Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
 |
|
| |
 |
|
|
Javier Solana:
«Europa
debe animar a EE.UU. a liderar las instituciones multilaterales»
«Míster PESC» se ha
decidido por fin a hablar sobre la guerra en Irak, el daño en las
relaciones transatlánticas y el futuro de la Unión Europea ampliada a 25
miembros
Javier Solana fue el único político europeo que tras volar el mes pasado
en pedazos la posición común de los Quince en torno a Irak tuvo la
honestidad de asumir su parte de culpa en el descalabro de la Política
Exterior europea. «He fracasado», declaró con gravedad, mientras otros
seguían lanzando recriminaciones o firmando cartas polémicas y Estados
Unidos perdía la paciencia con esa olla de grillos europea. En Atenas,
el pasado día 16, empezaron todos a recapacitar, para alivio de Solana,
que tiene la difícil misión de pasear por el mundo la a veces
inexistente voz europea.
-Se ha
restablecido el diálogo entre europeos y con Estados Unidos, pese a que
persisten diferencias de fondo. ¿Pesará la UE en el Irak de la
posguerra?
-No hay
duda de que todo el mundo tiene la voluntad de recuperar las relaciones
normales. A lo largo de estos últimos meses, ha habido rupturas y
tensiones en varias organizaciones, en la Unión Europea, en la Alianza
Atlántica, en Naciones Unidas y en las relaciones entre Europa y los
Estados Unidos. Estos últimos días, ha habido elementos que van en la
dirección de tratar de restañar los problemas. El hecho histórico de la
ampliación de la UE ayuda a cooperar y crear un espíritu de familia,
clásico de lo que es Europa. Europa no va a ser lo mismo, porque vamos a
ser 25 pero también porque habrá un cambio cualitativo.
-Esta
convergencia, incipiente, ¿favorece que Estados Unidos acepte un papel
importante de la ONU y la UE?
-Estos
últimos días, la UE, sus cuatro miembros en el Consejo de Seguridad y
Bulgaria se han reunido, junto con Igor Ivanov y Kofi Annan, y de todos
ha salido una posición constructiva respecto del futuro de Irak. Después
de la catástrofe de la guerra, que siempre es una catástrofe, hay un
deseo de recuperar un cierto equilibrio en las relaciones
internacionales. No se va a hacer en 24 horas pero es bueno que se
inicie un camino. Nuestra filosofía se resume en participar en todo
aquello que pueda beneficiar a la población de Irak, ayuda humanitaria,
reconstrucción y formación del Gobierno provisional. Éste necesitará la
bendición del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por el bien de
los propios iraquíes, porque será la única manera de que los vecinos y
la comunidad internacional en su conjunto acepten su legalidad.
-Antes
habrá que garantizar la estabilidad, la seguridad y que la gente no
muera por hambre o falta de medicinas. ¿Quién puede y debe hacerlo?
-Está
claro que el restablecimiento del orden y las primeras ayudas
corresponden a británicos y estadounidenses, según las convenciones de
Ginebra. Deben asumir esa responsabilidad, que también tiene una
componente humanitaria en sentido amplio.
-A esos
dos países empiezan a sumarse las ofertas de otros como Italia y España.
¿Por qué no la UE en su conjunto, o la ONU?
-La
responsabilidad les corresponde a esos dos que he dicho. Si encuentran o
piden a otros que les ayuden y esos están dispuestos a hacerlo, bien.
Pero no sería una acción en el marco de Naciones Unidas. La UE ya está
ayudando en el terreno humanitario, como siempre ha hecho en Irak.
-¿Quién
y cómo debe reconstruirse Irak, el país, sus instituciones?
-Lo más
importante es que lo antes posible los ciudadanos de Irak puedan tener
instituciones, aunque sean todavía de naturaleza provisional hasta que
haya elecciones. Todo ese proceso debe ser legitimado por Naciones
Unidas. Legitimidad es la palabra clave: no es posible que las potencias
que configuran la coalición puedan fijar cuál va a ser el Gobierno
provisional de Irak sin una resolución o una bendición por parte de
Naciones Unidas. Es lo mejor para todo el mundo, empezando por los
ciudadanos de Irak, que tendrán un Gobierno con la garantía de que la
comunidad internacional lo va a reconocer.
