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Lunes 21 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Javier Solana:

«Europa debe animar a EE.UU. a liderar las instituciones multilaterales»

«Míster PESC» se ha decidido por fin a hablar sobre la guerra en Irak, el daño en las relaciones transatlánticas y el futuro de la Unión Europea ampliada a 25 miembros
 

Javier Solana fue el único político europeo que tras volar el mes pasado en pedazos la posición común de los Quince en torno a Irak tuvo la honestidad de asumir su parte de culpa en el descalabro de la Política Exterior europea. «He fracasado», declaró con gravedad, mientras otros seguían lanzando recriminaciones o firmando cartas polémicas y Estados Unidos perdía la paciencia con esa olla de grillos europea. En Atenas, el pasado día 16, empezaron todos a recapacitar, para alivio de Solana, que tiene la difícil misión de pasear por el mundo la a veces inexistente voz europea.

-Se ha restablecido el diálogo entre europeos y con Estados Unidos, pese a que persisten diferencias de fondo. ¿Pesará la UE en el Irak de la posguerra?

-No hay duda de que todo el mundo tiene la voluntad de recuperar las relaciones normales. A lo largo de estos últimos meses, ha habido rupturas y tensiones en varias organizaciones, en la Unión Europea, en la Alianza Atlántica, en Naciones Unidas y en las relaciones entre Europa y los Estados Unidos. Estos últimos días, ha habido elementos que van en la dirección de tratar de restañar los problemas. El hecho histórico de la ampliación de la UE ayuda a cooperar y crear un espíritu de familia, clásico de lo que es Europa. Europa no va a ser lo mismo, porque vamos a ser 25 pero también porque habrá un cambio cualitativo.

-Esta convergencia, incipiente, ¿favorece que Estados Unidos acepte un papel importante de la ONU y la UE?

-Estos últimos días, la UE, sus cuatro miembros en el Consejo de Seguridad y Bulgaria se han reunido, junto con Igor Ivanov y Kofi Annan, y de todos ha salido una posición constructiva respecto del futuro de Irak. Después de la catástrofe de la guerra, que siempre es una catástrofe, hay un deseo de recuperar un cierto equilibrio en las relaciones internacionales. No se va a hacer en 24 horas pero es bueno que se inicie un camino. Nuestra filosofía se resume en participar en todo aquello que pueda beneficiar a la población de Irak, ayuda humanitaria, reconstrucción y formación del Gobierno provisional. Éste necesitará la bendición del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por el bien de los propios iraquíes, porque será la única manera de que los vecinos y la comunidad internacional en su conjunto acepten su legalidad.

-Antes habrá que garantizar la estabilidad, la seguridad y que la gente no muera por hambre o falta de medicinas. ¿Quién puede y debe hacerlo?

-Está claro que el restablecimiento del orden y las primeras ayudas corresponden a británicos y estadounidenses, según las convenciones de Ginebra. Deben asumir esa responsabilidad, que también tiene una componente humanitaria en sentido amplio.

-A esos dos países empiezan a sumarse las ofertas de otros como Italia y España. ¿Por qué no la UE en su conjunto, o la ONU?

-La responsabilidad les corresponde a esos dos que he dicho. Si encuentran o piden a otros que les ayuden y esos están dispuestos a hacerlo, bien. Pero no sería una acción en el marco de Naciones Unidas. La UE ya está ayudando en el terreno humanitario, como siempre ha hecho en Irak.

-¿Quién y cómo debe reconstruirse Irak, el país, sus instituciones?

-Lo más importante es que lo antes posible los ciudadanos de Irak puedan tener instituciones, aunque sean todavía de naturaleza provisional hasta que haya elecciones. Todo ese proceso debe ser legitimado por Naciones Unidas. Legitimidad es la palabra clave: no es posible que las potencias que configuran la coalición puedan fijar cuál va a ser el Gobierno provisional de Irak sin una resolución o una bendición por parte de Naciones Unidas. Es lo mejor para todo el mundo, empezando por los ciudadanos de Irak, que tendrán un Gobierno con la garantía de que la comunidad internacional lo va a reconocer.

