los que se
enfrentan las fuerzas que ocupan una localidad es su control efectivo
ante un vacío de poder. Es lo que hemos visto en Bagdad. Este vacío
o ausencia de poder se manifiesta en la falta de una serie de elementos
fundamentales como la carencia de infraestructuras básicas o de
alimentos. Derivados del mismo y la situación originada tras los
combates, se pueden manifestar otros problemas como el del pillaje, que
se ha visto en la ciudad de Basora y ayer mismo comenzaron en Bagdad, la
posibilidad de actuaciones de bandas organizadas que quieren hacerse con
el control de determinadas zonas o productos procedentes de la ayuda
humanitaria, bolsas puntuales de resistencia militar o paramilitar e
incluso acciones de tipo terrorista contra las fuerzas ocupantes.
En
esta situación varias son las tareas que deben acometer las fuerzas de
ocupación. Primero, desarrollar un conjunto de labores de seguridad
que permitan el control efectivo de la ciudad para poder declararla
«zona segura» y conseguir así la llegada y el reparto con más
efectividad de la ayuda humanitaria. Una labor, la de la ayuda
humanitaria, no sólo importantísima, sino como es el caso que nos ocupa,
urgente tras los combates desarrollados y que hay que conseguir que
llegue a la totalidad de la población, evitando que la acaparen unos
pocos.
Simultáneamente hay que conseguir que se mantengan las infraestructuras
básicas como el agua, la luz o las comunicaciones para normalizar la
vida de la ciudad. En esta labor tienen una función fundamental las
unidades de especialidades de ingenieros.
Además,
en el caso de Bagdad y dada su característica geográfica para no
dividirla en dos partes aisladas, facilitar su seguridad y la libertad
de circulación, tiene especial importancia que los puentes que permiten
el tránsito de un lado a otro de la ciudad estén cuanto antes
operativos.
Hasta aquí las dificultades y los retos. Ahora veamos las soluciones
para una labor que requiere una capacidad de gestión muy importante.
Desde el punto de vista técnico-militar lo primero que se debe hacer es
dividir la la ciudad en áreas de responsabilidad encomendadas cada
una de ellas a una unidad.
La
división puede ser por barrios, por sectores o por la especifidad
geográfica de Bagdad atravesada en dos partes bien diferenciadas: el
Este y el Oeste.
Cada
una de estas unidades responsables de un área deben encargarse tanto de
proporcionar la seguridad verificando el desarme de las milicias y
grupos paramilitares como del reparto de la ayuda humanitaria, el
control de daños para identificar las infraestructuras en mal estado y
la desactivación de explosivos.
Por
encima de estas unidades tiene que haber una autoridad, un jefe
responsable del control de la ciudad, que disponga de una cadena de
mando que sea capaz de actuar con rapidez, flexibilidad y eficacia para
intervenir en cualquier momento y punto con el objeto de solventar
cualquier contingencia y evitar situaciones de crisis. Esta
autoridad debe contar con unidades de reserva que podrían ser
aerotransportables y que rápidamente sean puestas en cualquier punto de
la ciudad y además puedan ejercer un labor rápida de disuasión ante
cualquier incidente. Dos pilares básicos para el jefe responsable del
control de la ciudad son la información para poder adelantarse a los
acontecimientos y por otro lado ganarse el apoyo de la población civil.
Además, habrá otro tipo de unidades que no tendrán un área de
responsabilidad específica sino un determinado cometido como labores de
escolta de convoyes con ayuda humanitaria.
Con la
división de la ciudad en áreas de responsabilidad entra en juego también
otro elemento fundamental: el contacto y coordinación con las
organizaciones internacionales y no gubernamentales que van a trabajar
sobre el terreno en la ayuda humanitaria. Estos es importante porque
habrá organizaciones que quieran ayudar enseguida pero cuya eficacia se
puede perder por una falta de coordinación.
Para
evitarlo no sólo debe haber una relación estrecha entre las unidades
militares y esas organizaciones sino que habrá que contar con lo que
llamamos la «cooperación cívico-militar». Se trata de cooperar
con aquellas personas que en un barrio, una calle o una determinada zona
por sus características se les puede considerar personal de confianza y
además son respetadas por su entorno natural.
En
colaboración con esas personas se llevará a la población civil la ayuda
humanitaria para que se beneficien todos.
Manuel Busquier Sáez
Comandante del Ejército de Tierra
Fuente: ABC
10.04.03