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Jueves 10 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

La guerra en directo

Las muertes civiles e inocentes que se producen en los combates, siendo muy sensibles, son según las estadísticas históricas las menos numerosas de los últimos conflictos bélicos. Con ello no se justifican las muertes, pero se reflexiona sobre determinadas cuestiones de la guerra en el siglo XXI.

Los once periodistas muertos son más de lo que los medios pueden aguantar, y junto con las imágenes visuales y descritas, del dolor de personas civiles, principalmente niños, nos llevan a razonar y exclamar en voz alta, “son demasiados muertos, hay que parar esta guerra injusta”.

No puedo, ni quiero justificar la muerte de tanto inocente, pero si me parece oportuno reflexionar sobre algunas cuestiones relacionadas con los conflictos armados en este siglo XXI.

¿Es más cruel la guerra actual que la de los siglos XIX y XX?. Estamos viviendo en África numerosos conflictos internos e interestados –la diversidad de etnias enfrentadas en un país, nos impide clasificarla como guerra civil-, no quedando recogidas sus escenas por casi ningún medio occidental. Personalmente, suscrito a “Mundo Negro”, revista de los misioneros combonianos, me entero de las atrocidades cometidas, con mutilaciones, violaciones, exclavitud, etc., cuya difusión haría empequeñecer lo que ocurre en Irak.

En las guerras anteriores había que destruir al enemigo, y la población civil sufría las consecuencias de los bombardeos, pudiéndose contar las bajas de esta índole por miles. La guerra del siglo XXI pretende ser “quirúrgica”, asestando golpes mortíferos en los lugares más sensibles del despliegue contrario. Los miles de muertos anteriores se corresponden con las docenas actuales –por bombardeo individualizado-, aunque la inmediatez de los medios modernos los hacen más patentes en nuestras mentes.

El dicho español “ojos que no ven, corazón que no siente”, sirve perfectamente para demostrar este hecho. Durantes las guerras civil española y segunda mundial, la población se enteraba de los acontecimientos a través de la prensa escrita, quedando reducidos los “noticieros” a mostrar imágenes posteriores a la consecución de la batalla, y a lo sumo, se filmaban planos muy lejanos sobre la acción. Es decir no se veía le “horror de la guerra”, pero las listas de fallecidos, soldados y civiles llegaban a ser aterradoras. Hoy ocurre todo lo contrario, las imágenes nos hacen estremecer porque vivimos in situ el momento del dolor y del tránsito a la muerte, sin embargo las listas de bajas nos dejan en cierto modo indiferentes.

Sólo un colectivo de muertos han crecido exponencialmente con la guerra moderna, el de los periodistas. Nunca hasta los tiempos recientes ha estado el periodista tan en primera línea. Los más atrevidos, en el pasado, se hicieron legendarios, como Robert Kappa, que fotografió al miliciano en su tránsito hacia la muerte, pero en general el reportero a compañaba a las tropas de la segunda oleada, provocándose las bajas a causa fundamentalmente de grupos incontrolados.

Hoy día, el periodista no sólo va en primera fila de cada adversario, sino que incluso se coloca en medio, para ilustrar adecuadamente el avance y el choque de las unidades contendientes. Esta faceta de la información ha elevado desgraciadamente el número de bajas del colectivo.

Se vuelve a insistir que no se está justificando nada, sino reflexionando sobre una situación, sobre la que además debemos aseverar que las armas modernas, tan sofisticadas ellas, prácticamente no tienen fallos, estos los producen los humanos que las manejan.

Valga todo ello, como recuerdo por los periodistas españoles fallecidos y por todos los demás, en reconocimiento a la labor que realizan para mostrarnos al mundo la realidad, esperando con ello, estoy seguro, hacernos abominar del horror de la guerra y amar más la paz y el diálogo. Descansen en paz.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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