Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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“No
a la guerra”
La violencia
ha sido aplicada en el eslogan “No a la guerra”, tanto en los que
quieren emplear la armas para alcanzar la paz, como los que no. ¿Quién
tiene razón en todo ello?.
Terminado desde hace días el conflicto bélico en Irak se siguen viendo
en España, carteles y hasta balconadas con eslogan relativos a la “no
guerra”. En Málaga, ciudad maravillosa, en donde me honro en vivir, en
vez de mantones y banderas españolas, hay balcones adornados con una
sábana blanca y en el centro el logotipo de “No a la guerra”. Mientras
transcurría el paso de una procesión, a mi lado se encontraban dos
señoritas hablando sobre el tema de la reciente guerra de Irak, y una de
ellas le comentaba a la otra: “Fíjate, en mi oficina hay dos iraquíes,
que se encontraban muy contentos porque su país había sido liberado del
dictador, y yo no me pude aguantar, y les dije de todo, porque hay que
decir No a la guerra”.
Anteriormente he intentado hablar con muchas personas, captadas
cándidamente por la campaña de “No a la guerra” y les he preguntado la
posibilidad de que Sadam Hussein se hubiera ido del poder si no llega a
ser por la presión de los tanques y aviones. Pocas han contestado algo
coherente y algunas han argumentado que se podría haber intentado
“asesinar” a Sadam Hussein mediante un atentado, que para eso los
americanos tenía a la CIA.
“No a la guerra” es un grito que manifiestan todas las personas de bien.
Si hay en España 39 millones de habitantes, 38.999.000 están a favor de
esa postura, dejemos al resto, 1.000, que tengan alguna discapacidad
mental que les hubiera afectado su percepción de que la paz es el estado
del bienestar. Por lo tanto ese “No a la guerra” no debe ser acaparado
por una minoría, que el que grita no es mayoría, pero ese “No a la
guerra” debe ser una expresión con convencimiento, debe ser una
expresión de que hay que agotar todas las vías del diálogo para afrontar
la paz. ¿Se han agotado estas vías en este conflicto bélico?. ¿Era
este diálogo aceptado como un principio de acuerdo por el régimen de
Sadam Hussein?. A este respecto hay que manifestar que durante diez años
se han sucedido Resoluciones tras Resoluciones de la ONU, sin que Sadam
Hussein (el extinto) hubiera aceptado ninguna. Ahora se ha visto que
hasta el poco dinero que entraba en Irak del programa “petróleo por
alimentos”, llegaba al pueblo, sino que iba a engrosar las arcas de
dictador y que se lavara en bañeras con grifos de oro. ¿Era pues
predecible que aceptara las últimas Resoluciones?, desde luego que
no, esperando únicamente que su estrategia propagandistica, bien
montada, calara en la opinión mundial y obligara a Estado Unidos a
desmontar su aparato militar. Pero el Estado Mayor americano había
previsto tal contingencia y ha basado su estrategia militar en obviar
cualquier presión en este sentido.
De este conflicto bélico han aflorado mucho utópicos en la sociedad
española.
En principio la Utopía de Tomás Moro es algo bueno, porque es el
objetivo al que hay que intentar llegar, pero la guerra no desaparece
con la desaparición de los ejércitos, lo mismo que el delito no
desaparece con la desaparición de las policías, al revés, su
desaparición hace florecer con mayor vigor las maldades de la
personalidad humana, que ambas proceden de la propia alma del hombre,
como así reconoce la Iglesia Católica en los documentos del Concilio
Vaticano II.
Días después de que la paz –si es que existe la paz-, sea un hecho en
Irak, en España siguen determinadas opciones políticas y muchos
ciudadanos con su eslógan de “No a la guerra”, como si ellos tuvieran la
patrimonio de la paz y el resto fueran pecadores que aman la violencia.
La violencia callejera que existe en Irak no es consecuencia de la
guerra
-a ella le dedicaremos una columna-, sino a más de treinta años de
represión baasista. Les guste o no a algunos, la coalición
internacional ha derrocado el régimen de Sadam Hussein y ha llevado la
paz a los iraquíes.
Por favor fuera el eslogan de “No a la guerra”, ese objetivo lo debemos
tener todos en el corazón, como de hecho está. Ese grito de “No a la
guerra” está teñido de violencia, la misma que quieren erradicar, la
misma que la coalición internacional ha tenido que aplicar, precisamente
con un “No a la guerra” para derrocar al dictador Sadam Hussein. ¿Quién
entiende algo de todo esto?.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es