-¿A qué
tareas concretas debe aspirar la UE en ese proceso?
-La Unión
va a jugar un papel en el marco de Naciones Unidas. Tiene tres papeles
que desempeñar: humanitario, ayuda a la reconstrucción material,
legitimación del Gobierno, ayudando a crear las instituciones básicas y
a la redacción de la Constitución, y con un compromiso con la región en
su conjunto, de la manera más intensa posible.
-Hay
otra «reconstrucción» pendiente, la de las relaciones entre la UE y
Estados Unidos.
-Está en
marcha. Yo estuve la semana pasada allí, el presidente Chirac llamó el
martes al presidente Bush: hay un deseo de encontrar fórmulas para
recuperar las relaciones. También es importante la resolución de
desplegar un cuartel general de la OTAN en Kabul, luego también con el
compromiso de Europa. Afganistán es todavía un problema abierto y no se
puede dejar fuera de nuestra atención, debe continuar la presencia y la
ayuda permanente.
-No es
el único. La guerra en Irak ha exacerbado más si cabe las tensiones en
Oriente Próximo. Así las cosas, ¿cómo podemos esperar que resucite el
proceso de paz entre israelíes y palestinos?
-El primer
ministro palestino, Abu Mazen, con quien hablo todos los días, está a
punto de finalizar el Gobierno, que va a tener las piezas básicas de la
seguridad y los aspectos financieros. A partir de ahí, el Cuarteto
publicará la «hoja de ruta» para empezar a mover el proceso de paz. Es
nuestro deseo que no sea un documento más sino que empiece a ser
aplicado de la manera más rápida posible.
-Desde
el entorno del primer ministro de Israel, Ariel Sharón, se habla de
cambiar una docena de puntos de ese documento. Eso implicaría reabrir
toda la negociación.
-Todos los
miembros del Cuarteto han indicado que la «hoja de ruta» va a hacerse
pública. Pero la aplicación la deben hacer las partes y todavía estamos
abiertos a que haya un diálogo entre palestinos e israelíes, sino no
habrá nunca proceso de paz. Nosotros podemos catalizar el proceso pero
debe haber negociaciones bilaterales entre ellos. La «hoja de ruta»
marca un camino para esas negociaciones, que lleva a un Estado
provisional en 2003 y una finalización del proceso en 2005, con unos
calendarios fijos sobre lo que tiene que hacer cada uno. Es natural que
unos y otros vean cosas que no les gustan pero si quieren llegar a un
acuerdo, tendrán que negociar y encontrar fórmulas de compromiso. Ahora,
lo más importante es poner en marcha un proceso: tenemos las vías del
tren y el tren pero hemos sido incapaces de hacer que abandone la
estación. Esta vez, el tren tiene que ponerse en marcha y salir
adelante.
-¿Es
Abu Mazen el hombre que puede gobernar ese Estado y dar las garantías de
seguridad que exige Israel?
-Sí lo
creo. El Gobierno que está formando es sólido, con los Ministerios de
Finanzas y de Seguridad como piezas clave. Hemos trabajado mucho con
ellos en la Constitución. El borrador es muy bueno, muy moderno. Pero
tendrá que ser aprobada por referéndum y mientras estén las tropas
israelíes ocupando los territorios, no podrá haberlo. Además, tengo la
convicción de que el pueblo de Palestina tiene la voluntad de tener una
vida normalizada, cons instituciones de Gobierno que puedan ser
interlocutoires serios y gestores de la vida colectiva, de un Estado. Se
lo merecen y tienen derecho a tenerlo. Desde que empezamos con el Plan
Mitchell hasta ahora, ha habido más de 2.000 muertos palestinos que
podían haber sido ahorrados de haberse aplicado.
-¿Es
Siria una amenaza para la región y la seguridad mundial, como sostiene
el Pentágono?
