Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Lunes 21 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Karen Armstrong:

«La limpieza étnica de los Reyes Católicos en España funcionó como la avanzadilla de la modernidad»

DAVOS/LONDRES.- Karen Armstrong es una mujer bajita e intensa que adora el buen vino y la conversación inteligente. Detrás del maquillaje y la voz rotunda se adivinan, sin embargo, los atributos de la monja que fue: «Aunque no pertenezco a la Iglesia, y disfruto de las cosas buenas de la vida, como los viajes y el dinero, me paso los días escribiendo, pensando, hablando sobre Dios y sobre la espiritualidad. Además, nunca me casé, y vivo sola y en silencio la mayoría del tiempo». ¿En silencio? «Así es como hay que leer teología. Como la poesía o la música clásica.No se puede leer a Rilke o escuchar a Beethoven en una fiesta.Para ello, hace falta un estado de reflexión tal que permita a las ideas no quedarse en la cabeza, sino ir directas al corazón» .

Hija única de una familia católica de Birmingham, a los 17 años decidió ingresar en un convento de la Sociedad del Sagrado Niño Jesús: «Era completamente idealista. Quería deshacerme de la confusión que arrastraba de la adolescencia. Pensé que me convertiría en una persona sabia y serena». Corrían los años 60, los Beatles hacían furor, y ésa fue su particular forma de rebelión personal: «La Gran Bretaña de la posguerra era un lugar deprimente. La gente como yo, nacida en los últimos años de la II Guerra Mundial, sentía una enorme necesidad de cambio. Para unos fue el rock and roll, para otros la religión. Queríamos un mundo diferente».Se equivocó: «En el convento, me resultó imposible establecer una relación con Dios, hablar con él como las demás. Mucho más tarde, he logrado encontrar el sentido de lo sagrado a través del estudio».

Los siete años pasados en el convento están contados en Through the Narrow Gate (A través de la puerta estrecha), una autobiografía que escandalizó a muchos católicos: «Me enviaban excrementos por correo». Durante años arrastró el peyorativo apodo de la monja arrepentida (the runaway nun). El fracaso la perseguía. Estudió Literatura en Oxford, pero no logró doctorarse para seguir dando clases en la Universidad. Tuvo que conformarse con un colegio de niñas en Londres: «Me pasaba el fin de semana temiendo la llegada del lunes, y de lunes a viernes, deseando que viniera el fin de semana». Sufría fuertes depresiones. Varias veces pensó en suicidarse: «No sabía cómo organizarme fuera del rígido régimen de vida impuesto en el convento». Le diagnosticaron epilepsia.A mablemente, en la escuela le pidieron que se marchara: «Esa primera parte de mi vida fue un desastre».

Para mantenerse, empezó a hacer documentales religiosos. Hasta bien pasados los 30 no comenzó a escribir libros: «Ganaba muy poco dinero. Llevaba una existencia muy frugal». La medicación empezó a hacer su efecto y, con la epilepsia bajo control, cesaron las depresiones: «Ahora estoy perfectamente. Tengo que cuidarme, tomar mis medicinas y llevar una vida ordenada. No puedo pasarme la noche de copas. ¡Pero estoy llegando a una edad en la que debería de llevar una vida tranquila de todas formas!» Por fin, en 1993, rondando ya los 50, llegó su annus mirabilis con la publicación de Historia de Dios. El libro, de 500 páginas, «es la historia de la forma en la que los hombres y las mujeres han percibido a Dios desde Abraham hasta hoy día». Se trata de un fascinante recorrido que comienza en Oriente Próximo, «donde emergió la idea de Dios hace 14.000 años». Con tristeza, hoy, tras el expolio de los tesoros arqueológicos de Irak, Armstrong nos transporta al año 4000 a.C., a Sumeria y a su capital, Babilonia «una supuesta réplica del cielo», y a Marduk, el «Dios Sol, el más perfecto de la línea divina». Así hasta nuestros días, cuando denuncia el crecimiento del fundamentalismo en EEUU y la ausencia de Dios en Europa: «Si queremos construir una fe para el siglo XXI, deberíamos de recorrer la historia de Dios para extraer lecciones».

