Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Vuelta a la normalidad
Los medios de
comunicación social parece como si intentaran hacernos ver que el caos
reina en Irak y que será difícil volver a la normalidad.
Cada día que pasa las noticias procedentes de Irak pierden actualidad.
Si hace escasamente diez días, cada periódico dedicaba sus titulares de
primera página y varias en el interior al tema de la guerra, hoy han
perdido esa preeminencia informativa, manteniendo una o dos páginas para
narrar la posguerra y fundamentalmente los errores aparentes que están
cometiendo los norteamericanos.
Se expone como fracaso las manifestaciones que se están produciendo,
exigiendo la evacuación lo más rápida posible del territorio iraquí; las
declaraciones de líderes políticos exigiendo que el gobierno del país
quede en manos de los partidos políticos; la peregrinación conmemorativa
de la batalla de Kerbala donde perdió la vida Hussein, hijo de Alí y
nieto del Profeta, y durante la que se ha pedido que los “infieles” no
mancillen los Santos Lugares; las entrevistas a iraquíes de a pie, que
protestan porque aún permanecen sin agua corriente y electricidad; y un
largo etcétera, que si no estuviéramos curado de espanto, se diría
que el Gobierno del Presidente Bush no había previsto absolutamente nada
de lo que iba a ocurrir.
Sin embargo, analizando cartesianamente los hechos, se está volviendo a
la normalidad a pasos agigantados. Determinados medios insisten en que
aún existen saqueos y se preguntan cómo han podido dejar los americanos
y los ingleses que tuvieran lugar, que deberían haber reprimido con mano
dura esos actos. Sin embargo eso no les estaba permitido, si exceptuamos
el saqueo intencionado y preparado -¿quién estará detrás?, del museo
arqueológico nacional, una de la joyas de la humanidad, que deberían
haber guardado mediante una unidad militar; pero un ejército de
combate, que no de ocupación, no puede actuar de forma violenta contra
los iraquíes que, tras treinta años de sufrimiento, se tomaron la
justicia por su mano. La actuación militar norteamericana, en el caso
del saqueo, recuerda a la actitud del gobierno español de la república
cuando en 1931 de inició la quema de los conventos y los saqueos de las
iglesias, y cuando algún medio criticó al entonces ministro de la
Gobernación, don Manuel Maura, este respondió tajante, que no empleaba
la fuerza policial, porque un convento no valía la vida de un
republicano, lo que quería decir que si actuaba drásticamente, el nuevo
gobierno republicano se iba a ganar la animadversión de la población.
Los americanos, lo que tal vez no habían previsto, es que el régimen
cayera tan estrepitosamente y que ni siquiera la policía pudiera
mantener un ápice de autoridad. Organizada la policía, depurando a
sus antiguos miembros, se está restableciendo el orden a marchas
forzadas.
La vuelta a la normalidad se manifiesta por el derecho a discrepar de
las gentes;
del derecho que tienen a practicar la religión que quieran; a que los
políticos, inexistentes en el régimen baasista, y sin conocer aún los
apoyos populares con los que pueden contar, efectúen declaraciones cuyo
único objeto es ganarse precisamente los votos de los ciudadanos.
Todo lo anterior es la normalidad,
como ocurre en España o en cualquier otro país democrático, que las
gentes se manifiesten por unas ideas; que los políticos pongan de caldo
y medio al Gobierno de turno; y que incluso haya violencia, como la
protagonizada contra determinadas sedes políticas y contra grandes
almacenes. Nadie en su sano juicio, conociendo que todo eso pasa o ha
pasado en España, se le ocurre pensar que se ha apoderado el caos en
nuestro país.
Lo que si hay una cuestión y no se ha visto reflejado en casi ningún
medio de comunicación social, cuando toda persona que investigue en algo
la historia de Irak lo puede decir, nunca el iraquí se ha sentido tan
libre como estos escasos días que lleva de liberación de Sadam Hussein.
Nunca ha podido manifestarse libremente, no con Sadam o con el
régimen imperante desde la década de los sesenta, por supuesto, sino con
su antecesor el general Karem, que derrocó y asesinó al rey, en cuyo
estado monárquico también brillaba la democracia por su ausencia.
La realidad es que Irak, no es que vuelva a la normalidad, porque
nunca la ha tenido, es ahora, tras su liberación del dictador, cuando
conoce por primera vez en su historia la normalidad.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es