-En la
Unión Europea, tenemos confianza en el nuevo presidente. Ahora nos
gustaría ver una aceleración en las transformaciones y adaptaciones para
tener un acuerdo con la UE en el ámbito político y ecomómico. Es un país
importante de la región y un miembro del Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas que todavía tiene abierto un conflicto con Israel por
los Altos del Golán. Hay que pensar que el proceso de paz incorporará la
paz con Siria y con el Líbano. Voy a hacer un viaje a la región en los
próximos días, que incluirá a Siria.
-Desde
Estados Unidos se nos reprocha a los europeos que no nos tomamos en
serio las amenazas nuevas, como el terrorismo internacional y las armas
de destrucción masiva. ¿Lo admite?
-Hemos sido de los primeros en hacer una llamada de alerta sobre la
proliferación de esas armas después de la guerra fría, con países como
India, Pakistán y otros. Debemos tener mecanismos más eficaces para
controlar que los acuerdos que se firman se respetan. Habría que revisar
los convenios de Naciones Unidas, que no se respetan en estos momentos
porque no están firmados por todos los países, e introducir mecanismos
de verificación más estrictos, de manera que no nos encontremos en
nuevas situaciones como la de Irak. Necesitamos mecanismos eficaces y
que no signifiquen el uso de la fuerza, que tiene que ser el ultimísimo
recurso.
-Washington añade a esos instrumentos lo que denomina «acciones
preventivas», Irak fue una de ellas.
-No me
gusta esa terminología. Me gustaría que hubiera mecanismos de
verificación serios y rigurosos y que, si hay algún país que engaña o
que no se comporta de acuerdo con lo que ha firmado en Naciones Unidas,
hubiera mecanismos de acción que no requirieran el uso de la fuerza como
única salida.
-El
analista estadounidense Robert Kagan le respondería que, como todos los
europeos, no ve la realidad amenazante del mundo en que vivimos, que se
ha acomodado al paraíso europeo.
-Es una
argumentación excesivamente simple. Requiere un análisis mucho más
profundo. Europa ha hecho en los últimos años cosas extraordinarias. No
olvidemos de dónde venimos, de haber sufrido en nuestro propio
territorio dos guerras terribles. Cuando se nos dice que vivimos en
Venus, por utilizar la terminología de Kagan, hay que decir que Europa
ha sido el mundo hobbesiano durante mucho tiempo, con dos guerras
mundiales terribles iniciadas en Europa. Tenemos una experiencia de lo
que es la guerra y dijimos «nunca más». Pusimos en marcha mecanismos muy
pragmáticos para que nunca más pudiera producirse esa situación en
Europa: la Comunidad Europea, la Unión, la moneda única, la
reunificación de Alemania y la reconciliación de Europa. Todo eso
significa un esfuerzo tremendo de política y de jugar con instituciones
multilaterales. La UE entiende que las cosas se pueden resolver por
reglas comunes aceptadas por todos. Los europeos, inteligentemente,
optaron por el camino multilateral y ha dado un gran resultado. Por eso
nos sentimos con una cierta legitimidad para decir a los demás que hay
un mundo multilateral donde las cosas se pueden hacer por vía de las
reglas, los acuerdos y la diplomacia.
-¿Diría
que tiene éxito su pedagogía del multilateralismo en Estados Unidos?
-La
superpotencia tiende a querer que no se le pongan limitaciones.
Erróneamente, piensa que puede encontrarse en minoría en las
instituciones multilaterales y ver limitada su capacidad de acción. Es
un poco corto de vista. Porque las potencias importantes también tienen
capacidad de liderar el multilateralismo. Tiene esa doble visión. Es
mejor convencer a los otros para que hagan lo que uno quiere que
imponerlo.
-Parece
que en la Casa Blanca una oreja escucha este discurso pero la otra tiene
sordera.
-Es que es
una Administración compleja, el centro de poder es mucho más difuso que
en el Estado-nación europeo: la Casa Blanca, las distintas agencias, el
Congreso y el Senado. Hay que hablar mucho con ellos.
-La
sombra del 11-S ¿todavía impide ese diálogo sereno?
-Sin duda,
todavía marca mucho a la sociedad americana.