Sin pena ni gloria en Gran Bretaña, la Historia de Dios le abrió los mercados de EEUU y de Holanda: «Inglaterra es un país de lo menos religioso. Aquí sienten un desprecio patricio por la religión. El catolicismo, sobre todo, es algo muy ajeno al carácter inglés: los cristos sangrantes, las vírgenes Y también extranjero: la mayoría de los católicos es de origen irlandés, como yo misma».

-¿Las procesiones que estos días pueblan las calles de España?

-Los rituales, hechos con imaginación y con belleza, son muy importantes. Funcionan como el teatro, que en Atenas eran parte de los festivales religiosos.

En 2000, publicó La batalla por Dios: «Llevaba tiempo escribiendo sobre el Islam y sobre el fundamentalismo porque estaba preocupada: tenía una mala sensación en la boca del estómago, algo que me decía que nos encaminábamos hacia algo malo». Al año escaso, cayeron las Torres Gemelas, el libro se convirtió en un best seller y su teléfono ya nunca dejó de sonar. Durante tres meses, vivió en EEUU: «El icono del mal para el siglo XX fueron los campos de exterminio de Auschwitz. En el XXI, las Torres Gemelas en llamas. En ellos adivinamos lo que es la oscuridad del corazón humano».

Su vida se transformó. «Nunca pensé que me invitarían por todo lo alto al Foro Económico Mundial, y mucho menos, que iría a Acapulco a un lujosísimo hotel para hablar sobre las tres religiones monoteístas a un grupo de congresistas norteamericanos. O que me invitarían al Departamento de Estado, y a la ONU». ¿Satisfecha? «Es una sensación rara. Me cuesta estar encantada porque las circunstancias son muy trágicas. Al mismo tiempo, aunque es un gran privilegio, hay una parte de mí que añora mi soledad».

Ahora vive en una buena casa en el noroeste de Londres, a un kilómetro escaso de la Biblioteca Británica, donde pasa gran parte de su tiempo. La conocí este invierno en Davos, y seguimos hablando durante horas por el serpenteante camino que lleva desde esa estación alpina hasta Zúrich. Así, hasta antesdeayer en Londres, a donde llegó de Washington tras una de sus largas giras de conferencias y asesorías por todo EEUU. El mes pasado le tocó Andalucía, donde llevó a un grupo de ex alumnos de Harvard y Yale para explicarles in situ la convivencia de las tres culturas. Ahí comienza su La Batalla por Dios y, según ella, los problemas de los musulmanes con la modernidad, cuyo último capítulo, dice, ha sido la guerra en Irak: «La limpieza étnica de los Reyes Católicos en España funcionó como la avanzadilla de la modernidad. Es una parte oscura de vuestra propia Historia, pero así fue. Parece simplista reducirlo todo a 1492, pero es entonces cuando se vincula el comienzo de un nuevo mundo, simbolizado en el descubrimiento de América, y la construcción de un Estado centralizado y moderno, con consecuencias catastróficas para la gente que, digamos, estaba en medio, como judíos y musulmanes. Ellos han sufrido enormemente como resultado de los avances de la modernidad de Occidente».

«La modernidad es fantástica para los que estamos en el sitio adecuado, pero para otros resulta amenazadora», continúa. «En el siglo XX hemos podido comprobar que alguna de la gente que experimentó la modernidad como una agresión es la que se hizo fundamentalista. Para los musulmanes fue especialmente difícil: ellos la experimentaron en el contexto de ocupación colonial, llegó en un paquete de humillante sometimiento. Se perdieron lo mejor del espíritu moderno, como hemos podido comprobar en Europa y en EEUU. En primer lugar, la independencia. Después, la innovación. En el mundo musulmán, la modernidad llegó con la dependencia, y en vez de innovar, como les llevábamos tanta ventaja, sólo podían copiar».

Si primero fue el 11-S, ahora la guerra en Irak, le están haciendo posponer la entrega de su decimoquinto libro. «¡Mi vida ha sido secuestrada!», dice con resignación, para inmediatamente puntualizar que es mucho mejor que volver a dar clases: «Ahora vivo apasionadamente, me gusta estar aquí y ahora». Le preocupa que la reciente guerra, o lo que ella llama el «experimento iraquí» derive en un incremento de la furia árabe: «Cuanto más piensen los musulmanes que todo lo que está sucediendo forma parte de las represalias de los occidentales por el 11-S, más peligro habrá de que se interprete como un ataque al Islam. Todavía es pronto para hacer un buen análisis, pero sospecho que la guerra traerá más atentados terroristas. Una razón fundamental es el sufrimiento de la población civil».

