Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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EEUU ha cambiado de
táctica en Bagdad
Se diseñó como una
campaña lenta, para cubrir paso a paso cada palmo del terreno, al estilo
de los británicos en Basora. Pero a los norteamericanos al final les
entraron las prisas y la capital iraquí ha caído en pocos días, casi sin
presentar batalla.

Cuando
se concibió la campaña terrestre, los comandantes de Estados Unidos
pensaban en un ataque mucho más
pausado. El ataque
contra Bagdad suponía establecer unas bases avanzadas de operaciones en
la periferia de la capital iraquí. Unos análisis meticulosos
determinarían el paradero de los dirigentes iraquíes. Equipados con esa
información, los movimientos de la infantería acorazada y ligera
golpearían sus objetivos y luego se retirarían rápidamente.
Pero
este plan pausado ha sido abandonado en favor de un enfoque más audaz,
que busca aprovechar las crecientes vulnerabilidades del ejército
iraquí, pero que también presenta riesgos para las fuerzas
estadounidenses.
Los
comandantes responsables de planear la ofensiva han concluido que el
sistema de mando y control iraquí está desgastado, y que los cuerpos de
seguridad de Sadam Husein son incapaces de organizar una defensa eficaz.
En opinión de algunos generales, los aplastantes ataques aéreos
contra la Guardia Republicana, fuera de Bagdad, y el rápido avance del
Ejército y la Infantería de Marina han cogido desprevenidas a las
fuerzas de Sadam.
Así
pues, obedeciendo un principio muy arraigado, el ejército norteamericano
está respondiendo con mayor fuerza a las indicaciones de la debilidad
del enemigo.
Esto no es
una ocupación, dicen los oficiales americanos: el Ejército de Estados
Unidos no tiene interés alguno en abrirse en abanico por la ciudad y
hacerse con el control de sus barrios, de gran diversidad étnica. No
tiene ni las fuerzas necesarias ni el deseo de controlar y administrar
una ciudad de unos 5,5 millones de habitantes. Por el contrario, la
campaña es un esfuerzo agresivo para destruir lo que quede de la
organización de Sadam y aplastar a sus defensores, golpeando a los
cuerpos de seguridad de Sadam desde distintos lugares.
En
Washington se ha hablado mucho de la «conmoción y espanto» que
podría producir una campaña aérea. Es un intento de inducir conmoción y
espanto en el terreno, conforme las unidades acorazadas maniobran cerca
del antiguo centro de poder del Gobierno de Sadam.
Así es
como se estaba desarrollando el plan el martes por la noche. Tres
grandes destacamentos de la Tercera División de Infantería estaban
atacando la ciudad desde tres direcciones.
La Segunda
Brigada de la Tercera División de Infantería, que creó el marco para la
acción de la noche del martes al abrirse camino hasta el centro de la
ciudad el día anterior, ha permanecido allí.
Fuerzas de la Tercera Brigada, mientras, han maniobrado por el norte de
la ciudad y se dirigen hacia el sur. La Primera Brigada ha estado
atacando desde otra dirección. Al mismo tiempo, los marines estaban
empujando desde el este.
Estos
ataques se están coordinando con otros lanzados en el interior de la
ciudad por fuerzas de las Operaciones Especiales.
La idea de
coordinar ataques de las fuerzas convencionales y misiones de comandos
se ha puesto ya en práctica en las operaciones para asegurar las
ciudades del sur de Irak y es producto de la experiencia norteamericana
en Afganistán. La teoría es que los esfuerzos combinados de las
fuerzas convencionales del Ejército y la Infantería de Marina, de la
capacidad aérea estadounidense y de las ágiles fuerzas de Operaciones
Especiales desquiciarán rápidamente al enemigo.
Aunque
el Ejército norteamericano es muy superior al iraquí, sus fuerzas se han
enfrentado a algunos desafíos. La cantidad de información fiable y
útil, proporcionada por los operativos de inteligencia norteamericanos,
ha sido limitada por lo que respecta a posibles objetivos en la ciudad.
Existía también el riesgo del fuego amigo en una ciudad que se ha
convertido en un muestrario de fuerzas diferentes.
Estaba también el hecho de que los paramilitares de Sadam han estado
operando en su territorio natal. Los comandantes estadounidenses han
advertido a sus hombres de los peligros de la guerra asimétrica, como
ataques suicidas, con los que se pretende compensar la superioridad de
EEUU en el campo de batalla convencional.
Las
fuerzas de Sadam se han llevado una paliza, pero muchos han seguido
resistiendo. Casi hasta el final, han dispuesto de un rudimentario
sistema de mando y control, aunque no está claro si había alguien al
mando de las defensas de Sadam en general.
Las
fuerzas iraquíes han incluido a los paramilitares fedayin, que
aparecieron desplegados contra los marines. Elementos de algunas
divisiones de la Guardia Republicana, entre ellos algunas unidades de
mando y control, se trasladaron también a la capital para protegerse de
las incursiones aéreas y combatir un día más. Aunque la Tercera
Brigada de las Fuerzas Especiales de Irak cometió el error de abandonar
las cercanías de la ciudad para enfrentarse a los marines.
La
ofensiva norteamericana contrasta con el enfoque aplicado por los
británicos en Basora. Inspirándose en su experiencia en operaciones
urbanas de Irlanda del Norte, los británicos adoptaron un planteamiento
mucho más pausado. Su ofensiva contra Basora duró semanas, mientras
los británicos trataban de extender su punto de apoyo en la ciudad,
ganar nuevos aliados entre la población y cultivar contactos de
inteligencia.
El
nuevo enfoque para Bagdad ha sido también más agresivo de lo que algunos
comandantes sugirieron en un principio. El momento del análisis ha
pasado. Los norteamericanos han optado por aplicar toda la presión en el
sector.
Michael R. Gordon
Corresponsal militar de The New York Times.
Fuente: El Mundo
11/04/2003