Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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¿Dónde está el ejército iraquí?
El ejército
iraquí prácticamente no ha sido visto desde el punto de vista militar y
la estrategia empleada por el dictador es la de unir a la población de
su país a las unidades militares, como escudos humanos. Sadam no ha
respetado ninguno de los convenios internacionales sobrela guerra.
Analizada la campaña de Irak desde un punto de vista militar, su
resultado no puede ser más desconcertante, siéndolo aún más desde el
punto de vista del “historiador de las operaciones militares”.
Como historiador militar he narrado, descrito y reconstruido numerosas
batallas, fundamentalmente a partir de finales del siglo XVIII y
principios del XIX, contándose entre ellas, las de Montenotte, Millesino
y Dego de las primeras campañas de Napoleón en Italia, la
terrestre-naval de Algeciras, la naval del Estrecho de Gibraltar, la de
Bailén, ya en plena Guerra de la Independencia, y otras más de esta
guerra, de la de Emancipación Americana y de la Primera Guerra Carlista.
La descripción de una batalla se inicia con el análisis de las
fuerzas combatientes y sus capacidades de combate, se continúa con las
operaciones de los dos adversarios anteriores a la batalla, se narra y
describe la batalla propiamente dicha con posterioridad, finalizando con
la llamada explotación del éxito del ejército victorioso y la retirada o
huída del vencido, culminando con unas conclusiones. Pues bien, se puede
decir, que en esta confrontación bélica, será difícil diseccionarla en
batallas, porque en realidad no han existido tales.
No solamente es esta percepción la de un historiador militar, sino que
conversando en una agradable comida de uno de los cursos superiores
de la Universidad y Belt, con un magistrado emérito del Tribunal
Constitucional, me comentaba exactamente lo mismo, solicitándome
información como “experto” de dónde se encontraba el ejército de Sadam
Hussein.
La verdad todo es un misterio, porque el ejército iraquí no ha
presentado una sola batalla coherente al angloamericano. Naturalmente
con esta aseveración se puede estar dando razones a quién aduce que la
invasión a sido motivada por el petróleo, aunque a este tema le
dedicaremos en otra columna su particular reflexión, pero lo cierto es
que las escenas que nos transmitían nuestros compañeros periodistas
desde Bagdad, en los prolegómenos de la guerra, nos presentaban
imponentes desfiles de hombres y materiales, encuadrados en divisiones
de nombres históricos, las cuales se desintegraban al primer choque con
el enemigo.
Los misiles cuyo alcance superaban las restricciones de la ONU,
tampoco han hecho prácticamente su aparición, excepto unos
esporádicos lanzamientos dirigidos contra Kuwait, que han llegado al
suelo sin hacer daño o han sido interceptados por la defensa antiaérea
aliada. El estado mayor iraquí ni siquiera ha intentado, al menos no
se ha percibido, uso de un artilugio táctico para cuando se está en
desventaja en el dominio del espacio aéreo, y es intentar saturar
esta defensa, mediante el lanzamiento de un número considerable de
misiles, con objeto de que unos cuantos, den en el blanco y causen los
daños y el efecto moral necesario.
Lo que verdaderamente parece es que Sadam Hussein ha desarticulado
años anteriores a este conflicto al verdadero ejército iraquí, y lo ha
hecho porque desconfiaba de él, lo mismo que desconfió Hitler en el
último año de guerra mundial, manteniendo únicamente operativas las
unidades de las SS, de èste último, y la guardia republicana el primero,
unidades mandadas no por profesionales de la milicia, sino por adeptos
al régimen baasistas, los cuales podían tener una enorme fidelidad
política pero muy poca capacidad militar, por falta de conocimientos
profesionales, que se adquieren únicamente en una academia militar y con
la experiencia en maniobras y operaciones.
Desde la segunda mitad del siglo XIX las confrontaciones de dos
ejércitos han estado regladas por un código de honor, los convenios de
Ginebra y La Haya, por los cuales la población civil debía quedar al
margen de la acción bélica, los hospitales y los medios de evacuación de
heridos perfectamente señalizadas y empleados exclusivamente para este
fin, el soldado que se rendía debía ser respetado, pudiendo solamente
declarar su nombre y filiación, no debiéndose exponer al público de
forma individualizada, etc., pues bien casi todo ello ha sido vulnerado
por el régimen de Sadam Hussein, siendo razón suficiente para ser
juzgado por crímenes contra la guerra en un tribunal de justicia. Una de
sus últimas acciones ha sido el empleo de ambulancias como bombas
lanzadas contra las posiciones adversarias.
Parece que la única estrategia empleada, estrategia no admisible
según los códigos anteriores, es apoyarse en las ciudades,
manteniéndolos como verdaderos escudos humanos, de tal forma que las
bajas civiles presentadas, principalmente niños, fueran el acicate
conveniente para que la población mundial sintiera repulsión por la
guerra y obligara a parar la escalada bélica de la coalición. La
motivación de las gentes y su clamoroso grito contra la guerra no ha
tenido el efecto deseado y las fuerzas angloamericanas han seguido con
sus planes previstos para culminar con la derrota del dictador.
Las últimas escenas presentadas por las televisiones, nos presentan a
civiles iraquíes, ayudado por soldados americanos, derribando estatuas
de Sadam Hussein. El pueblo llano se pasea cerca de los tanques sin
excesivo temor. ¿Estaremos llegando a la liberación del martirizado
pueblo de Irak?. El único Dios, de cristianos y musulmanes lo quiera.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es