-¿A qué tareas concretas debe aspirar la UE en ese proceso?

-La Unión va a jugar un papel en el marco de Naciones Unidas. Tiene tres papeles que desempeñar: humanitario, ayuda a la reconstrucción material, legitimación del Gobierno, ayudando a crear las instituciones básicas y a la redacción de la Constitución, y con un compromiso con la región en su conjunto, de la manera más intensa posible.

-Hay otra «reconstrucción» pendiente, la de las relaciones entre la UE y Estados Unidos.

-Está en marcha. Yo estuve la semana pasada allí, el presidente Chirac llamó el martes al presidente Bush: hay un deseo de encontrar fórmulas para recuperar las relaciones. También es importante la resolución de desplegar un cuartel general de la OTAN en Kabul, luego también con el compromiso de Europa. Afganistán es todavía un problema abierto y no se puede dejar fuera de nuestra atención, debe continuar la presencia y la ayuda permanente.

-No es el único. La guerra en Irak ha exacerbado más si cabe las tensiones en Oriente Próximo. Así las cosas, ¿cómo podemos esperar que resucite el proceso de paz entre israelíes y palestinos?

-El primer ministro palestino, Abu Mazen, con quien hablo todos los días, está a punto de finalizar el Gobierno, que va a tener las piezas básicas de la seguridad y los aspectos financieros. A partir de ahí, el Cuarteto publicará la «hoja de ruta» para empezar a mover el proceso de paz. Es nuestro deseo que no sea un documento más sino que empiece a ser aplicado de la manera más rápida posible.

-Desde el entorno del primer ministro de Israel, Ariel Sharón, se habla de cambiar una docena de puntos de ese documento. Eso implicaría reabrir toda la negociación.

-Todos los miembros del Cuarteto han indicado que la «hoja de ruta» va a hacerse pública. Pero la aplicación la deben hacer las partes y todavía estamos abiertos a que haya un diálogo entre palestinos e israelíes, sino no habrá nunca proceso de paz. Nosotros podemos catalizar el proceso pero debe haber negociaciones bilaterales entre ellos. La «hoja de ruta» marca un camino para esas negociaciones, que lleva a un Estado provisional en 2003 y una finalización del proceso en 2005, con unos calendarios fijos sobre lo que tiene que hacer cada uno. Es natural que unos y otros vean cosas que no les gustan pero si quieren llegar a un acuerdo, tendrán que negociar y encontrar fórmulas de compromiso. Ahora, lo más importante es poner en marcha un proceso: tenemos las vías del tren y el tren pero hemos sido incapaces de hacer que abandone la estación. Esta vez, el tren tiene que ponerse en marcha y salir adelante.

-¿Es Abu Mazen el hombre que puede gobernar ese Estado y dar las garantías de seguridad que exige Israel?

-Sí lo creo. El Gobierno que está formando es sólido, con los Ministerios de Finanzas y de Seguridad como piezas clave. Hemos trabajado mucho con ellos en la Constitución. El borrador es muy bueno, muy moderno. Pero tendrá que ser aprobada por referéndum y mientras estén las tropas israelíes ocupando los territorios, no podrá haberlo. Además, tengo la convicción de que el pueblo de Palestina tiene la voluntad de tener una vida normalizada, cons instituciones de Gobierno que puedan ser interlocutoires serios y gestores de la vida colectiva, de un Estado. Se lo merecen y tienen derecho a tenerlo. Desde que empezamos con el Plan Mitchell hasta ahora, ha habido más de 2.000 muertos palestinos que podían haber sido ahorrados de haberse aplicado.

-¿Es Siria una amenaza para la región y la seguridad mundial, como sostiene el Pentágono?

