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Sábado 12 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Derecho a discrepar

El pacifista por antonomasia, Gandhi, mira con disconformidad lo que ocurre en España.

En alguna ocasión he comentado que cuando surgen situaciones de tensión dialéctica, como la que vivimos en España, recurro a la lectura de Unamuno y Ortega y Gasset, añadiendo en esta ocasión a don Gregorio Marañón, por si me pueden aclarar el porqué de la cuestión. Desgraciadamente no tiene respuesta, pero al menos me resigna el saber que la España de principios de siglo y la de 1931 a 1936 estaba llena de la misma confrontación.

En esta guerra moderna, comentar una noticia sobre Irak, no deja de tener su peligro, porque los acontecimientos avanzan a tan velocidad, que cuando la noticia se publica, ha sido rebasada por los aconteicimientos. Es lo que ha ocurrido con la huelga general del día 10 de abril, con el eslogan “no a la guerra”, celebrada cuando la guerra prácticamente ha finalizado, efectuándose una transformación muy importante en la misma, dado que el ejército angloamericano, de invasor ha pasado a “liberador”, plasmándose en nuestras retinas el avance de los vehículos militares y los soldados por Bagdad, y la población, o al menos parte de ella, celebrando su entrada y entregándoles flores. Parece que queremos los españoles ser más iraquí que los propios iraquíes.

En estos ventitantos días de guerra una cosa me ha sobrecogido, y no tiene nada que ver, o al menos directamente con la guerra, y son las caras de crispación y las miradas de odio, que algunos “declarados pacifistas” se han presentado ante las cámaras de televisión, desentonando, desde luego, con su actitud, con el espejo de todos los pacifistas y hombre ejemplar, Gandhi.

Me doy cuenta que en España nadie tiene derecho a discrepar. Los partidos políticos son monolíticos, no puede haber contestación dentro de ellos, porque si ocurre, inmediatamente es expulsado o se marcha voluntariamente. El partido laborista inglés, en la votación en el Parlamento, muchos de los diputados discreparon de su primer ministro y líder ideológico, pero estoy seguro que a ninguno se le ha ocurrido abandonar las filas del mismo o estar amenazadao de expulsión. En España, no, todos los militantes de un partido tienen que estar conforme con todas las ideas que se mueven en el mismo, eso les hace o al menos parecer poco democráticos. Los populares que están contra la guerra, abandonan el partido, porque no se admite la discrepancia, y como no quieren apearse de su pequeña poltrona mediática se alistan como independientes a otro partido, no importa de qué ideología, lo importante es que lo acojan y que lo incluyan en las listas las próximas elecciones. Desde luego los socialistas y mucho menos los comunistas, ni se les ocurra discrepar, porque son anatemizados.

Por supuesto delante de los energúmenos seudointelectuales cuyas caras de crispación y miradas de odio han aparecido en distintos lugares de España, nadie puede discrepar, porque aparte de los insultos correspondientes, como nazi o inculto, que serían los más benignos, hasta podría peligrar la integridad física del discrepador, porque tras el anatema del seudointelectual, está un salvaje, un “joven bárbaro”, como decía Lerroux en la Barcelona de la Semana Trágica, que en aras del pacifismo asestaría un contundente mamporro al “provocador”.

Por todo ello, por ese monolitismo de los partidos, por esa intolerancia en los planteamientos, por esos seudointelectuales de pacotilla que quieren liderar la sociedad, todos, cualquiera que sea la ideología, estén a favor, en contra o como quieran con la guerra de Irak, con el aborto o contra él o con cualquier otra situación compleja, se deben unir como una voz, porque estoy seguro que son mayoría en la población y con voz queda, sin gritar, como haría Gandhi, pero con firmeza, y decir a todos: “Tenemos derecho a discrepar sin que por ello debamos de abandonar globalmente nuestra ideología”.

Yo particularmente discrepo y rotundamente, con los que han aparecido con la cara crispada y la mirada de odio.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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