-En
Atenas se produjo la paradoja de la reunificación de Europa en el
momento de mayor división, expresada, por ejemplo, mediante la redacción
de cartas.
-Las
polémicas cartas, por su contenido, podían haber sido firmadas por
todos. Lo que ocurre es que no se quisieron pasar para su firma a
algunos, tenía esa connotación política.
-¿Por
qué subrayan los nuevos miembros su apego a unas relaciones
transatlánticas fuertes, aún a riesgo de molestar a París y Berlín?
-Porque los temas de seguridad son más importantes para ellos. Toda esta
diversidad que tiene hoy Europa puede pensarse que es negativa pero yo
creo que es positiva, es una gran riqueza. Lo importante es que esa
diversidad se integre en algo superior y mejor, el enriquecimiento del
conjunto.
La
Convención de la UE
-Si el
coro europeo ya desafina a 15, ¿cómo será a 25? ¿Resolverá algo la
figura de un ministro de Asuntos Exteriores de la UE que se ha evocado
en Atenas?
-Sólo ha
habido un debate. El único consenso que hay es la creación de esa
figura, que amplía la del Alto Representante. A mi juicio, debería tener
la presidencia del Consejo de Relaciones Exteriores y ser la única
representación, que se acabaran las «troikas» y que tuviera la capacidad
de movilizar recursos que hoy están distribuidos entre los miembros y la
Comisión. Pero ahora hay que poner esas ideas sobre el papel, en forma
de tratado. Además, habrá que avanzar en extender las decisiones por
mayoría cualificada en política exterior.
-Y
entonces Europa hablará con una sola voz.
-Europa no
va a tener una política exterior única. En Naciones Unidas, por ejemplo,
los dos miembros permanentes en el Consejo de Seguridad, Francia y el
Reino Unido, no están dispuestos a poner las responsabilidades que
tienen a disposición de la UE. Eso limita la acción. Y no creo que en mi
vida vea suceder eso. Pero entre eso y no hacer nada, hay muchas cosas
que se pueden hacer.
-Por
ejemplo, se evoca la posibilidad de las «cooperaciones reforzadas».
Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo se disponen a reunirse para
hablar de la Defensa europea. ¿Puede extenderse hasta una cooperación de
ese tipo?
-Es un
tema fundamental. Muchos países tienen la misma posición sobre la
creación de una agencia europea de armamento, para racionalizar la
compra de material, reforzar la industria europea de seguridad y
comprometerse a aumentar sus dotaciones económicas de Defensa. Espero
que la Convención apruebe esas cooperaciones. Pero tan importante o más
lo fue la reunión que mantuvieron hace pocos días Francia y el Reino
Unido, donde se tomaron decisiones operativas como que los nuevos
portaviones sean francobritánicos. Eso sí es un salto extraordinario de
integración y se la ha dado menos relevancia mediática.
-¿Necesitamos un verdadero Ejército europeo?
-No es
razonable que tengamos una diversidad como la que tenemos en el gasto y
la compra de material militar o en la planificación. Cuanto más se
avance en esa dirección, más eficaz será el rendimiento de cada euro que
se gaste y tendremos unas capacidades mejores. Deben existir
cooperaciones reforzadas. Así empezó la política de fronteras comunes,
la moneda común. Y habrá que hacerlo en materia de Defensa.
-Y así,
nuestra realidad es cada vez más europea y Bruselas determina más
nuestras vidas. ¿No hemos ido demasiado lejos?
-Estamos
hablando de problemas que no tienen solución desde un solo país: la
lucha antiterrorista, la protección frente a las armas de destrucción
masiva, jugar en la globalización, el control de las fronteras, el
cambio climático, la lucha contra enfermedades terribles. Estamos
haciendo una operación racional y políticamente adecuada, porque para
hacer más eficaces nuestros esfuerzos. Hoy por hoy, no hay posibilidad
de resolver ciertos problemas a la escala de un país y la UE está
haciendo algo muy inteligente, mediante la cesión de soberanía en
beneficio de los ciudadanos europeos.
Fuente: ABC
20/04/2003