Puntualiza, sin embargo, que la mayoría musulmana está encantada con la desaparición de Sadam: «Eso sí, la ocupación ha de terminar enseguida. La diferencia entre europeos y americanos es que los europeos saben lo que es la guerra. Los americanos no la han tenido desde su Guerra Civil. También sabemos más de ocupación. Le pongo un ejemplo: los holandeses, que son buenísimos para los idiomas, empiezan a aprender inglés y alemán a los siete años. A pesar de que el alemán es mucho más cercano al holandés que el inglés, tardan mucho más tiempo en aprenderlo. Están bloqueados. Y esos niños no se acuerdan de la guerra. Pero los efectos no se acaban cuando los soldados se van a casa. A los europeos no nos gusta la ocupación de Irak por el mismo motivo que entendemos mejor que ellos lo humillante que resulta la ocupación palestina: nosotros la hemos sufrido de una forma que ellos no han padecido. Nosotros entendemos mejor que los americanos lo humillante que es una ocupación». Regresa Armstrong a Al Andalus: «Todavía se refieren a su parte del mundo como si fuera su casa. Esos son los efectos de la guerra. ¿Cómo pretender que los palestinos acepten la pérdida de su tierra después de sólo 50 años? A nosotros nos preocupa lo que ven nuestros hijos en televisión aquí. Imagínese lo que ven los niños en Gaza, en Cisjordania, o estos días en Irak. No quiero ser tremendista, pero la situación es muy, muy mala. Lo mejor, para mí, y he vuelto a comprobarlo en este viaje, es que el pueblo americano quiere entender lo que está pasando en el mundo musulmán. Olvídese de la Administración Bush, le hablo de la gente corriente. Es impresionante».

En su futuro libro se concentra en la época de las civilizaciones axiales (700-200 a.C. según la definición de Kart Jaspers): «Es el periodo de tiempo en el que nacieron todas las principales religiones. El él conviven Homero, Zaratrustra, Sócrates. Intento demostrar el increíble parecido entre griegos, judíos, chinos e indios. Me fascina la profunda similitud entre Buda y Sócrates, por ejemplo. Esa época fue, en términos espirituales, la más formativa de la Historia. Ahora estamos en una época parecida a la axial. Comenzó hacia los siglos XV y XVI, y todavía no hemos producido alguien del tamaño del Buda. El Islam y el Cristianismo son todavía reproducciones del judaísmo original de la era axial».

Escribir un libro de ese calibre le lleva, dice, una media de tres monásticos años de investigación seguidos de 10 meses de escritura: «Voy al gimnasio por la mañana, y trabajo de 9 a 6 sin interrupción. A las 6, pongo las noticias, me sirvo un vaso de vino y, esté donde esté, ¡se acabó!»

En su última obra habrá también una fuerte crítica de la religiosidad contemporánea: «Muy a menudo, algunas Iglesias e instituciones están produciendo el tipo de religiones que los sabios de la era axial estaban intentando combatir. Buda decía: 'No te fíes de la palabra ajena hasta que no la hayas comprobado tú mismo'».Ella se declara como «bastante religiosa». ¿Cuál es su religión? «La compasión», según el término anglosajón utilizado para referirse a la solidaridad: «Es la base de todas las religiones. Cuando uno se pone al otro lado del ego, ahí es donde está Dios. Para mí, todas las religiones son válidas, porque Dios va más allá del concepto humano. No se puede empaquetar a Dios. Yo no puedo ver en ninguna fe el monopolio de la verdad».

Esa conclusión, afirma, es lo mejor del siglo XX: «Por primera vez en la Historia, los seres humanos estamos empezando a entender los distintos tipos de fe. Se lo debemos a la globalización.Pensar que se tiene el monopolio de la fe queda para los fundamentalistas.Los que creemos en el liberalismo humanista, el tesoro de la civilización occidental, tenemos las palabras del español Ibn al Arabi: 'Dios, omipotente y omnipresente, no puede ser confinado a una sola fe. Cada ser humano que nace en el mundo, es una revelación única e irrepetible de uno de los nombres ocultos de Dios'».

Fuente: El Mundo
20/04/2003

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es