-En la Unión Europea, tenemos confianza en el nuevo presidente. Ahora nos gustaría ver una aceleración en las transformaciones y adaptaciones para tener un acuerdo con la UE en el ámbito político y ecomómico. Es un país importante de la región y un miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que todavía tiene abierto un conflicto con Israel por los Altos del Golán. Hay que pensar que el proceso de paz incorporará la paz con Siria y con el Líbano. Voy a hacer un viaje a la región en los próximos días, que incluirá a Siria.
 

-Desde Estados Unidos se nos reprocha a los europeos que no nos tomamos en serio las amenazas nuevas, como el terrorismo internacional y las armas de destrucción masiva. ¿Lo admite?
 

-Hemos sido de los primeros en hacer una llamada de alerta sobre la proliferación de esas armas después de la guerra fría, con países como India, Pakistán y otros. Debemos tener mecanismos más eficaces para controlar que los acuerdos que se firman se respetan. Habría que revisar los convenios de Naciones Unidas, que no se respetan en estos momentos porque no están firmados por todos los países, e introducir mecanismos de verificación más estrictos, de manera que no nos encontremos en nuevas situaciones como la de Irak. Necesitamos mecanismos eficaces y que no signifiquen el uso de la fuerza, que tiene que ser el ultimísimo recurso.
 

-Washington añade a esos instrumentos lo que denomina «acciones preventivas», Irak fue una de ellas.

-No me gusta esa terminología. Me gustaría que hubiera mecanismos de verificación serios y rigurosos y que, si hay algún país que engaña o que no se comporta de acuerdo con lo que ha firmado en Naciones Unidas, hubiera mecanismos de acción que no requirieran el uso de la fuerza como única salida.

-El analista estadounidense Robert Kagan le respondería que, como todos los europeos, no ve la realidad amenazante del mundo en que vivimos, que se ha acomodado al paraíso europeo.

-Es una argumentación excesivamente simple. Requiere un análisis mucho más profundo. Europa ha hecho en los últimos años cosas extraordinarias. No olvidemos de dónde venimos, de haber sufrido en nuestro propio territorio dos guerras terribles. Cuando se nos dice que vivimos en Venus, por utilizar la terminología de Kagan, hay que decir que Europa ha sido el mundo hobbesiano durante mucho tiempo, con dos guerras mundiales terribles iniciadas en Europa. Tenemos una experiencia de lo que es la guerra y dijimos «nunca más». Pusimos en marcha mecanismos muy pragmáticos para que nunca más pudiera producirse esa situación en Europa: la Comunidad Europea, la Unión, la moneda única, la reunificación de Alemania y la reconciliación de Europa. Todo eso significa un esfuerzo tremendo de política y de jugar con instituciones multilaterales. La UE entiende que las cosas se pueden resolver por reglas comunes aceptadas por todos. Los europeos, inteligentemente, optaron por el camino multilateral y ha dado un gran resultado. Por eso nos sentimos con una cierta legitimidad para decir a los demás que hay un mundo multilateral donde las cosas se pueden hacer por vía de las reglas, los acuerdos y la diplomacia.

-¿Diría que tiene éxito su pedagogía del multilateralismo en Estados Unidos?

-La superpotencia tiende a querer que no se le pongan limitaciones. Erróneamente, piensa que puede encontrarse en minoría en las instituciones multilaterales y ver limitada su capacidad de acción. Es un poco corto de vista. Porque las potencias importantes también tienen capacidad de liderar el multilateralismo. Tiene esa doble visión. Es mejor convencer a los otros para que hagan lo que uno quiere que imponerlo.

-Parece que en la Casa Blanca una oreja escucha este discurso pero la otra tiene sordera.

-Es que es una Administración compleja, el centro de poder es mucho más difuso que en el Estado-nación europeo: la Casa Blanca, las distintas agencias, el Congreso y el Senado. Hay que hablar mucho con ellos.

-La sombra del 11-S ¿todavía impide ese diálogo sereno?

-Sin duda, todavía marca mucho a la sociedad americana.

