Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Irak: el abismo y la
esperanza
Por MANUEL COMA CANELLA
SI
en algo estaban de acuerdo los pro y anti-guerra es en que el después
sería mucho más problemático que la fase bélica misma. Pero ciertamente
en la informal coalición pro, heterogénea sin llegar al extremo de la
anti, los llamados neo-conservadores apostaron muy fuerte por utilizar
al Irak desadamizado como punta de lanza de un proceso democratizador en
el Oriente Medio, como única vía eficaz para cortar la hierba bajo los
pies de los Bin Laden y preparar la solución del conflicto israelo-palestino.
Nada más lejos de la realidad, habrá que pensar, a la vista del caos en
que se ha sumido Bagdad y en menor medida algunas otras ciudades. La
reunión de ayer en Nasiriya parecer ser el correlato político de la
barbarie anómica de una parte de la población urbana. Algunos de los más
conspicuos exiliados boicotean y algunos de los más opuestos toman parte
en un cónclave de cada uno para sí y todos contra todos y casi todos
contra los Estados Unidos.
Pero no nos dejemos deslumbrar por lo coyuntural, por hirsuto y
deprimente que sea. Ya muchos lo hicieron durante la guerra para verse
desmentidos a los pocos días. La anarquía ya ha empezado a remitir y las
respuestas del orden a organizarse. Aunque la alegría de la libertad y
el odio al despotismo hayan degenerado en el más puro y dañino
libertinaje, provocando la congoja y el rechazo de los elementos más
indispensables para el renacimiento del país, y aunque muchas de las
pérdidas sean irreversibles, no hay nada de inexorable en la caída libre
en el abismo. Tras el primer momento de retracción, los que conciben la
libertad en términos de reconstrucción y no de aniquilación han empezado
a dar pasos adelante. En estas circunstancias todas las aportaciones
deben ser bienvenidas, pero no le hagamos a la ONU -y de rechazo al
pueblo iraquí- el flaco favor de pedirle más de lo que puede dar. Tiene
que participar desde el principio e ir incrementando su participación a
medida que las condiciones lo permitan, pero carece de medios propios y
actúa a través de las naciones. Sólo una tiene los medios para hacer
frente a la situación, responsabilidad respecto a la misma y el grave
deber de remediarla. Debe hacerlo con absoluta transparencia y
generosidad y aceptando todas las ofertas desinteresadas de
colaboración. Pero utilizar las circunstancias para buscar un nuevo
enfrentamiento gratuito entre los Estados Unidos y las Naciones Unidas
en aras de la política antihegemónica es la fórmula del fracaso a nivel
local, regional y mundial.
Fuente: Manuel Comas
Analista de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano
ABC (16.04)