Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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En los archivos de
la antigua Policía secreta
ALBERTO SOTILLOENVIADO ESPECIALBAGDAD
La
memoria es una de las obsesiones de los iraquíes en esta posguerra. El
saqueo de la Biblioteca Nacional y de todos los archivos del Gobierno,
la destrucción de la Galería de Arte Moderno y los intentos de pillaje
en el Museo Arqueológico son vistos por algunos bagdadíes como una
campaña orquestada por fuerzas oscuras -entre las que entrarían los
servicios secretos israelíes y kuwaitíes- para acabar con la memoria
histórica de Irak tras la entrada de tropas norteamericanas.
Puede parecer exagerado, pero lo cierto es que toda esta destrucción va
a modificar profundamente las señas de identidad iraquíes. Y sin
embargo, hay un «saqueo» diferente, éste sí íntimamente vinculado
con la recuperación de la memoria histórica: el de la sede de la antigua
Policía secreta, un lugar al que antes estaba literalmente prohibido
mirar.
El
complejo de la antigua Policía secreta ocupa una parcela de un par de
kilómetros cuadrados en el que se levantan varios edificios rodeados de
idílicos jardines. Un grupo de muchachos entra dando alaridos de
victoria, porque antes no se podía ni caminar por la acera adyacente
al interminable complejo. Vienen a ver, aunque no sepan muy bien qué. A
ver si encontraran su ficha personal, a ver qué podría decir ésta; o a
ver si en los archivos se guarda memoria de los crímenes cometidos por
el viejo régimen.
El
complejo fue duramente bombardeado durante la guerra; y la mayor parte
de sus visitantes están convencidos de que los principales documentos
fueron quemados en los primeros días de combate. Pero no todos los
papeles han desaparecido. Todavía pueden rescatarse aquí y allá
mamotretos de documentos en los que se consignan los nombres de
agentes secretos, colaboradores y simpatizantes en los más diversos
países. Uno de los curiosos que escarba entre papeles a nuestro lado
nos muestra el repertorio de actividades de los servicios en India,
incluido un listín de unos sesenta o setenta nombres con sus respectivos
números de teléfono y los «alias» de los principales agentes al
servicio de Bagdad.
Nuestro interlocutor, sin embargo, considera que es preferible no
descender tan bajo: «Si exigimos responsabilidades para todos, la
mitad del país tendría que ser encerrado en la cárcel», pondera. Él
ya fue castigado con dos años de cárcel por insinuar en el lugar de
trabajo que la responsabilidad de la guerra entre Irán e Irak era de
Sadam Husein. Pero insiste en que, si hay que pedir cuentas, sólo habría
que centrarse en «los de arriba».
«La
voluntad de Washington»
No
todos son de la misma opinión. Un agente de cambio que también vino aquí
guiado por una indefinida curiosidad por este lugar prohibido insiste en
que «la mayoría de la gente quiere venganza». Aunque puntualiza -no se
sabe si con alivio o con pesar- que ese desquite será imposible porque
«tampoco Estados Unidos quiere que haya venganza». Y tanto amigos
como enemigos del viejo régimen coinciden en que, por ahora, no hay más
voluntad en Irak que la de Washington.
Fuente: ABC 16/04/2003