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Viernes 18 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

“No a la guerra”

La violencia ha sido aplicada en el eslogan “No a la guerra”, tanto en los que quieren emplear la armas para alcanzar la paz, como los que no. ¿Quién tiene razón en todo ello?.

Terminado desde hace días el conflicto bélico en Irak se siguen viendo en España, carteles y hasta balconadas con eslogan relativos a la “no guerra”. En Málaga, ciudad maravillosa, en donde me honro en vivir, en vez de mantones y banderas españolas, hay balcones adornados con una sábana blanca y en el centro el logotipo de “No a la guerra”. Mientras transcurría el paso de una procesión, a mi lado se encontraban dos señoritas hablando sobre el tema de la reciente guerra de Irak, y una de ellas le comentaba a la otra: “Fíjate, en mi oficina hay dos iraquíes, que se encontraban muy contentos porque su país había sido liberado del dictador, y yo no me pude aguantar, y les dije de todo, porque hay que decir No a la guerra”.

Anteriormente he intentado hablar con muchas personas, captadas cándidamente por la campaña de “No a la guerra” y les he preguntado la posibilidad de que Sadam Hussein se hubiera ido del poder si no llega a ser por la presión de los tanques y aviones. Pocas han contestado algo coherente y algunas han argumentado que se podría haber intentado “asesinar” a Sadam Hussein mediante un atentado, que para eso los americanos tenía a la CIA.

“No a la guerra” es un grito que manifiestan todas las personas de bien. Si hay en España 39 millones de habitantes, 38.999.000 están a favor de esa postura, dejemos al resto, 1.000, que tengan alguna discapacidad mental que les hubiera afectado su percepción de que la paz es el estado del bienestar. Por lo tanto ese “No a la guerra” no debe ser acaparado por una minoría, que el que grita no es mayoría, pero ese “No a la guerra” debe ser una expresión con convencimiento, debe ser una expresión de que hay que agotar todas las vías del diálogo para afrontar la paz. ¿Se han agotado estas vías en este conflicto bélico?. ¿Era este diálogo aceptado como un principio de acuerdo por el régimen de Sadam Hussein?. A este respecto hay que manifestar que durante diez años se han sucedido Resoluciones tras Resoluciones de la ONU, sin que Sadam Hussein (el extinto) hubiera aceptado ninguna. Ahora se ha visto que hasta el poco dinero que entraba en Irak del programa “petróleo por alimentos”, llegaba al pueblo, sino que iba a engrosar las arcas de dictador y que se lavara en bañeras con grifos de oro. ¿Era pues predecible que aceptara las últimas Resoluciones?, desde luego que no, esperando únicamente que su estrategia propagandistica, bien montada, calara en la opinión mundial y obligara a Estado Unidos a desmontar su aparato militar. Pero el Estado Mayor americano había previsto tal contingencia y ha basado su estrategia militar en obviar cualquier presión en este sentido.

De este conflicto bélico han aflorado mucho utópicos en la sociedad española. En principio la Utopía de Tomás Moro es algo bueno, porque es el objetivo al que hay que intentar llegar, pero la guerra no desaparece con la desaparición de los ejércitos, lo mismo que el delito no desaparece con la desaparición de las policías, al revés, su desaparición hace florecer con mayor vigor las maldades de la personalidad humana, que ambas proceden de la propia alma del hombre, como así reconoce la Iglesia Católica en los documentos del Concilio Vaticano II.

Días después de que la paz –si es que existe la paz-, sea un hecho en Irak, en España siguen determinadas opciones políticas y muchos ciudadanos con su eslógan de “No a la guerra”, como si ellos tuvieran la patrimonio de la paz y el resto fueran pecadores que aman la violencia.

La violencia callejera que existe en Irak no es consecuencia de la guerra -a ella le dedicaremos una columna-, sino a más de treinta años de represión baasista. Les guste o no a algunos, la coalición internacional ha derrocado el régimen de Sadam Hussein y ha llevado la paz a los iraquíes.

Por favor fuera el eslogan de “No a la guerra”, ese objetivo lo debemos tener todos en el corazón, como de hecho está. Ese grito de “No a la guerra” está teñido de violencia, la misma que quieren erradicar, la misma que la coalición internacional ha tenido que aplicar, precisamente con un “No a la guerra” para derrocar al dictador Sadam Hussein. ¿Quién entiende algo de todo esto?.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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