-En Atenas se produjo la paradoja de la reunificación de Europa en el momento de mayor división, expresada, por ejemplo, mediante la redacción de cartas.

-Las polémicas cartas, por su contenido, podían haber sido firmadas por todos. Lo que ocurre es que no se quisieron pasar para su firma a algunos, tenía esa connotación política.

-¿Por qué subrayan los nuevos miembros su apego a unas relaciones transatlánticas fuertes, aún a riesgo de molestar a París y Berlín?
-Porque los temas de seguridad son más importantes para ellos. Toda esta diversidad que tiene hoy Europa puede pensarse que es negativa pero yo creo que es positiva, es una gran riqueza. Lo importante es que esa diversidad se integre en algo superior y mejor, el enriquecimiento del conjunto.

La Convención de la UE

-Si el coro europeo ya desafina a 15, ¿cómo será a 25? ¿Resolverá algo la figura de un ministro de Asuntos Exteriores de la UE que se ha evocado en Atenas?

-Sólo ha habido un debate. El único consenso que hay es la creación de esa figura, que amplía la del Alto Representante. A mi juicio, debería tener la presidencia del Consejo de Relaciones Exteriores y ser la única representación, que se acabaran las «troikas» y que tuviera la capacidad de movilizar recursos que hoy están distribuidos entre los miembros y la Comisión. Pero ahora hay que poner esas ideas sobre el papel, en forma de tratado. Además, habrá que avanzar en extender las decisiones por mayoría cualificada en política exterior.

-Y entonces Europa hablará con una sola voz.

-Europa no va a tener una política exterior única. En Naciones Unidas, por ejemplo, los dos miembros permanentes en el Consejo de Seguridad, Francia y el Reino Unido, no están dispuestos a poner las responsabilidades que tienen a disposición de la UE. Eso limita la acción. Y no creo que en mi vida vea suceder eso. Pero entre eso y no hacer nada, hay muchas cosas que se pueden hacer.

-Por ejemplo, se evoca la posibilidad de las «cooperaciones reforzadas». Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo se disponen a reunirse para hablar de la Defensa europea. ¿Puede extenderse hasta una cooperación de ese tipo?

-Es un tema fundamental. Muchos países tienen la misma posición sobre la creación de una agencia europea de armamento, para racionalizar la compra de material, reforzar la industria europea de seguridad y comprometerse a aumentar sus dotaciones económicas de Defensa. Espero que la Convención apruebe esas cooperaciones. Pero tan importante o más lo fue la reunión que mantuvieron hace pocos días Francia y el Reino Unido, donde se tomaron decisiones operativas como que los nuevos portaviones sean francobritánicos. Eso sí es un salto extraordinario de integración y se la ha dado menos relevancia mediática.

-¿Necesitamos un verdadero Ejército europeo?

-No es razonable que tengamos una diversidad como la que tenemos en el gasto y la compra de material militar o en la planificación. Cuanto más se avance en esa dirección, más eficaz será el rendimiento de cada euro que se gaste y tendremos unas capacidades mejores. Deben existir cooperaciones reforzadas. Así empezó la política de fronteras comunes, la moneda común. Y habrá que hacerlo en materia de Defensa.

-Y así, nuestra realidad es cada vez más europea y Bruselas determina más nuestras vidas. ¿No hemos ido demasiado lejos?

-Estamos hablando de problemas que no tienen solución desde un solo país: la lucha antiterrorista, la protección frente a las armas de destrucción masiva, jugar en la globalización, el control de las fronteras, el cambio climático, la lucha contra enfermedades terribles. Estamos haciendo una operación racional y políticamente adecuada, porque para hacer más eficaces nuestros esfuerzos. Hoy por hoy, no hay posibilidad de resolver ciertos problemas a la escala de un país y la UE está haciendo algo muy inteligente, mediante la cesión de soberanía en beneficio de los ciudadanos europeos.

Fuente: ABC
20/04/2003

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